El orgasmo femenino: la historia en un
gemido. La evolución de las ideas
que conciernen a la generación podría revelarse como una verdadera historia del
orgasmo, femenino, claro. (María Teresa Priego)
Fuente:
Letra S, 03 Noviembre
Subió
a conferencia el 04 de Noviembre del 2005
El
orgasmo femenino
La
historia en un gemido
Poseídas
o en arrebato místico, histéricas convulsionadas o libertinas, así fueron
llamadas las mujeres que se atrevieron a explorar en el pasado su placer
sensual. Descrito como delectación del espíritu, desorden nervioso o paroxismo
histérico, el orgasmo femenino sólo será plenamente cuando las propias mujeres
reivindiquen y asuman el control de sus cuerpos. Lo que sigue son algunos
apuntes para la historia del orgasmo femenino.
Por
María Teresa Priego
El
orgasmo sobrenatural
“¿Cuántos
penes tiene el diablo?”, preguntaba el inquisidor a la ‘poseída’. “¿Y de qué
tamaño son?” La “endemoniada”, acusada de queveres
con el diablo -espasmódica y convulsa- era castigada. La mística tenía sus queveres con Dios, igualito de espasmódica. Era una santa.
Hablar
de “posesiones”, si se trataba de endemoniadas, o de “raptos”, si se trataba de
místicas, era referirse a mujeres ocupadas por una fuerza sobrenatural
imaginada en masculino, que las arrojaba fuera de ellas. Hacia un más allá de
lo humano. Nada que agregar en el caso del “éxtasis místico”: Dios es
todopoderoso, y nadie duda de la luminosidad del “rapto”. Aterrador en el caso
de las “poseídas”, comisionadas para encarnar un fantasma primordial asociado a
la sexualidad femenina: su posible y amenazante insaciabilidad. ¿De cuántos
penes necesitará el diablo para apaciguar a una mujer presa del furor uterino?,
¿y de qué tamaño?
El
orgasmo exorcizado
En
1514, en España, tuvo lugar el exorcismo de Inés de Moratalla:
“E que después destas pláticas vino un espíritu muy
recio y entró en el cuerpo Della gimiendo e le disformó el cuerpo y el gesto e
ojos, y empezó a hacer grandes molestias y vexaciones…
E que entonces dicha moza dio voces diciendo tres veces: ‘Vení
diablos… fuera de su sentido, haciendo muchos visajes”. (Adelina Sarrión, Beatas y endemoniadas). A los dieciséis años, hizo
votos de castidad la beata Marina de San Miguel (1596). Sufría “una tentación
sensual de la carne desde hacía quince años la cual la obligaba a esos
contactos deshonestos hechos con sus propias manos en las partes vergoncossas venia en polucion
diciendo palabras deshonestas probocativas a
lujuria”. Cuando se encontraba con su amiga: “de hordinario
cuando se vian se besaban y abracavan
y esta… le metia las manos en los pechos, y vino esta
en polucion diez o doze
veces las dos dellas en
El
orgasmo místico
Así
de excesivas –intercambios carnales excluidos– fueron
las grandes místicas. Santa Teresa atravesaba pasos en el éxtasis, hasta
alcanzar “la séptima morada” de la “unión transformante”. La “morada
equivalente al cielo”, con la experiencia de “la pérdida de sí y de la unión”.
“El alma… no puede ni avanzar ni recular. Diríamos una persona, que sosteniendo
en las manos el cirio bendito, está cercana a morir de su muerte deseada”. La
metafórica petite mort.
¿Será? Meras interpretaciones ante la sensualidad de los raptos. En el caso de
santa Ángela: “La delectación del espíritu santo transformaba su carne en
fuego, vi sus ojos ardientes como la lámpara del
altar, vi su figura parecerse a una rosa púrpura”.
(Jean Nöel Varnuet, Extases feminines)
El
orgasmo mítico-invisible
La
historia no registra los orgasmos de Lillith, la
primera mujer, sino sus consecuencias. Dejó de ser amante de Adán. La sustituyó
Eva. Lillith –la inventora del amor a horcajadas– se despeñó galopando de los textos sagrados.
“¿Por qué castigaron a Lillith?”, preguntó Eva.
Silencio. “Quiero su gozo”. Luego ya sabemos. La manzana. “¿Cómo goza una
mujer?”, insistió Eva. Le respondieron: “Parirás con dolor”. “¿Y eso qué tiene
que ver?”, dijo Eva. Si no las controlaban, Lillith y
las de su sexo representaban un problemón para la
humanidad. Eran las madres de sus propios hijos, y las madres de los hijos de
los hombres. La filiación femenina era rotunda. La masculina no.
El
orgasmo útil o inútil
“ Tenemos
prostitutas para los placeres de la carne, hetairas
para los placeres del espíritu, y esposas para cuidar la casa y darnos hijos”.
El cunnilingus era el colmo de la ignominia para un
ciudadano: “poner su boca al servicio de una mujer”. ¿Y el orgasmo femenino? La
sexualidad era un instrumento para la procreación, el valor del orgasmo
dependía de una pregunta esencial: ¿Sólo la eyaculación es indispensable a la
procreación?
Aristóteles
(384-322 a. C.) aseguraba que la mujer se embaraza por la “semilla” masculina,
que a partir de la eyaculación penetra su cuerpo y se mezcla al torrente
menstrual. No hay “semilla” femenina indispensable a la procreación. “Sucede
que los dos sexos obtengan su objetivo simultáneamente y la mujer no se
embarace”. Según Galeno, (siglo II) la mezcla de ambas semillas emitidas —de
preferencia— simultáneamente, producía el embrión. El orgasmo femenino era
indispensable e inquietaba la feminidad insatisfecha, la histeria o “exceso de
semilla en el útero”. La acumulación desataba el nomadismo del útero a través
del cuerpo. Era necesario regresarlo a su posición original con masajes
clitoridianos.
Soranus
(siglo II) escribió en un tratado que el orgasmo femenino no era imprescindible
para la procreación, ni siquiera el deseo: “Las mujeres violadas también quedan
encinta”. Entre los poetas romanos, Lucrecius (98-75
a. C.) escribe: “No les son necesarios a las esposas los movimientos lascivos,
pues ella se estorba e impide la concepción. Si retozona
aviva con el movimiento de las nalgas el placer del marido y, removiendo su
cuerpo, hace brotar su semen, desvía del blanco el chorro del semen. Las putas
son las que por su propio interés realizan estos movimientos para no quedar
embarazadas, y para que el placer del coito les resulte a los hombres más
intenso”. Olé.
“ La
evolución de las ideas que conciernen a la generación podría revelarse como una
verdadera historia del orgasmo”, escribió Jean Louis Flandrin.
Femenino, claro. Circulaba una tercera postura negociadora: las mujeres se
embarazan con o sin orgasmos, pero los bebés más bellos son fruto de la mezcla
de fluidos de los orgasmos de ambos.
El
orgasmo protocientífico
Llegó
la imprenta, las parteras escribieron manuales ligando placer femenino, orgasmo
y reproducción. “Cómo obtener un orgasmo exitoso”. En 1559, Colombus
“descubre” el clítoris (conocido desde el siglo II) “El sitio del placer
femenino”. “Si frotas el clítoris vigorosamente con el pene, o lo tocas con el
dedo, semen más suave que el aire vuela, a cuenta del placer femenino”. Fallopius: “Cuando el placer es mayor, la mujer emite una
semilla y material deseable para la formación del feto… Sin esta protuberancia…
las mujeres no experimentarían placer en los abrazos venéreos, ni concebirían
ningún feto”.
En
1740, cuando la princesa María Teresa de Austria no se embarazaba, recibió el
consejo de su médico: “Pienso que la vulva de su Muy Santa Majestad, debería
ser frotada antes del coito”. El “bienestar del embrión” continuaba llamando al
orgasmo.
El
orgasmo histerizado
Los
sacerdotes expulsaban hasta seis legiones de demonios del cuerpo de una mujer,
en la cual, después de eso, aún se agitaban diez legiones más. Los manuales de
parteras reportaban: el orgasmo femenino iba en picada. Si no era indispensable
para la concepción, era prescindible. Ya se sabía que la ovulación era espontánea.
“La nueva relación entre generación y placer sexual, o sea, la posibilidad de
una mujer sin pasiones, tiene sus orígenes a finales del siglo XVIII”, escribió
Thomas Laqueur.
“Por
suerte, para la sociedad, la idea según la cual las mujeres poseen sensaciones
sexuales puede rechazarse como una vil calumnia”, dijo el historiador Lord Acton (siglo XIX). El médico francés Auguste
Debay aconsejaba fingir el orgasmo, porque “a los
hombres les gusta compartir su felicidad”. Michel Foucault afirma que el siglo XIX convirtió al cuerpo
femenino, “histerizado y psiquiatrizado”,
en “la ‘cosa’ médica por excelencia”. La enfermedad como sustituto orgásmico.
En las sesiones de Charcot las “histéricas se
convulsionaban como endemoniadas”.
El
orgasmo terapéutico
El
Chattanooga, “el Cadillac
de los vibradores”, en 1904, era utilizado en la curación de los “desordenes
nerviosos” de las mujeres. El tratamiento era ofrecido en consultorio, operado
por los médicos. Los vibradores y, antes, los masajes manuales clitoridianos,
constituían para muchas mujeres la única manera “legítima” de llegar al
“paroxismo histérico”. En 1880, un médico inglés inventó el vibrador
electromecánico. El tiempo comprendido entre el inicio de los masajes y el
“paroxismo histérico” se reducía a 10 minutos. En 1905 aparecieron los modelos
portátiles. Sears publicitaba el suyo: “Ayudas que
toda mujer aprecia”. 30 mil vibraciones por minuto (The
Technology of Orgasm).
El
orgasmo impertinente
Alexander
Lowen, en 1965, escribió desde su experiencia médica:
“La mayoría de los hombres sienten que llevar a una mujer al orgasmo a través
de la estimulación clitoridiana es aburridísimo… si el coito se retrasa, esto
impone una restricción a su deseo masculino natural de cercanía, si lo hace
durante el coito, el hombre se distrae de la percepción de sus sensaciones
genitales, acariciar a una mujer después de haber tenido un orgasmo tampoco
funcionaría, ya que le impide disfrutar de la paz y la relajación que son el
premio a la sexualidad”. Life is
difficult.
El
orgasmo liberado-libertario
En
Tres ensayos sobre teoría sexual, Freud “explicó” la
oposición entre sexualidad clitoridiana o inmadura y sexualidad vaginal o
madura. Lo que Jane Gerhard llamó: “la patologización del clítoris. El clítoris se convirtió en el
amante descartado en este drama sexual de la adultez femenina sana”. Hitschmann y Bergler, en La
frigidez de las mujeres: sus características y tratamiento (1936), afirmaban
que cuando el psicoanálisis llevara a las mujeres hacia la vaginalidad
orgásmica, “las manifestaciones ridículas del movimiento de mujeres
desaparecerían”. Si las mujeres votamos hoy, es gracias a la calidad
clitoridiana del orgasmo sufragista. Después llegaron Kinsey,
Master y Johnson, El informe Hite. La entrada en
escena del Punto de Grafenberg (el punto G), llamado
también “La bella loca”.
La
muchacha con sus senos desnudos, en la foto de Avándaro.
¿Endemoniada o mística? Su desnudez es una fiesta. De ruptura. ¿Reta o asume?
Que su cuerpo es suyo. La muchacha de Avándaro ya es
dueña del más efectivo afrodisíaco de la historia de la sexualidad femenina: la
anticoncepción con altos niveles de seguridad.