Los conservadores del mundo han
encontrado en los homosexuales el blanco de ataque perfecto, porque están cambiando todas las reglas del juego (Mariana
Castañeda)
Fuente: Enfoques, Pág. 20 y
21, 15 Mayo
Subió
a conferencia el 20 de Mayo del 2005
De
homo... y otras fobias
Los
conservadores del mundo, advierte la autora , que
lamentan la pérdida de los valores tradicionales, han encontrado en los
homosexuales el blanco de ataque perfecto, porque están cambiando todas las
reglas del juego. El 17 de mayo será el Día Internacional en contra de
Mariana
Castañeda
El
Joven músico
He
aquí la historia de un joven músico, víctima de la homofobia.
Nacido en
Los
problemas empezaron en la primaria. A Juan Pablo no le interesaba formar parte
de su grupo, y se negaba rotundamente a participar en juegos rudos que pudieran
lastimarle las manos. Siendo además chico para su edad, se volvió desde los
seis años un blanco de burlas y agresiones. Cada vez más aislado, Juan Pablo
vivió la primaria y luego la secundaria como una pesadilla. Ya más grande, se
volvió un adolescente de facciones finas, pulcro en sus hábitos y su apariencia,
un "niño bonito", como suelen decir. La persecución empeoró, ya con
insultos y golpes dirigidos al "maricón", al "joto", al "pinche puto". Sus padres lo cambiaron de colegio: con grandes
esfuerzos, lograron inscribirlo en una escuela de gente rica para darle una
mejor educación y mayores oportunidades. Ahora, aparte de ser visto como afeminado,
Juan Pablo era el pobre de la clase, y además moreno entre los niños blancos.
Juan
Pablo cursó la preparatoria aislado, incomprendido, y agredido diariamente; su
única salvación era el violín. En el primer instante que pudo salió huyendo,
con una beca, a una excelente escuela de música en Estados Unidos. Hace algún
tiempo regresó a México, y se integró a una de las principales orquestas del
país. Pero ya era demasiado diferente, nunca acabó de adaptarse, y en cuanto
pudo volvió a irse quizá para siempre.
Esta
historia, tan típica de nuestro entorno, presenta sin embargo un giro interesante.
Juan Pablo, que padeció una persecución homofobica
sin cuartel durante toda su infancia y adolescencia, ni siquiera es homosexual.
Esta
historia real nos muestra que la homofobia no sólo
daña a los homosexuales; estigmatiza a todas las personas diferentes, que no se
ajusten a los estereotipos de género propios de una sociedad machista. La homofobia es mucho más que un simple rechazo a la
homosexualidad: oculta una serie de creencias implícitas sobre los hombres y
las mujeres, y la relación que debe privar entre ellos. Más que una opinión
personal de algunos individuos, la homofobia tiene
repercusiones sociales importantes, y descansa sobre un conjunto de valores
compartidos por la sociedad en su conjunto.
Repercusiones
de la homofobia
En
efecto, mucha gente rechaza la homosexualidad porque no considera que los homosexuales
sean verdaderos hombres, ni las lesbianas auténticas mujeres.
Antes
bien, cree que se da en estos individuos una extraña combinación de los sexos:
el homosexual es un hombre afeminado y la lesbiana una mujer masculina (dos
ideas totalmente desacreditadas por la ciencia). Esto inspira rechazo porque en
una cultura machista se piensa; de manera muy generalizada, que los dos géneros
son radicalmente distintos e incluso incompatibles.
Un auténtico hombre no puede tener actitudes o gustos "femeninos” si no quiere
perder su imagen de virilidad y,, por ende, ser considerado homosexual; y una
mujer que incurra en conductas "masculinas" corre el riesgo de ser
estigmatizada, tanto por las demás mujeres como por los
hombres
en su entorno.
Así,
la, homofobia descansa en gran medida sobre una
visión polarizada de los sexos: el hombre no debe ser "mujeril", la
mujer no debe tener conductas "hombrunas". En las sociedades
machistas prevalecen definiciones sumamente rígidas al respecto, y se rechaza a
los homosexuales porque se piensa que cruzan la línea divisoria
"natural" entre los sexos. Además, traicionan el estatus superior del
hombre: el homosexual, considerado un hombre afeminado, es despreciado porque
se rebaja a la condición femenina. Por su parte, la lesbiana peca de orgullo al
pretender usurpar una masculinidad que no le corresponde. En este sentido, la homofobia siempre tiene un fondo oculto de misoginia.
En
una sociedad machista, la, homosexualidad masculina es incompatible con la
hombría. Por ello, el "verdadero hombre" debe demostrar siempre y en
toda circunstancia que no es "maricón". Y la mejor manera de hacerlo
es denostar y agredir a los homosexuales, bajo cualquier pretexto. Los chistes,
las burlas y la violencia contra los homosexuales sirven el mismo propósito: defender
no sólo la heterosexualidad, sino la hombría y la relación "normal" entre
los sexos. La homófobia nunca, trata sólo de la
orientación sexual, sino de la preservación de todo un conjunto de valores.
Y
es que los homosexuales violan, además, una serie de creencias acerca, de la
relación entre hombres y mujeres, basada en roles supuestamente "naturales".
Así, los varones gays demuestran que se puede ser
hombre sin ser machista; y las lesbianas prueban que las mujeres pueden su
plenamente femeninas y felices sin depender del hombre. La gran mayoría de los homosexuales
vive perfectamente bien sin personas del otro sexo, lo cual va en contra de la
idea tradicional según la cual hombres y mujeres se, necesitan para realizarse
como seres humanos.
Los
homosexuales evidencian asimismo, que se
puede ser feliz sin casarse ni tener hijos, cosas que suelen considerarse como absolutamente necesarias, si son
ineluctables, en el ciclo de la vida. Finalmente la amistad entre hombre y mujeres homosexuales
prueba que sí puede haber igualdad y respeto entre los sexos, sin caer
en los juegos de poder que caracterizan tan a menudo la relación entre hombres
y mujeres heterosexuales. La homosexualidad cuestiona por lo tanto nuestras creencias más profundas
acerca de lo que significa ser hombre o mujer, Y acerca" de la relación
entre ellos, al tiempo que pone en tela de juicio la "naturalidad” de
instituciones como el matrimonio y la familia.
La
homofobia intenta restablecer el orden. Sirve para proclamar la superioridad
moral dé la heterosexualidad, al definirla como "normal" y condenar
toda conducta; deseo o sentimiento alternativo. Pero también sirve para
ratificar los roles de género tradicionales, sobre los cuales descansa el
dominio "natural" del hombre sobre la mujer.
No es casualidad que la homosexualidad haya
ocupado, en años recientes, un lugar central en el discurso político, y que
haya jugado un papel importante en la re-elección de Bush
en e1 2004. Los conservadores del mundo entero, que lamentan la pérdida de los
valores tradicionales, del matrimonio, la familia y la religión, han encontrado
en los homosexuales el chivo expiatorio perfecto, precisamente porque éstos
están cambiando todas las reglas del juego.
Algunas
manifestaciones
En
primer lugar, la homofobia se expresa como violencia:
asesinatos, asaltos, golpizas. En México,
Las
agresiones verbales, los insultos y las burlas han jugado un papel central y a
veces determinante en la vida de casi todos los homosexuales varones. En
Estados Unidos, una encuesta reciente de los estudiantes en preparatoria
muestra que e166 por ciento de ellos reconoce utilizar un lenguaje homofóbico y el 81 por ciento dice escuchar tal lenguaje
con frecuencia, a pesar de que e116 por ciento de ellos tiene un pariente homosexual
y e172 por ciento conoce a alguna persona homosexual. En México, tendríamos que
agregar al discurso homofóbico el machista, que suele
consistir en insultos relacionados con la homosexualidad.
Ahora
bien; es importante hacer la distinción entre una homofobia
abierta, que persigue y agrede a los homosexuales con
violencia, insultos y burlas, y otra, mucho más difícil de percibir porque
consiste en una ausencia: es la que priva a la gente gay de derechos, espacios
y reconocimiento social.
La
orientación sexual sigue siendo pretexto para privar a los homosexuales de toda
clase de derechos jurídicos, laborales y fiscales, y de una serie de garantías
que la población heterosexual da por sentadas. Sirve para restringir el acceso
de los homosexuales a ciertas profesiones (como la enseñanza), impedirles
heredar de su pareja o tomar decisiones cuando ésta tenga alguna emergencia
médica, limitar su derecho a la patria potestad o a la adopción, etcétera.
Pero
aun cuando se "acepta" a un homosexual, en muchas ocasiones su familia
y amistades heterosexuales no lo reconocen como un ser plenamente adulto. Si se
enamora, no es en serio; su pareja no es una "verdadera" pareja; su familia
de elección no cuenta como auténtica familia;' los homosexuales juegan a la
casita, pero su hogar no goza del reconocimiento social que tiene el de un
matrimonio con hijos. Por exitosos que sean los homosexuales en su trabajo,
éste no deja de ser una especie de divertimento comparado con el de los
heterosexuales, que sí tienen que trabajar en serio para mantener a sus hijos.
Casi todo lo que hagan los homosexuales tiene, para los heterosexuales, cierta
connotación de frivolidad e inmadurez, como si fueran menores de edad
permanentes. Se trata de una forma de homofobia muy
sutil, de la cual muy poca gente se da cuenta, pero es muy común.
Otra
forma, menos sutil, consiste en una serie de estereotipos (jocosamente cultivados
por los medios masivos), que son sumamente dañinos y casi siempre falsos. Los
clichés acerca de la inestabilidad emocional, la promiscuidad, los celos, la
violencia pasional, las adicciones y la pedofilia,:están profundamente arraigados en el imaginario
social, a pesar de la facilidad con la
que se derrumban cuando se analiza las
estadísticas al respecto.
Todos
estos elementos están igualmente presentes en la población heterosexual
, y a nadie se le ocurre atribuirlos
a la heterosexualidad; pero cuando se dan entre
los homosexuales , suelen atribuirse a su orientación. En esta visión,
el pedófilo, el asesino en serie homosexual lo es por
homosexual. Y es en esta asociación automática, irreflexiva, que reside una de
las formas más perniciosas de la homofobia.
Otra
expresión de la homofobia consiste en una visión reduccionista de los homosexuales, en la cual su
sexualidad se vuelve un atributo
central, que define a la persona en su totalidad. Es lo primero que se menciona
cuando se habla de un homosexual: la
gente suele hablar de “Juan Pérez, que
por cierto es gay”. Vemos aquí una diferencia de trato: a los heterosexuales no se les
etiqueta de esta manera. Su vida íntima, se considera privada y generalmente no
afecta su reputación social o profesional, aunque sean adúlteros, promiscuos o
emocionalmente inestables.
Durante
mucho tiempo, los activistas gays basaron su lucha
contra la discriminación, y por la igualdad de derechos, en la idea equivocada
de que el 10 por ciento de la población es homosexual. En los últimos 15 años,
esta cifra ha sido revisada a la baja en los países industrializados: no pasa
del 4 ó 5 por ciento. Sin embargo, hoy se considera que los derechos humanos no
deben depender de los números. Aunque sólo hubiera en el país un homosexual, dos
personas con capacidades diferentes, tres cristianos evangélicos y cuatro
indígenas, tendrían el mismo derecho que si fueran legión a ser plenamente
integrados y respetados, precisamente por la diversidad que conforma la vasta
riqueza de nuestra condición humana.
NOTA:
'
La familia de elección consiste en el grupo de amigos que casi todos los homosexuales
han "adoptado" como familia sustituto, con quienes realmente cuentan
y con quienes comparten su vida cotidiana, cuando no existe un real apoyo o
interés por parte, de su familia biológica,. El
término surgió en los años ochenta, durante la hecatombe del sida, cuando
muchos homosexuales descubrieron que no podían contar con sus familias de
origen y empezaron a organizarse entre ellos, formando redes de apoyo basadas
en la amistad y la solidaridad.
La
autora es psicoterapeuta, autora de La experiencia homosexual y El machismo
invisible. Actualmente, elabora el libro, La nueva homosexualidad.