Frenesí de la reproducción: Nuevos métodos para
hacerse de una familia biológica
Que cada quien
tenga derecho a reproducirse como le plazca, suena magnífico. Las proezas de la
biotecnología, como dice Bruce Bagemihl, son especialmente importantes para los
queers. (Dulce María López Vega)
Subió a conferencia el 5 de Octubre del 2006.
Frenesí de la reproducción
Nuevos métodos para hacerse
de una familia biológica
Dulce María López Vega
Bautizado
como «The Century of A.R.T.»[1] por Carl Djerassi —uno de los padres de
la píldora—, el siglo XXI se anuncia lleno de proezas para «ayudar a la
naturaleza» de quienes quieren tener un hijo que porte sus Genes.
Aunque todavía la mayor parte de las sociedades
occidentales no logra reconocer que «cualquier forma de parentesco es legítima»
—como decía Judith Butler en entrevista reciente—, lo descubierto por
científicos de distintos países para «ayudar a quienes quieren ser padres» abre
un amplio abanico de posibilidades.
Parejas gay, parejas
lesbi, parejas buga con problemas de fertilidad, solteras y solteros que
quieren tener descendencia sin complicarse la vida buscando con quien, mujeres
que llegaron a la menopausia sin tener tiempo de embarazarse… «todos» podremos
tener Hijos Biológicos gracias a los avances de la tecnología.
Yo lo viví
«Amo a un hombre. Me pide que tengamos un hijo.
Cuando cogemos le cuesta trabajo… Un día descubro que es gay. Él lo niega hasta
el final: no quiere ser discriminado. Nos separamos, lastimados ambos. ¿Tenía
tantas ganas de un hijo que buscaba a una mujer para lograrlo o trataba de ser
socialmente aceptado?»
Después: «Amo a una mujer. Quiere ser madre. En
Amsterdam, desde hace décadas, las parejas de mujeres puede recurrir a la
inseminación artificial, incluso pueden participar en el acto. Pero Amsterdam
queda muy lejos… Se va. Consigue un marido con el que hoy tiene trillizas ».
Y hoy: «A muchas el tiempo se nos pasa volando… Nunca
nos damos tiempo para pensar seriamente en la reproducción, hasta que un día,
cerca de los cuarenta, un ginecólogo —cualquiera— nos suelta: “un útero que no
da hijos da problemas”. De todas maneras, yo sigo sin saber si algún día quiero
ser madre. ¿Cuánto tiempo más puedo pensarlo?, vivo sola y por lo pronto tengo
otros planes».
«Un hombre y una mujer»
Experimentando con ratones y ovejas, los científicos
han encontrado maneras de tener hijos que poco tienen que ver con las usadas
antaño.
Para tenerme a mí, por ejemplo y como decía mi mamá,
mi papá tuvo que poner una semillita en su cuerpo de una manera que es de
buenos modales callar. Los métodos que ofrece la ciencia en la actualidad
pueden ser dichos sin sonrojo ni titubeos. Enumeremos súper esquemáticamente
algunos, empezando por el más simple, aclarando que todos son llevados a cabo
en lugares asépticos por gente de bata blanca y títulos universitarios. A) Mi
papá y mi mamá no logran reproducirse, como son bugas muy obvios piensan que
tenerme es su función principal. En caso de que el problema sean las semillitas
de mi mamá, se consiguen algunas de otra mujer; en el laboratorio el material
genético de la «donadora» es reemplazado por el de mi mamá, que ha sido
extraído de células somáticas de otra parte de su cuerpo. Un tratamiento a base
de sustancias y/o electricidad en un petri
dish lo habilita para la fusión con una de las semillitas de mi papá. El
«óvulo fertilizado» se coloca en el útero de mi mamá bajo anestesia total; me
desarrollo y nazco. Si en cambio, el problema son las semillitas de mi papá, la
novedad es que, para que yo me produzca, no es necesario su semen: también sus
células somáticas son suficientes. Después del petri dish viene el implante. Al cabo de nueve meses nazco de
manera clásica. B) Supongamos ahora que mi mamá es —como se decía en otros
tiempos— de «orientación sexual diferente»: mis mamás deciden cual de las dos
me va a portar, se extraen semillitas del cuerpo de una de ellas; con células
de la otra se hace la fertilización en el petri; el óvulo se coloca en el
útero, etcétera.[2] Ahora bien, si mi papá deseara tenerme
con otro papá, también deberá conseguir algunos óvulos y pedir que se inserte
su material genético —¿algún científico estará trabajando para que pueda
contener el de ambos?—. Del petri, el óvulo pasa a un útero, ya sea artificial
—como los que actualmente está afinando el equipo de Tokio (vean imagen)— o de
«sustitución» —como se llama al que se renta a una mujer, sin duda más suave y
cálido—. C) Si lo que sucedió fue que mi mamá se concentró en su carrera y
llegó a los sesenta sin poderme tener, la biotecnología también le ofrece una
solución. Digamos que no tuvo la precaución de congelar algunos de sus óvulos
cuando tenía veinte años, en este caso adquiere algunos de una «donadora», hace
reemplazar el material genético por el suyo y… el resto del procedimiento ya lo
conocen. D) Finalmente, imaginemos que mi papá o mi mamá quiere tenerme, pero
no piensa establecer vínculos de pareja con alguien. Decide clonarse. Su
orientación sexual is none of our
business. Yo portaré
casi exclusivamente sus genes. Naceré después de un proceso muy parecido a los
descritos anteriormente. Mi papá o mi mamá también es mi hermano o mi hermana,
algunos simplemente y con desdén me llamarán replicante.
Una cuestión de linaje
Que cada quien tenga derecho a reproducirse como le
plazca, suena magnífico. Los proezas de la biotecnología, como dice Bruce
Bagemihl, son especialmente importantes para los queers. En la mayor parte de
los países las personas solas, de cualquier orientación sexual, no tienen
derecho a adoptar, «a los gays se les sigue separando de sus hijos (y) a las
lesbianas se les impide recurrir a los bancos de esperma para embarazarse. (…)
El avance sería más significativo si se dejara de estigmatizar, e incluso se
valorara, a los individuos (bugas o gays) que eligen no tener hijos o que
deciden criar niños que no comparten todos o ninguno de sus genes».[3]
A la
generación de nuestras madres poder formular que la maternidad era una vocación
forzada las metió en verdaderos aprietos. Como habían sido educadas bajo la
creencia de que la maternidad es «natural», la posibilidad de la anticoncepción
trastocó todas sus vidas. Por eso tal vez a nosotros, que hemos vivido entre
los dilemas que han tenido para conciliar la percepción de su cuerpo, su
sexualidad y proyectos, la repentina cuestión del hijo propio a cualquier
precio nos deja perplejos.
La
fiebre del Gen, ¿es sólo locura de los blancos más ricos? Transmisión de
herencias, mejoramiento de rasgos y aptitudes, deseos de encontrar la
continuación de sí mismos. Hijos sin enfermedades, hijos más inteligentes,
hijos sin defectos, bellos hijos… Mientras los genetistas prometen el oro y el
moro, los fantasmas de supremacías de todo tipo proliferan. Para colmo, desde
el lanzamiento del proyecto Genoma algunos comenzaron a desarrollar fantasías
de dominio: «El Gen —amo y señor del universo viviente, detentor del programa
definitivo— podrá ser manipulado a la carta, una vez controlado y
exhaustivamente mapeado».
¿Será?
«La
visión de un programa que prevé todo de antemano y posee el poder de creación y
explicación (…) es predarwiniana, incluso religiosa en su estructura
intelectual», afirman los anarcogenetistas Pierre Sonigo y Jean-Jacques Kupiec[4] que militan por una reconceptualización
a partir de la célula. «Hay que introducir el azar en el funcionamiento de los
genes. (…) No somos resultado de un plan —ayer divino, hoy genético—, sino de
la conjunción de intereses de los millares de células que nos constituyen».
«Avanzando a base de equivocacioncitas»
¿Sabían que, salvo la clonación humana, todos los
métodos que les describí están siendo ya utilizados?[5] Como el estadio de las investigaciones
es aún incipiente, quienes no pudieron contenerse han tropezado con estos
inconvenientes: altos porcentajes de pérdidas del producto antes de que llegue
a término, muertes a temprana edad, malformaciones, síndrome de Down, problemas
inmunológicos y/o respiratorios para el recién nacido; stress y depresiones
para los padres…
Por su parte, la superstar Dolly the sheep, es al
interior un organismo que prolifera de manera no muy canónica. Su padre
conceptual, Ian Wilmut, se opone a la clonación de humanos revelando que la así
llamada oveja no sólo es obesa, sino que padece muchos problemas orgánicos y
envejece de manera acelerada. Un estudio reciente mostró que tenía su edad más
la de su madre-hermana. Entonces, la hija de Dolly: ¿tiene su edad más la de su
madre-hermana más la de su madre-hermana-abuela? ¿Qué clase de línea
generacional es ésta?
Norte y Sur
Por lo pronto, las manipulaciones genéticas salen en
unos 200,000 dólares; la renta del vientre de una madre portadora, entre 10 mil
y 20 mil dólares; los óvulos de jovencitas, hasta 30 mil dólares. Como el
experimento no sale a la primera, cualquiera de las técnicas mencionadas
requiere una gran cantidad de óvulos: alrededor de 150 para cualquier
fertilización in vitro, mientras para la clonación se necesitan 1,000 (o sea la
participación de 100 mujeres —este tipo de ovulaciones masivas se inducen con
un tratamiento hormonal, cuyas consecuencias no se mencionan). El porcentaje de
éxito casi nunca rebasa el 30%. Hoy, sólo alguien que tiene ingresos de 3
millones de dólares podría optar por la clonación.[6]
Mientras
tanto, en otras regiones del mundo —Latinoamérica,
Un colofón, una súplica
Cuando en 1997 el Instituto Roslin anunció el
nacimiento de Dolly,
No repitamos, colegas, el error de los futuristas,
Morin tiene razón: la ciencia ¡con conciencia! Filósofos, juristas,
psicoanalistas y artistas, a sus puestos. Por favor.
[1] El Siglo de las Tecnologías de Reproducción Asistida (por sus siglas en inglés).
[2] Hasta ahora, a dos mujeres les resultaría imposible tener un hijo
hombre si quisieran hacerlo únicamente con su material genético. Para sortear
el problema, hoy por hoy, tendrían que recurrir a células de un «donador». ¿Un
obstáculo que tal vez pronto podría ser franqueado? Vean lo que acaban de
publicar genetistas norteamericanos: «Científicos y no científicos pensábamos
cómodamente que el cromosoma Y era el especialista de las características
masculinas. By default y tradición
(¡by default y tradición!), pensábamos que el cromosoma X era sexualmente
neutro o especialista en características femeninas. Sin embargo, nuestros
descubrimientos indican que la especialización del cromosoma X en la producción
de esperma es mayor que la del cromosoma Y». David Page: «The masculinization of the X
chromosome: many genes for early male sperm production reside on the X
chromosome» in Nature Genetics, abril
2001, (www.wi.mit.edu)
[3] Bruce Bagemihl: «Beastly Homosexualities», texto con el que
participó en el simposio «Next Sex» del Festival Ars Electronica, Linz 2000. (www.aec.at/festival2000/)
[4] Sonigo, Pierre y Kupiec, Jean-Jacques. Ni Dieu ni gène, Seuil, París, 2001.
[5] En los sitios de Libé y
[6] Martin Hutchinson (editor económico y comercial de United Press International): «Le boom de la gène-économie. Le marché des clones ou l’avenement de l’homme-dieu», Futuribles. Analyse et prospective, núm. 264, París, mayo 2001.
[7]