HACIA UNA GEOPOLÍTICA DE LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS
La sexualidad y el
cuerpo son territorios del hacer humano y campos de relaciones sociales, campos
de ejercicio del poder creador o destructor y expresa la capacidad de ser y
hacer. (Argelia Londoño Vélez)
Subió a
conferencia el 5 de Octubre del 2006.
Fuente:
webs.uvigo.es/pmayobre/textos/varios/geopolitica.doc
HACIA UNA GEOPOLÍTICA DE LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS
Socióloga Argelia
Londoño Vélez *
Medellín- Colombia
Una visión afirmativa
de la sexualidad
La sexualidad es
una condición humana básica que posibilita la existencia y prolongación de la
especie humana, pero más allá de la reproducción de la especie y del triunfo
sobre los instintos, es en la sexualidad en donde se puede hablar de la
biología humanizada, es decir donde la biología pierde su carácter y se hace
lenguaje, comunicación, cultura.
La sexualidad y el
cuerpo son realidades complejas, no solo conjuntos de órganos y funciones
biológicas o corporales. Estas realidades se envuelven en un espeso manto de
símbolos, representaciones y significaciones culturales diversas, que incluso
varían según la condición socio-económica y política de los sujetos y de los
grupos sociales, la etnia, la edad y el sexo.
La sexualidad y el cuerpo son territorios del hacer humano
y campos de relaciones sociales, campos de ejercicio del poder creador o
destructor y expresa la capacidad de ser y hacer; sentir y tener de los seres
humanos. Es alli en donde se ejercitan los límites que imponen las
regulaciones, prohibiciones y permisos dictados por la cultura.
Las
significaciones del cuerpo y la sexualidad se mueven en un amplio espectro, en
un universo simbólico que pareciera contenerlo todo: lo sagrado, lo profano; lo
divino y lo humano; lo glorioso y lo pecaminoso; la bondad y la maldad; la gloria y el climax; el infierno y el
abismo, lo lícito y lo ilícito. La sexualidad es endiosada o satanizada; en
ella el cielo y el averno; el dolor y el placer, campo de castigo y exaltación.
La sexualidad y el
cuerpo son campos de profundas valoraciones morales, estéticas, jurídicas,
sanitarias y aún económicas. Las culturas y las personas le asignan a la
sexualidad finalidades y significaciones que trascienden la reproducción construidas al calor de los encuentros y los
desencuentros: comunicación y compañía afectiva y erótica, espacio de placer,
lúdica y recreación de los cuerpos.
La disociación
real entre sexualidad y la reproducción asociada a la constitución de familia introducida
por el uso masivo de anticonceptivos
abrió la posibilidad del disfrute
sexual femenino y la prevención del embarazo no deseado. La anticoncepción
garantiza el ejercicio de la libertad de opción: de tener o no hijos, cuando
tenerlos, espaciar los nacimientos y de
constituir o no familia. Sin anticoncepción la concreción del derecho a decidir
sobre la reproducción y a controlarla efectivamente sería solo retórica. Hoy
gracias a esta opción tecnológica el cuerpo y el ejercicio de la sexualidad pueden
constituirse portadoras de lenguajes ricos, coloridos, en erotismo que es al
decir de Octavio Paz en la poética del cuerpo. La sexualidad es cada vez más
una promesa de realización humana.
Empezamos a
trasegar por los senderos de una visión y una percepción de la sexualidad y del
cuerpo como espacios de realización de derechos humanos. Aparecen articulaciones
novedosas en la vida íntima y en el discurso social: erotismo y consentimiento;
soberanía y autodeterminación en el mundo de los afectos y de la sexualidad; dignidad
y afectividad, libertades y toma de
decisiones reproductivas, concertación y
negociación de la protección, autocuidado y empoderamiento en el marco de
contratos sexuales mas democráticos, equitativos e igualitarios; sexualidad
segura y erotismo.
El reto
contemporáneo es articular sustancialmente sexualidad y política, una política
sexual, como sugería Kate Mitchel en la década del 1970, ahora entendida esta como ejercicio de derechos; articular
intimidad y derechos y experimentarlos como realidades indisolubles e inaugurar
contratos sexuales, hasta entonces inéditos, más democráticos y
equitativos.
Esta percepción y
concepción afirmativa de la sexualidad no puede menos que levantarse sobre una
concepción afectiva y amorosa del cuerpo, reconciliadora de la humanidad
consigo misma. El cuerpo y la sexualidad así concebidos se constituyen en
patrimonio primario de los seres humanos y depositarios presentes de la
titularidad de derechos. Lejos está, al menos es la aspiración, el cuerpo del
castigo, culpa, prohibición, el cuerpo y
la sexualidad infravalorados encadenados al pecado. Se trata de afirmar ahora el
cuerpo potencia, expresión del ser, memoria y presente de las emociones y
sentimientos, fuente del deseo y de las alegrías, ventana de la percepción del
mundo y recurso del conocimiento y de la dicha de si y de los otros seres, el
cuerpo como habitación del sujeto; que es el sujeto sin la percepción del si
mismo a través de su cuerpo? 1
En esta dirección el
ejercicio de la sexualidad es parte sustantiva de la vida y se asocia al bienestar humano; a la realización
de derechos, al descubrimiento de las
potencialidades del ser sexual.
Los derechos humanos
sexuales y reproductivos
Los Derechos
humanos son bienes sociales preciados que señalan los nortes éticos a la
humanidad y su conciencia crítica y simultáneamente sirven de paradigma para
presidir el orden social y las relaciones entre los ciudadanos y ciudadanas y
entre éstas y el estado. En lo personal constituyen condiciones de realización
de la persona humana que no nos negaríamos a nosotras mismas.
Los derechos humanos
se consideran ámbitos que el ser humano reconoce como éticamente valiosos y
dignos de ser protegidos pero también se conciben como un límite al ejercicio abusivo
del poder que se esgrime cuando hay intromisiones indebidas o arbitrarias por
parte del estado o de otros poderes en
la realización de la persona humana. De hecho el origen de los derechos humanos
se liga estrechamente a las oposiciones activas a su vulneración.
El estado de
derecho se dirige a proteger a los individuos de la arbitrariedad del poder y
su fin es la persona humana. La vigencia y garantía de los derechos humanos
generales posibilita la realización de los derechos sexuales y reproductivos.
Sociedades en dónde se limitan o
vulneran los derechos humanos suelen ser sociedades tolerantes o cómplices con
la vulneración de los derechos sexuales y reproductivos.
Cuando se afirma
que los seres humanos tienen derecho a disfrutar de una vida sexual satisfactoria,
sana, libre y sin riesgos, se asume que los seres humanos en su sexualidad
deben orientarse a la búsqueda del bienestar y que el ejercicio de la
sexualidad tiene por objeto aproximar a los seres humanos al bienestar y que
por tanto es bueno, deseable y lícito el disfrute sexual.
Los derechos
sexuales y reproductivos son entonces bienes sociales altamente valorados en
tanto instrumentos que coadyuvan y garantizan que los seres humanos tengan y realicen una
vivencia de la sexualidad sana, libre, placentera y sin riesgos. Los derechos
sexuales y reproductivos se orientan a la regulación de las relaciones sexuales
entre generaciones y entre hombres y mujeres, al logro de la armonía y la
equidad sexual y por tanto se oponen a toda forma de discriminación, riesgo,
miedo, amenaza, coacción y violencia en el terreno de la sexualidad y de la
reproducción.
Los derechos
sexuales y reproductivos postulan una lectura de la sexualidad como condición
que nos humaniza, vehiculo de conocimiento de si y del otro, como promesa de
realización que nos posibilita la vinculación afectiva en democracia y que
permite la experiencia de la maternidad,
la paternidad elegidas y la constitución de familia. Nos posibilitan la conciencia y realización de
las del múltiple ejercicio de las libertades sexuales individuales: decidir por
ejemplo acerca del con quién, el cómo, el cuándo, el dónde, el porqué del
ejercicio de la sexualidad. Nos posibilitan la gramática del si y el no y los
actos de cortesía sexual: gracias, un poco mas tarde, aún no lo apetezco.
Los derechos
sexuales y reproductivos abren la posibilidad de una comunicación afectiva y erótica
sin dominación, abre las ventanas al encuentro de los sentidos olvidados y
posibilita el aprendizaje del placer y del disfrute y el encuentro de la
emoción estética. En síntesis los derechos sexuales y reproductivos actúan como
potencias transformadoras que estimulan la autovaloración de la sexualidad como
elemento sustancial del valor de sí mismo y de la realización del ser en cuanto
humano.
Al vincular
sexualidad, aspiración al bienestar y derechos humanos se invoca una concepción
laica de la misma, desligada de consideraciones religiosas o moralistas y también
se cuestionan las visiones catastróficas
o higienistas dónde hegemonizan las
concepciones de la sexualidad como riesgo, el cuerpo como territorio del daño, disfunción
o enfermedad.
La salud sexual y
reproductiva en el enfoque de derechos deberá enrutar acciones a la promoción de la vivencia de la sexualidad
como campo de ejercicio de soberanía corporal expresada como la autonomía
sexual y reproductiva. Asi mismo deberá fomentar la autovaloración del cuerpo y
del si mismo, a la apropiación de éste como territorio de paz, de concertación
y negociación de relaciones sexuales en equidad y para el desarrollo humano.
La salud sexual y
reproductiva promueve el ejercicio de derechos y estos a su vez garantizan la
salud sexual y reproductiva, es decir actúan en un diálogo sinérgico a fin de
que las personas sean sujetos constructores de su autobiografía sexual y ganen
la capacidad de controlar sus vidas y de tomar opciones sexuales saludables.
Cuando
El ámbito de los
derechos sexuales y reproductivos es la relación entre las personas, entre
adultos y niñas y niños en tanto sujetos sexuales en relación social. Es
importante destacar que los derechos sexuales y reproductivos tienen un espacio
de realización en la relación de pareja pero no se agotan allí; su campo de
operación son los diferentes espacios sociales en donde acontece la experiencia
de los seres sexuados: la vida privada, la escuela, el trabajo, la calle, las
instituciones. No hay campo social en donde hombres y mujeres no se relaciones
como seres sexuados que son por naturaleza.
Los derechos sexuales
y reproductivos se plantean como aquellos derechos que regulan y buscan
armonizar las relaciones sexuales y reproductivas intra género, Intergénero y
entre generaciones y en este sentido introducen una dimensión ética a la
vivencia de la sexualidad, la reproducción y el afecto y extienden el campo de
la realización de los derechos mas allá del espacio de las relaciones Estado
sociedad civil.
Los derechos
sexuales y reproductivos remiten al cuerpo como territorio de derechos; en este
sentido, toda amenaza, acto u omisión orientada a vulnerar la dignidad y la libertad humana, en
el terreno de la sexualidad degradan la condición de ser persona. Las diversas
formas de violencia sexual bien sean
actitudes, comportamientos, temporales o permanentes que atenten contra
la dignidad y la libertad sexuales y reproductiva de las personas son
vulneraciones de los derechos sexuales y reproductivos.
Los derechos
sexuales y reproductivos, como parte inalienable e indivisible de los derechos
humanos se erigen como límites al ejercicio arbitrario del poder y es en el
terreno de la sexualidad donde el ejercicio del poder conoce algunas de sus
expresiones más críticas y en donde se anclan las discriminaciones mas
profundas. La violencia sexual es ante todo expresión de abuso de poder y se
dirige a humillar, a degradar al otro y otra bien en la vida pública o en la
vida privada, bien sea que provengan de los convivientes, la pareja, los
amigos, los padres o padrastros o las instituciones y sus agentes.
En el mismo sentido
la salud sexual y reproductiva se dirige
a cualificar las relaciones entre las personas, a incrementar su capacidad de
disfrute de una sexualidad sin riesgos y
el goce de las libertades sexuales. (CIPD, párrafo 7.2)
Los derechos
sexuales y la salud sexual implican una teoría y una práctica, personal y
colectiva. Una sociedad sexualmente
saludable es aquella que posibilita y aún mas exige la realización y garantía
de los derechos sexuales y reproductivos, no basta que algunas personas vivan
la sexualidad amablemente, es preciso que la sociedad ofrezca opciones sexuales
saludables. Esta aspiración requiere un hacer en la toma de decisiones de reracionamiento
en la vida personal y compromiso íntimo y
un quehacer en lo público y en el reracionamiento con las instituciones
en tanto representantes del estado y llamadas a garantizar los derechos
sexuales y reproductivos.
Campos de acción
de los derechos sexuales y reproductivos.
Transformar los
derechos humanos sexuales y reproductivos en hechos implica un accionar
múltiple que va desde el desarrollo
actitudes y concepciones personales y sociales de afirmación de la vida y de la
democracia afectiva y sexual y de apropiación del si misma/o hasta la
existencia y el fortalecimiento de instituciones y herramientas que los
garanticen entre ellas los servicios de salud, bienestar social, servicios de
protección y de justicia.
Las instituciones competentes
tienen como función acompañar a las personas en los procesos de transformarse
en sujetos de derechos, en el terreno de la sexualidad significa acompañarlas
ene. Proceso de apropiación de su cuerpo, de ser dueñas de su sexualidad y su
reproducción; acompañarlas en el proceso de cambio del ser objeto sexual al reconocimiento
de si como sujetos sexuados y en la generación de habilidades en las personas para
el empoderamiento y el autocuidado. En resumen para que contribuyan al
ejercicio activo de derechos por parte de sus usuarios/as que son en últimas
ciudadanos y ciudadanas en el ejercicio de derechos.
Instituciones y
servicios orientados al mejoramiento de la vida sexual en equidad, a la
armonización de las relaciones personales y sociales entre sexos y entre
generaciones y no solo para la
prevención del riesgo y del daño, la
corrección de la disfunción sexual, la reducción del embarazo no deseado, la
atención de la salud materno-infantil, cuestiones también fundamentales para el
mejoramiento de la calidad de vida de las personas.
La experiencia de
la sexualidad y de la reproducción y el ejercicio de los derechos sexuales y
reproductivos entonces tienen diversos dominios. Propongo una mirada
clasificatoria que nos permita
identificar campos para la acción. Son ellos: personal, político
institucional, territorial y global. De manera breve:
El territorio encantado
de la autobiografía sexual y reproductiva:
Este dominio nos es cercano, es el que compete a la vida íntima o a la vida
privada, en donde ni el estado, ni ningún otro/a persona o institución puede
intervenir o imponer decisiones sobre la sexualidad y la reproducción que
corresponden al fuero individual. Aquello de “sola con las estrellas” aplica.
Ese dominio es el
espacio de libertades individuales y de toma de opciones sexuales y
reproductivas: tener o no relaciones sexuales, elección del estado civil,
elección del modelo de familia, contraer
matrimonio y divorciarse, decidir acerca del número de hijos, elegir el uso de
anticonceptivos. En este espacio cada quién obra de acuerdo a su conciencia, a
su credo político y religioso y el estado y las instituciones, la pareja o
simplemente los otros/as no pueden imponernos sus puntos de vista, su forma de
vivir la sexualidad y la reproducción.
En este espacio se
ejerce la soberanía a través del empoderamiento de si, del sentido de
pertenencia a si mismo/misma, es el espacio de la confrontación con el
patriarca interior, es el espacio de la interrogación de la cultura y sus
modelos que habitan en nosotras dado que somos una/o con la cultura.
Igualmente es
preciso el cuestionamiento de la cultura patriarcal, de los procesos de
socialización, dado que somos un@ con la cultura, como decíamos atrás, y nos inscribimos en las matrices simbólicas
de lo femenino y lo masculino y en este sentido participamos de las propuestas
de feminidad y masculinidad hegemónicas que nos hacen seres sensibles a
comportamientos y prácticas de riesgo tales como: dificultad de actuar y hablar
en defensa propia o déficit en la habilidad autoprotectora; déficit psicosociales que nos conducen a
entablar relaciones de desigualdad; dificultad de negociar sexo seguro. Todas
estas fragilidades están fundadas en unas feminidades dependientes de la
aprobación de los demás y unas masculinidades competitivas con una
hipervaloración se sí mismos.
Requerimos con
urgencia construir para nosotras mismas la sexualidad como campo de ejercicio
de la libertad y preguntarnos si es estimable la libertad sexual. La libertad
sexual es valiosa cuando se considera que elegir o tomar decisiones acerca de
la autobiografía sexual es parte sustantiva de la vida, del proyecto vital y
ámbito de autoafirmación individual y ganar una visión militante de los
derechos, como asunto personal y de la realización de los humanos y humanas.
Requerimos la
adopción de conductas individuales y colectivas de autoafirmación de la
libertad y la dignidad sexual y empoderamiento para experimentarse como sujeto
de derechos humanos sexuales y reproductivos. Aquí recurrimos al autocuidado
como una práctica intencional de amorosa aproximación al sí misma en dirección
a la transformación y la toma de conciencia de sí. El autocuidado y el
empoderamiento son ejercicios mediante los cuales buscamos transformarnos en
nuestros propios creadores y acceder a dimensiones tales como la percepción de
la soberanía, la toma de control del sí mismo y el gozo de sabernos nuestras
dueñas. Libres de las presiones de los imaginarios sociales que nos demandan un
cuerpo y una sexualidad para otros
Sin embargo el
cuerpo como territorio libre y soberano es mas una aspiración a construir,
vivimos un déficit de los derechos humanos que en la vida real se opone a la
realización de lo humano y de la sexualidad y por el contrario la transforman
en fuente de equívocos y de malestares.
La dimensión
política-institucional de la sexualidad y de los derechos
Se expresa a
través de desarrollos legislativos e institucionales que realizan
intervenciones en nombre del estado para garantizar los derechos, es decir para
convertirlos en hechos. Esta dimensión tiene un espacio de privilegio en la
interacción de las personas y las comunidades como usuarias de servicios de las
instituciones y en la relación de las organizaciones y movimientos sociales y con
el Estado. Entre otras cosas porque una de las características de los derechos
es su exigibilidad ante otro, en este caso el estado y sus instituciones y las respuestas institucionales son una de las
condiciones que posibilitan el ejercicio de derechos.
Hacen parte de
esta dimensión los decisores políticos (el ejecutivo y el legislativo) y los
partidos, los ordenadores de políticas,
las normas, códigos, regulaciones y controles sociales, las políticas
públicas o no, los servicios de protección, justicia, seguridad, salud,
educación, bienestar a través de los cuales el estado se obliga, dado que este
es su mandato, a garantizar el ejercicio de derechos y en este sentido hablamos
de instituciones competentes.
También hacen
parte de esta dimensión las normas e instituciones de carácter sancionatorio o coercitivo
sobre aquellas conductas lesivas a la dignidad y a la libertad sexual y
reproductiva. Los derechos en derecho deben ser exigibles y esta condición esta
dada por su carácter positivo, esto es estar contenidos en instrumentos
jurídicos. Allí se incorporan entre otros las legislaciones para prevenir o
sancionar las diversas formas de violencia sexual e intrafamiliar, no hay que
olvidar que la justicia y los servicios de justicia cumplen con una función
restablecedora de los derechos pensemos en
instituciones reguladoras de la convivencia tales como las comisarías de
familia y las inspecciones de policía.
Las instituciones del
Estado sirven al tránsito del discurso de los derechos a la realidad de los
servicios, estas operan las políticas públicas y las respaldan con planes
operativos y asignaciones presupuestales y ofertas institucionales para
responder por competencias de ley.
En el mismo
sentido deben operar los planes o programas para estimular conductas
protectoras y la vivencia de una sexualidad segura y sin riesgos y las políticas
de salud sexual y reproductiva. Asi mismo hacen parte las instituciones de
salud y sus programas de salud sexual y reproductiva; las instituciones de
protección de la familia; las instituciones escolares y sus planes de
información y educación sexual.
Las instituciones
como espacios de garantía de derechos solo serán posible si las mujeres y los
hombres cuestionamos los discursos de poder hegemónicos y visibilizamos los
derechos sexuales y reproductivos como asunto de competencias institucionales y
nos disponemos a que los recursos de estado sirvan a la garantía y realización
de nuestros derechos. Necesitamos que
las instituciones se apropien del discurso y la práctica de los derechos
sexuales y por tanto debemos compartir el saber y la experiencia del movimiento
de mujeres y de la academia con la institucionalidad
Si aprendemos
hacer acuerdos institucionales para el mejoramiento de la calidad de la
atención, la incorporación de los enfoques programáticos de salud sexual y
reproductiva y enlaces con los
servicios, a demandar la información y atención oportuna y de calidad. Aquí
esta el tema de la vigilancia de la gestión pública por parte de las
organizaciones y redes sociales.
La dimensión
territorial.
Se trata en esta
dimensión de estudiar como la configuración de algunos escenarios, contextos o territorios
o espacios sociales en los cuales y dada su particular configuración
geopolítica y social, alrededor de asuntos o problemáticas locales o regionales
se convierten en campos de mayor riesgo para el ejercicio de las libertades sexuales
y de los derechos sexuales y reproductivos y de la salud sexual y reproductiva.
Los actores sociales y políticos en
interacciones complejas dan lugar a transformaciones culturales y dinámicas
sociodemográficas y familiares que incluyen la sexualidad y la reproducción.
En estos
territorios se viven situaciones sociales especiales, procesos, tensiones o
conflictos políticos que también pueden estar vinculados a fenómenos de movilidad humana, que introducen
cambios o dinámicas sociales o políticas importantes en las formas de relación
familiar y en las formas cotidianas de vivencia de la sexualidad y del
ejercicio de derechos sexuales y reproductivos, por ejemplo:
Poblaciones
residentes en zonas afectadas por catástrofes naturales o sociales (terremotos,
inundaciones, maremotos) que deben vivir procesos de desplazamiento
estructurados o no y emprender procesos de reconstrucción física y social de
sus territorios o hábitat y residir en alojamientos o refugios temporales por
determinados períodos. La pérdida de la “habitación propia” expone a una
vivencia de la sexualidad en la “intemperie” a convivir forzosamente con otros
grupos familiares en condiciones de hacinamiento crítico y cohecho.
Las pérdidas
materiales y humanas resultantes de las catástrofes colocan en una mayor
condición de fragilidad psicosocial a los grupos más vulnerables. Estas
poblaciones son afectadas por vivencias críticas de sus derechos sexuales y reproductivos y de
su salud sexual y reproductiva en especial el embarazo no deseado, mortalidad
materna, violaciones, prostitución infantil.
Poblaciones
desplazadas por conflictos armados, que deben bien migrar a nuevos territorios
o vivir en condiciones de tensión socio-política y riesgo económico se ven
enfrentadas a la ruptura de sus identidades más fundantes vínculos
territoriales, societales familiares y vecinales, pérdidas de bienes, seguridad
alimentaria, entre otros. Estos grupos deben adaptarse y construir nuevas vidas
y lazos. Arrancadas de sus regiones se encuentras con comunidades receptoras no
siempre acogedoras y deben enfrentar nuevos riesgos en las vivencias de la
afectividad y la sexualidad, generalmente hostilizadas por diversos actores
armados.
Poblaciones en
zonas de conflicto armado o zonas en disputa territorial o controladas por
actores armados, en donde el estado no ofrece igual protección a todos/as los
ciudadanos y en dónde las mujeres son particularmente vulnerables.
Hombres,
adolescentes y niñas/os son víctimas de reclutamiento forzoso por los diversos
actores armados, privan a sus madres, esposas
y familias de su presencia y de su apoyo. Much@s jóvenes ingresan a los
diferentes grupos armados buscando reconocimiento o estatus social, el
ejercicio del poder de las armas o huyendo de situaciones familiares de
pobreza, falta de opciones y violencia
intrafamiliar. La esclavitud sexual suele afectar a las jóvenes y a las niñas
en las áreas de conflicto.
Numerosas
adolescentes son presionadas a prestar servicios sexuales a los combatientes o
se ven presionadas y chantajeadas a acceder a demandas sexuales en busca de
protección, seguridad para sus vidas y la de sus familias, alimentos, vivienda
y ropa. Muchos actores armados demandan niñas jóvenes para su uso. La
autodeterminación sexual y reproductiva en zonas de conflicto es seriamente
amenazada.
Algunos grupos
suelen ejercer funciones de control moral acerca de las actividades de mujeres
y muchacha: controlar sus relaciones afectivas y sexuales, el uso de su cuerpo,
sus vestimentas y prácticas sociales de recreación. Las muchachas padecen
restricciones severas al ejercicio de su libertad de movilización y de
expresión. En la convivencia forzada, en albergues y refugios, que sigue al
desplazamiento, las mujeres y las niñas son particularmente vulnerables a la
violencia sexual y suele precipitar situaciones de violencia intrafamiliar y
sexual.
Los crímenes
sexuales contra las mujeres y las niñas cumplen varios propósitos, además de
los sexuales: humillar a las mujeres, ofender las familias y grupos a los cuales
pertenecen o con los cuales se identifican.
También buscan
exhibir ante los grupos diferentes al de las ofendidas la capacidad de daño y
de terror que se es capaz de provocar, ejemplarizar para generar miedo; exhibir
poder, humillar a los hombres de los grupos contradictores. Las mujeres y las
niñ@as son usadas como armas de guerra.
Poblaciones en territorios
de cultivos y tráficos ilícitos, En estos territorios existe la movilidad
poblacional y el flujo de circulante al calor del enriquecimiento de los
diferentes actores armados y prácticas delincuenciales. Se incrementa el
comercio sexual, las uniones sucesivas y grupos de mujeres jóvenes ven allí una
opción de hacerse a un compañero sexual, un hijo y una forma de vida.
Se constituyen
parejas temporales para prestar servicios sexuales a los recolectores o
cosecheros, que también son temporales, las mujeres suelen sufrir abandonos y
quedarse con nuevos hijos sin referente paterno.
En estos
territorios se afirma la visión del hombre guerrero y proveedor y de la mujer
dependiente y reproductora riesgos de vulneración de los derechos sexuales y
reproductivos se incrementan: las violaciones como arma de guerra, los embarazos
forzados, la prostitución forzada, Los actores armados con frecuencia cometen
crímenes sexuales de guerra contra las mujeres de los grupos contrarios
violaciones, abusos, esterilizaciones y aborto forzado, esclavitud sexual y
doméstica. La sexualidad es un arma, un instrumento de control y de ejercicio de poder.
Poblaciones
privadas de la libertad sufren prohibiciones de ejercicio de la sexualidad, se
ven privadas del derecho a la intimidad, por las particulares relaciones de
poder en estos espacios pueden ser sometidas a prácticas sexuales sin su
consentimiento, además el acceso a servicios de información y de salud son mas
restringidos que en poblaciones no
recluidas
Enclaves
turísticos que favorecen la explotación sexual comercial y amenazas a la
seguridad e integridad por la dificultad de negociar sexo seguro. Algunos
paquetes turísticos incorporan de manera sutil el comercio sexual y las jóvenes
y muchachos de estos territorios son presas fáciles de comerciantes
inescrupulosos, además de que muchas
veces es la única opción laboral disponible o
la forma de ganar algunos recursos adicionales.
Poblaciones
residentes en zonas de ejecución de megaproyectos de infraestructura y obras
civiles, construcción de puertos, carreteras, plataformas petroleras,
refinerías, que implican desplazamientos de población y movilidad de mano de
mano de obra importante, cientos de mujeres sirven sexualmente a estos
trabajadores, también se convierten en parejas sexuales temporales, al
posterior abandono y a la crianza en soledad. Mujeres y jóvenes se convierten
en servidoras sexuales al servicio de mano de obra de contrato y siguen a los
campamentos.
La dimensión
global o macro.
Se refiere a
aquellos procesos o tendencias de carácter mundial, que trascienden el
ejercicio de las libertades individuales y las prácticas o conductas
individuales de protección o de riesgo que en la vida privada o íntima asumen
las personas en el ejercicio de la sexualidad. Pensemos solamente en el
fenómeno de las migraciones internacionales e internas, los viajes y el turismo
global que circula con nuevas simbolizaciones culturales sobre las mujeres y la
sexualidad.
Mora Luis en su
artículo sobre “las fronteras de la vulnerabilidad; género migración y derechos
sexuales y reproductivos habla de manera sugestiva acerca de “las diferentes
geografías genéricas del poder” en donde la vulnerabilidad es entendida como la
parte del riesgo vinculada mas con estructuras sociales que con conductas
individuales. 1
Se trata de la
configuración de complejas redes de
relaciones y de territorios geopolíticos que por su especial movilidad poblacional inciden de manera
global en la vivencia de la sexualidad y la reproducción generando situaciones
de mayor riesgo de victimización que entrañan costos diferenciales para hombres
y mujeres y por otra parte contribuyen a la definición de nuevas identidades
que son pensadas como nuevas geografías y geopolíticas de la identidad. 2
Algunos ejemplos
de la dimensión macro son entre otros:
La globalización
de una estética corporal que propone la uniformidad de usos del cuerpo, modas, poses y que difunde un cuerpo
eternamente joven de clase media y alta y la ideación sobre el eterno presente
aun a costa de cirugías, dietas y consumos lesivos para la salud. La
fanatización de lo juvenil se acompaña de la vanalización de la
sexualidad, la exaltación de las
sensaciones y el menosprecio de los sentimientos; elementos polémicos por decir
lo menos. [1]
Este relato se
extiende a través de las revistas de moda internacional y magazines de las
farándulas, es el cuerpo gimnástico, elástico, fresco, trasgresor cuerpos para
mostrar, cuerpos provocadores sexualizados. Cuerpo sometido a las nuevas
tecnologías que penetran en su materialidad, lo moldean y lo disciplinan. Con el
estímulo de las trasnacionales del mercado de los cuerpos (cosméticas y farmacéuticas)
que proponen todo tipo de intervenciones que con frecuencia constituyen un
riesgo para la vida y la salud y alientan el sueño de la belleza y la juventud.
Sin embargo al ser
el cuerpo, sustrato de la subjetividad, constituyen una aspiración de millones de
mujeres y hombres que ven en esta propuesta la realización de la autoestima, el
autocuidado y el mejoramiento del autoconcepto y la percepción del si mismas
como sujetos y la ganancia del
reconocimiento del otro como sujeto de deseo parte innegable de la construcción
de la identidad y es que el cuerpo es un escenario de tensiones, de
continuidades y discontinuidades.
La quimera de un cuerpo
eternamente joven que nos hace olvidar que esta carne es el espacio de la
incertidumbre, el recinto de la mortalidad
que nos recuerda de manera permanente nuestra perennidad.
Esta estética
globalizada es impulsada por las trasnacionales cosméticas, la industria
farmacéutica y profesionales de la escultura corporal, las trasnacionales de la
belleza sustentada en una globalización de valores afines. Esta globalización
sugiere nuevas preguntas globales a los derechos sexuales y reproductivos toda
vez que se acompaña de la mercantilización de las más diversas relaciones
sociales incluida la sexualidad. No basta aquí la intervención en el plano del
riesgo individual o la resistencia individual a los modelos globales de
belleza.
Las redes de
comunicación. Otra dinámica global que es necesario interrogar son las nuevas
formas de comunicación e intercambio de información, imágenes a través de las
redes que facilitan el tráfico de material pornográfico, el comercio sexual de
niños y niñas cada vez mas difícil de identificar y controlar. Asi mismo sirven
al tráfico de esposas para servidumbres domésticas y laborales en lugares
lejanos a los de origen en condiciones de subordinación lingüística y cultural.
Población
migrante, expulsada por razones económicas, o para escapar a relaciones
violentas y de la pobreza, en este grupo, en especial las mujeres jóvenes son
susceptibles de ser traficadas, muchas veces con la única opción de una
inserción laboral vía prostitución y la
minusvalía que suele acompañar a situaciones de carencia de lengua,
relaciones sociales precarias. La
sexualidad puede ser significada como herramienta de trabajo o estrategia de
sobre vivencia.
El tráfico de
personas,[2]
que aqueja al mundo entero, es el mercado delictivo de mayor crecimiento en los
últimos años y adopta formas de esclavitud y servidumbre incluidas la sexual,
entre las formas del tráfico se encuentran: comercio sexual, turismo sexual, matrimonios
por encargo con extranjeros y el servicio doméstico. Representa un mercado muy
lucrativo y con bajo riesgo.
El tráfico de
personas está inscrito en las dinámicas migratorias tanto al interior del país
como hacia al exterior. Vulnera el principio de libertad y de dignidad cuando
no se realiza voluntariamente y en condiciones dignas para las/os migrantes.
Afecta a las comunidades receptoras o de destino, a los países de tránsito y a
los países expulsores o de origen.
Detrás del tráfico
se encuentran organizaciones delictivas que utilizan el engaño, la coacción, la
oferta del futuro. Mujeres para exportación del Valle del Cauca, eje cafetero,
Antioquia y Cundinamarca. Cómo descifrar las formas modernas de reclutamiento
si detrás de ella están las ofertas laborales de enganche como niñeras, modelos,
cantantes, bailarinas, camareras, empleadas domésticas, amas de llaves que no
han sido encontradas en el país de origen?
La oferta de futuro es una trampa que esconde un círculo de servidumbre
por deudas, amenazas, prostitución forzada.
En todos estos
casos suelen vivirse situaciones de profundo dolor y sufrimiento humano,
pérdidas o fracturas de vínculos sociales y familiares siendo la población
femenina más susceptible de sufrir personal y socialmente situaciones en donde
existen mayores riesgos de victimización que podríamos construir verdaderas
crisis de salud sexual y reproductiva y derechos sexuales y reproductivos.
La experiencia
femenina en estos eventos, es una experiencia personal y social, si
consideramos que son cientos de muchachas, niñas y niños comprometidas en estas complejas
realidades y es sin lugar a dudas una experiencia cuyos móviles y
preocupaciones difieren de los móviles y preocupaciones masculinos.
Necesitamos
develar las articulaciones entre estos procesos globales y territoriales el
ejercicio de los Derechos sexuales y reproductivos en lo personal y empezar con
firmeza a descubrir que es necesario pensar la sexualidad y la vivencia
diferencial para las mujeres como asuntos sociales que no escapan a los
procesos globales.
Es preciso el develamiento
de estructuras macro, dinámicas o procesos globales que actúan favoreciendo la
mayor vulnerabilidad de grupos humanos, en especial las mujeres, las jóvenes y
las niñas en torno a la salud sexual y a la realización de los derechos
sexuales.
* Consultora del UNFPA en Colombia.
1 Sarmiento Anzola
Libardo. Vendimia, Bio política y socialismo. Ediciones desde abajo. 2002.
Colombia.
1 Mora Luis. Las
fronteras de la vulnerabilidad: Género, migración y derechos sexuales y
reproductivos. Especialista en género. Equipo de apoyo técnico. UNPFA, Oficina
para América Latina y el Caribe. México. 2002.
2 Hernández Guevara Nohema, Dimensiones político-culturales de la globalización: paradojas y desafíos para el avance en la equidad de género. En Otras palabras. Grupo Mujer y Sociedad.
[1] Savater Fernando. El valor de educar. Editorial Ariel. Barcelona. 1997.
[2] Comercio de seres humanos
ya sean hombres o mujeres, niños o niñas.