“Herederas y Heridas. Imágenes de género (élites mediáticas: un caso-estudio)” Hombres y mujeres establecen relaciones profesionales que están connotadas tanto por una división sexual del trabajo como por los estereotipos de género.. (Feminismos) tercera y ultima parte

 

Fuente: Herederas y Heridas. Sobre las elites profesionales femeninas; María Antonia García de León, Ed. Catedra, Madrid 2002

Subió a conferencia el 10 de Mayo del 2005

 

Herederas y heridas sobre las élites profesionales femeninas

 

María Antonia García de León

 

Imágenes de género

(élites mediáticas: un caso‑estudio)

 

Hombres y mujeres establecen relaciones profesionales en sus ámbitos de trabajo, relaciones que están connotadas tanto por una división sexual del trabajo como por los estereotipos de género que dominan socialmente. Veremos este aspecto ejemplificado por los profesionales de los «massmedia», pero antes parecen oportunas las siguientes precisiones sobre estereotipos, creencias y actitudes que no se quedan en el mero nivel opinático, sino que inciden en el nivel de lo real: «Los estereotipos actúan en dos niveles complementarios: el de las creencias y el de las actitudes. Las creencias son convicciones que suponen una toma de postura frente a otros, por lo que ellas son las consecuencias sociales del estereotipo. Unas y otras se complementan y refuerzan»[1].

 

Se parte de las siguientes constataciones: lª) Los medios de comunicación de masas son poderosos, es decir, son un poder fáctico como pueden constituirlo la fuerza del dinero, la de las armas, etc. 2ª) Hombres y mujeres tienen posiciones diferentes respecto a él. 3ª)Existen obstáculos sociales que condicionan dicha posición diferente y deficiente de las mujeres respecto al poder. Obstáculos que deben ser aquilatados en su medida y en su «verdad», puesto que muchos de ellos están cargados de tópicos y estereotipos sociales derivados de una concepción tradicional del papel social femenino que ha gravitado, y aún gravita, sobre las mujeres. 4ª) Estamos analizando un aspecto de la vida social sometido a un profundo cambio: se está gestando una nueva división del trabajo por género, bajo el signo de igualdad entre hombres y mujeres. De ahí que coexistan en la actualidad situaciones fácticas antiguas, junto a otras novísimas, y otras intermedias, a medio camino de un proceso de aculturación de las mujeres hacia el modelo tradicional masculino, el modelo del trabajo asalariado y fuera de la esfera privada. Las mencionadas situaciones fácticas tienen su correlato en las representaciones mentales a ideológicas de dicha situación de cambio que, por ende, se muestran muy diversas en general y también diferenciadas por género. De todo lo que antecede, se desprende que los análisis de género están marcados por la provisionalidad y están en estado permanente de revisión, si bien ya se delinean tendencias claras como la que acabamos de mencionar en el apartado anterior.

 

A través del análisis de las opiniones del colectivo de altos profesionales del periodismo encuestado observaremos cómo se producen los mismos estereotipos de género que se han observado en otras investigaciones recientes[2]. Extraemos aquí la siguiente cita de una de esas investigaciones sobre género. La cita es larga, pero estimamos oportuna su inclusión: «Estructura profesional y espacios públicos: el mundo masculino. El retroceso de prejuicios desigualitarios en tomo a la personalidad individual y sus atributos no se acompaña de un proceso similar en las estructuras sociales que implican jerarquización y protagonismo en áreas relevantes. Estos son los ámbitos en los que el predominio masculino es incuestionable. Lo es de hecho, pero también porque las representaciones mentales colectivas muestran sistemáticamente que así debe ser.

 

Paradójicamente, estas actitudes contrastan abiertamente con otro dato no menos indiscutible, la incorporación de la mujer a todas las esferas de actividad. Estas convicciones no se traducen, sin embargo, en actitudes congruentes con ellas a la hora de organizar la estratificación social, en la que por lo general a la mujer se le asigna un status secundario o subordinado. Tal contradicción indica, de entrada, que el estereotipo sobre el género más discriminador sigue vigente y activo en este dominio. Que si bien se han modificado muchas creencias acerca de las respectivas identidades de género y sus propiedades sociales, lo han hecho en menor medida, y desde luego afectando poco a las actitudes, cuando se trata de rangos económicos y de prestigio. El proceso seguido aquí es paralelo al que ha tenido lugar en el espacio doméstico: en éste el hombre participa más que algunas décadas atrás, pero manteniendo la mujer su primacía; en los ámbitos profesionales y públicos, la incorporación de la mujer se ha hecho tratando de preservar para el hombre los roles cuyas recompensas, materiales y simbólicas, son más elevadas. La precondición para que el estereotipo sea eficaz estriba en concebir el mundo del trabajo de manera dual: una esfera no exclusiva pero sí propia de la mujer (el hogar) y otra reservada al hombre.»

 

Pues bien, desde el excelente material que proporcionan las entrevistas en profundidad con profesionales del periodismo, también nos llega el eco de esa especie de «fragor de la batalla» que frecuentemente es la relación desigualitaria Hombre/Mujer en la sociedad patriarcal. veamos algunos ejemplos:

 

Pregunta: ¿A nivel de carrera profesional, tú has visto cómo lo saltaban otros que no tenían el mismo valor que tú?

 

Sí. Yo recuerdo al imbécil de..., cuando le fui a pedir trabajo al periódico, un comentario que él no sabe que yo lo oí, fue: «Aquí está la fulanita, la fulanita, con los biberones, con los biberones.» ¡Pues por los cojones biberones! Por que yo, después, pude demostrar que era capaz de hacer columnas con acogida de público exactamente igual que el mejor (Mujer, 54 años).

 

Hay algo ahí que tenemos las mujeres en contra. La dureza. Nos movemos en los estilos masculinos y femeninos de gestión. Si tú en un momento dado te enfadas siendo mujer y das un grito eres una histérica. Si es un hombre tiene carácter. Eso es uno de los patrones culturales (...) Claro, claro, y si tú tienes que trabajar el doble que ellos cobrando la mitad para que lo valoren lo mismo y un día que dices: «Me voy a ir porque me duele la cabeza», « pobrecilla», o sea, «demasiado ha aguantado», ¿no? Sin embargo ellos, como jamás dicen que les duele la cabeza, dicen que tienen una reunión fuera de la casa, o sea, mienten. Entonces como jamás dicen dónde están de verdad ni por qué se han ido... (Mujer, 46 años).

 

¿POCAS O MUCHAS MUJERES EN LA CÚSPIDE DE LA PROFESIÓN?

 

La estimación cuantitativa de la presencia de las mujeres en puestos de responsabilidad en la profesión periodística recibe la siguiente opinión general por parte de ambos géneros: hay pocas mujeres. Ahora bien, las propias profesionales lo enfatizan subrayando «muy pocas».

 

Pocos encuestados (hombres y mujeres) opinan que haya «muchas» o «bastantes» mujeres en puestos directivos dentro de la profesión periodística. Justifican mayoritariamente su opinión al considerar que las mujeres están más preparadas para la profesión.

 

Opuestamente, cuatro de cada cinco encuestados opina que hay «pocas» o «muy pocas» mujeres en los altos puestos mencionados. Al expresar las causas de ello, la opinión se divide mayoritariamente en las siguientes razones: 1ª. Hombres y mujeres opinan en la misma medida que no hay igualdad de oportunidades. 2ª. La otra mitad de las opiniones no están igualadas por género y se dividen de la siguiente manera: mientras que  los hombres marcan más la escasez de mujeres en puestos directivos porque se han incorporado tarde a esta profesión, las mujeres encuestadas subrayan que dicha escasez es debida a «la desconfianza de los directivos en su capacidad». La respuesta y visión masculina del problema es la respuesta fácil que hemos criticado bajo el rótulo de «el efecto temporal» que razonaría de este modo: no ha habido tiempo, o el tiempo resolverá todo. La estadística demuestra que hay obstáculos más allá de la evolución temporal[3].

 

Es de destacar, al contrarío de lo que suele ser el tópico social dominante, que sólo una décima parte de hombres y mujeres, entre los periodistas, indican como razón de la baja presencia femenina en puestos de responsabilidad «las cargas familiares de la mujer», confirmando, de este modo, la crítica efectuada al que hemos denominado «halo de la domesticidad»[4].

 

¿Cómo se aquilata la presencia o no de la mujer en la cúspide de la profesión, a través de las entrevistas? Observemos algunas respuestas:

 

Sí, hemos subido un escaloncito que es el de comentaristas. Comentaristas políticas es una cosa de prestigio y, ahora en las tertulias, entre otras cosas porque la composición del escenario... (...) Las redacciones están llenas de mujeres que hacen de gineceos (...) En primeros niveles, nunca (Mujer, 46 años).

 

¿HAY CUALIDADES DIFERENTES EN LAS MUJERES PARA EJERCER LA PROFESIÓN?

 

Vamos a examinar los resultados que surgen de comparar la opinión masculina y femenina (imágenes cruzadas) sobre cualidades y apoyos para el ejercicio de la profesión por género.

 

En general, se puede decir que se observa una tendencia a opinar que hombres y mujeres tienen cualidades iguales. Ahora bien, una vez dicho esto, y precisamente por ello, el matiz se vuelve significativo.

 

Se advierte cómo los hombres opinan que hay igualdad para ambos géneros sobre los requerimientos para ejercer la profesión. Por el contrario, las mujeres abundan menos en esa igualdad. De este modo, observamos cómo los hombres opinan de forma más mayoritaria que las mujeres, respecto a darse por igual las capacidades de organización, dedicación y ambición a interés. El mencionado abundar menos en la igualdad por parte de las encuestadas es un dato reforzado.

Las mujeres periodistas señalan cómo las mujeres en su profesión tienen mayores capacidad organizativa, ambición e interés y dedicación, entre otras muchas cualidades en las que opinan superan a los hombres de su profesión. Marcan, en este sentido, significativas diferencias con la opinión de los hombres.

 

Parecidas diferencias de criterio se pueden observar especialmente en lo que se refiere al menor apoyo que sienten las mujeres por parte de su empresa o de su departamento. Es decir, hombres y mujeres estiman que las empresas y departamentos apoyan poco a las mujeres, pero éstas lo acusan más.

 

En síntesis: 1°) mientras que el hombre tiende a establecer una opinión más uniforme en el tratamiento de género (hombres y mujeres), las mujeres subrayan más las diferencias. 2°)

Pero hay una igualdad de criterio entre hombres y mujeres en tres aspectos: a) señalar que las mujeres tienen más ambición e interés; b) menos apoyo por parte de la empresa y departamentos; y c) menos disponibilidad horaria, que resulta paradójica con el no reconocimiento de cargas familiares por parte de las mujeres en sus respuestas a otras preguntas. 3°) Las diferencias subrayadas son: a) en positivo: la mayor capacidad organizativa de las mujeres, su mayor dedicación, su mayor preparación periodística. b) En negativo: menor apoyo de la empresa y departamento y menor disponibilidad horaria y dedicación. Ahora bien, ambos aspectos negativos son enfatizados por los hombres mientras que, paradójicamente, son subrayados en menor medida por las mujeres periodistas, que se supone son quienes los padecerían.

 

Tal vez este último aspecto pueda ser un tópico, a veces inconsciente, otras interesado, que alimentan los hombres profesionales sobre las mujeres. Pero estamos ante mujeres profesionales de élite y parece como si este dato se olvidara al dar su opinión y los hombres estuvieran hablando («urbi et orbe») de las mujeres en general. Por otro lado, el hombre suele considerar que el género no es un tema suyo, un aspecto que le afecte, tal vez por eso pueda responder más igualitariamente (abstracta o desprendidamente) mientras que las mujeres cuando son preguntadas por género están hablando de su experiencia personal, o lo que es igual, a ellas se les pregunta por un tema de ellas. He aquí una clave que probablemente es de interés metodológico y de interés general para el tratamiento de los temas de género.

 

¿DIVISIÓN DEL TRABAJO POR GÉNERO?

 

Todo parece indicar que existe una cierta división por género del trabajo en relación a las secciones periodísticas en que trabajan hombres y mujeres tanto a nivel fáctico (muy marcada sobre todo en funciones directivas) como a nivel opinático. De este modo, los encuestados consideran tareas más adecuadas para ser ejercidas por las mujeres las siguientes: documentación, sociedad, arte y cultura. En el otro extremo, consideran que las mujeres son menos adecuadas para trabajar en las secciones de deportes, editoriales, ciencia y economía.

 

En general, las mujeres muestran una opinión más reforzada sobre la igualdad entre géneros para ejercer en cualquier sección. No obstante, este aspecto ha debido tener grandes variaciones con el transcurso del tiempo. Veamos el testimonio de una entrevistada que, además de describir su experiencia personal, traza un retrato de época, por así llamarlo, del medio televisivo[5]. La cita es larga pero sustanciosa:

 

Yo llegué a un mundo donde la mayoría de la gente no había estudiado carrera universitaria, donde lo que importaba, por ejemplo entre las mujeres, era saber ponerse una pestaña postiza o hacerse un moño, cosa que yo no había hecho en mi vida y además me importaba un pimiento. Para mí no tenía ningún valor. Entonces era un mundo un poco mezquino, y al principio me costó mucho. Mezquino, competitivo, era un mundo muy difícil, (...), muy, muy difícil. En ese momento no había mujeres en Televisión en los Servicios Informativos, sólo había hombres. Las mujeres eran floreros en Televisión. Las mujeres lo que sabían era arreglarse... y ningún afán intelectual en general. Eran las mujeres que salían arregladas, que todavía hoy siguen existiendo y a mí me asombra, muy arregladas al lado de un señor con traje largo o lo que fuera, y entonces el señor decía: «Tengo aquí dos señoras estupendas o dos bombones o tal.» A mí no me lo hicieron nunca porque yo le hubiera dado un corte. Tengo que reconocer que dije, el primero que me llame bombón se las va a ver conmigo en directo, porque me sentía como muy agredida, ¿no? Pero era muy difícil, porque además la mujer tenía un papel muy secundario en la Televisión. Y te tenían muy arrinconada casi a la fuerza. Yo me acuerdo que el primer comentario que se hizo cuando yo llegué allí fue: «Aquí la carrera universitaria no sirve para nada.» Era este tipo de mundo, ¿no? Era un mundo pues de gente que había empezado en el Paseo de la Habana, de gente que simplemente se había puesto delante de una cámara y hablaba y leía un papel sin ningún interés, la mayoría de ellos ¿eh?, no te digo todos, pero la mayoría de ellos sin ningún interés cultural. (...) Tardó bastante tiempo en haber mujeres en los Informativos (Mujer, 56 años).

 

JUEGO DE ESPEJOS ENTRE GÉNEROS

 

Las cuestiones que siguen a continuación tratan de las imágenes reflejadas por género, entre los profesionales del periodismo, aún más expresamente que las anteriores. Ellas tienen el interés de vehicular los tópicos sociales (con todo lo que tienen de verdad y falsedad) sobre la condición masculina y la condición femenina[6].

 

No obstante, trazaremos una especie de síntesis del conjunto de respuestas ya analizadas junto a las que trataremos seguidamente: predomina una opinión que señala la exterioridad u objetividad de los motivos de la escasez de mujeres en altos cargos de la profesión periodística («no hay igualdad de oportunidades», «menores apoyos institucionales», «profesión sin tradición femenina»). Estos son datos que prevalecen.

 

¿QUÉ VENTAJAS TIENEN LOS HOMBRES SOBRE LAS MUJERES DE SU PROFESIÓN?

 

Para los hombres se impone el criterio de la igualdad por género al responder mayoritariamente «ninguna ventaja». En cambio, las mujeres periodistas dan primacía a un hecho objetivo (exterior a ellas) como es el de la tradición masculina de la profesión que pasa a convertirse en una ventaja profesional para los hombres (¿por qué? podríamos preguntarnos), también indiscutida por parte de éstos. El privilegio, en este caso, el de la masculinidad, si se piensa ni hasta se percibe ‑androcentrismo‑ y, al límite, en los pocos casos de autoconsciencia se negaría, modernamente apoyándose en «el juego meritocrático»: la igualdad está ahí, que la cojan las mujeres que se atrevan», de esta guisa podría ser su discurso. Históricamente, esta patriarcal, pero infundada, supremacía de la masculinidad, ha contado con la aplastante legitimación del «por naturaleza».

 

Sin embargo, y paradójicamente con una «sociología espontánea» y/o tópicos sociales dominantes, las mujeres no subrayan los aspectos más subjetivos o personales (disponibilidad horaria y responsabilidades familiares). De este modo, dichos aspectos no ocupan los primeros puestos en los obstáculos profesionales que se encuentran.

 

¿QUÉ VENTAJAS TIENEN LAS MUJERES SOBRE LOS HOMBRES DE SU PROFESIÓN?

 

Curiosamente, mientras que la imagen reflejada de los hombres en el espejo opinático muestra ventajas externas a objetivas para ellos en la profesión, la imagen reflejada de las mujeres exhibe ventajas internas o subjetivas, derivadas de su persona, dando por sentado previamente que en este ámbito profesional todavía masculino, las mujeres no tienen ninguna ventaja.

 

En tanto que las mujeres priman el esfuerzo, los hombres estiman la igualdad («ninguna») y las características que suponen innatas de las mujeres y, curiosamente, « una mayor posibilidad de acceso a determinadas fuentes». Parece de interés detenerse en este dato que podría tener su interpretación en características típicas de las élites profesionales femeninas, independientemente de la profesión concreta que se analice: un origen social más elevado, una más intensa homogamia que los varones además de un conjunto de «inputs» personales y familiares diversos que les permite alcanzar el éxito profesional (en una sociedad patriarcal que no lo favorece) y, tal vez, por ello acceder a fuentes privilegiadas[7].

 

Volviendo a nuestra muestra concreta, parecen producirse las características apuntadas. La intensa homogamia de esta arquetípica «prima dona» del periodismo puede hacerle sumar dos redes sociales de contactos profesionales relevantes (los suyos más los de un marido también importante en la profesión, además de una tradición familiar de padres y otros familiares como profesionales y/o profesionales del periodismo, en bastantes casos). Ello le daría una mayor posibilidad de acceso a determinadas fuentes, como informan los encuestados. Parece que una buena alianza matrimonial es de las vías oportunas que una sociedad patriarcal sigue otorgando a las mujeres para fortalecer su posición y, en concreto, a las mujeres de alta cualificación. Veamos este ejemplo:

 

A la hora de acceder a tareas de responsabilidad, hombre, yo he notado con creces que el ser mujer pues te relegaba a una posición de subordinación; en plan de coña yo decía que había sido la hija de don Pepito y la mujer de Fulanito; no es verdad, porque yo tengo mi personalidad propia desarrollada, pero por otra parte yo personalmente lo que sí he hecho a lo largo de la vida es que como soy la mujer de Fulanito y la hija de mi padre lo fui, pues de serlo me aprovecho, en el sentido más tonto del término, pues comparto con él. Él desde luego también se aprovecha bastante de estar casado con una mujer que está bien informada y que le puede acompañar y tal (Mujer, 54 años).

 

Estas profesionales exhiben datos al respecto de maridos con más alto nivel profesional, mayor nivel de estudios, etc. que las mujeres de sus homólogos, los hombres periodistas. Ahora bien, los hombres profesionales compensan ampliamente las mencionadas dobles redes sociofamiliares con sus específicas redes («networks» profesionales, «colegueo» y «amigueo», como dicen las entrevistadas) en las cuales las mujeres no tienen tanta experiencia y/o no han sido socializadas en ellas, dada su secular inmersión en la esfera de lo privado. En la literatura feminista anglosajona, se ha hablado del «old club's boys» para denunciar una recurrencia androcéntrica que elimina a las mujeres de los altos puestos, cuando se está pensando en posibles candidaturas, mientras que, por el contrario, afluyen sistemáticamente nombres de varones (los «viejos compañeros»). Vemos la opinión de esta entrevistada:

 

No, pero también por relaciones humanas. Yo es que también depende, yo es que insisto, yo es que le doy mucho valor al carácter, muchísimo. Entonces hay una directora adjunta, que ya lo fue y ahora lo vuelve a ser y bueno, pues a esta que también le gusta mandar. Y en cambio hay mujeres que es que, a lo mejor sí que les gusta mandar, pero mandan de tal forma que después no funcionan. Y luego pues igual te digo, seguro que alguien que tiene que nombrar a alguien un hombre, siempre conoce más a hombres que mujeres. Entonces a la hora de elegir tiene más probabilidades de elegir a un hombre que elegir una mujer. También es el cálculo de probabilidades ahí (Mujer, 50 años).

 

Terminaremos este epígrafe subrayando que parece desprenderse un retrato femenino de tal guisa: las mujeres son perfeccionistas, «hormiguitas», «recién llegadas» y, como tales, sin límite de esfuerzo y de dedicación, es decir, toda un serie de características que deben exhibir y cultivar sistemáticamente para paliar todo el prejuicio secular volcado hacia su actividad laboral en la vida pública, y todo el prejuicio redoblado cuando se trata de ejercer puestos con poder, de tal manera que podemos afirmar que una mujer con poder es una anomalía histórica (aún en la actualidad) mientras un hombre con poder es el paradigma. De ahí que las mujeres con poder sean uno de los problemas clave del género (ya que nunca lo han tenido) en las sociedades occidentales.

 

Veamos la siguiente apreciación de una entrevistada, directiva. Nos permitimos esta cita larga, pero de interés dada su expresividad:

 

Tenemos distintas formas de entender la gestión hombres y mujeres. Entonces yo creo que pasada aquella etapa de la moda del año 86 de «siente una directiva a su mesa» han vuelto a relegarnos a los puestos de segundo nivel porque les hacíamos más trabajo en menos tiempo y en fin, creo que tenemos virtudes realmente notables, tanto para el trabajo como para la gestión. Pero siempre un paso detrás de ellos otra vez ¿no? Como los moros. Un paso detrás, él de jefe que no hace nada, una reunión fuera de la empresa casi siempre, y tú sacando el trabajo para adelante de segunda labor. Esto en mi profesión es el pan nuestro de cada día y muy poquitas mujeres que dirijan nada. Ahora, subdirectoras, todas, y redactoras todas. Las redactoras son las que transportan el producto. ¿Eh? Y luego un director de un programa en la radio o la tele lo vende, un chico. Pero el trabajo lo has hecho tú. Y con los jefes igual. O sea, hay un director y una subdirectora casi siempre. ¿Llegar a directoras? Pones patas arriba el sistema. No les interesa porque ponen en peligro su propio estatus. Y entonces yo creo que no se ha vuelto a dar una situación como la del año 86, hay muy poquitas mujeres. No se te acepta el modelo de gestión que entendemos nosotras. No que hagas de hombre, hombrecitos hay bastantes, pero que te acepten que las cosas se pueden llevar de otra manera, sin que se salga de la empresa más tarde y todo el mundo más contento. Hay muy poquitas empresas que se atrevan a eso, porque el primer puesto que están poniendo en peligro es el de tu inmediato superior y entonces no tienen el menor interés en que las cosas cambien, porque entonces ellos tendrían que o bien ser más eficientes o que renunciar a privilegios. Así que de momento mientras puedan no lo van a hacer. Pero eso ya, como le oí una vez a Lidia Falcón, eso ya que se lo trabajen nuestras hijas. Yo, en lo que es la lucha y las reivindicaciones, considero cumplida por mi parte y creo que son estos nuevos que están tratados como esclavos en campo de algodón, los nuevos, los redactores y las redactoras los que tienen que luchar por su futuro (Mujer, 46 años).

 

¿QUÉ CUALIDADES SE RELACIONAN CON EL ASCENSO DENTRO DE LA PROFESIÓN?

 

Es de interés relacionar las anteriores preguntas analizadas con la opinión de los encuestados sobre los factores que estiman necesarios para ascender en la profesión.

 

Los criterios entre hombres y mujeres difieren en factores no fundamentales en cuanto a su porcentaje, pero sí significativos, vgr.: «ser hombre», subrayado por las mujeres y, seguidamente, « tener buenas fuentes informativas», «relaciones sociales», «inteligencia», «buena presencia».

 

Si se piensa en términos de la práctica y experiencias sociales, vemos que la prioridad de cualidades aptas para ascender refleja el tradicional perfil masculino como el adecuado (la cualidad número uno es la disponibilidad horaria) bajo el cual los hombres convierten la cualidad para el ascenso en una superventaja y, «a sensu contrario», en desventaja femenina.

 

No obstante, habría que aquilatar más esos factores, que encierran casi siempre realidades y opiniones equívocas. Por ejemplo, «tener dotes de dirección» (2° factor en el «ranking») ¿es realmente mandar con pautas de racionalidad, eficacia y buscando el máximo logro, tal como lo requiere la empresa moderna? ¿O «tener dotes de dirección» es saber imponerse, detentar y ostentar el poder? ¿O bien «tener dotes de dirección» es ejercer un efecto de «violencia simbólica», lo cual es un atributo intrínsecamente ligado a la masculinidad dentro de nuestros sistemas sociales?, dicho en términos de la sociología bourdiana (Bourdieu: 1998). Probablemente, la realidad sea equívoca y de todo haya bajo esas denominadas «dotes de dirección».

 

Asimismo, es confuso el contenido que se le da a la cualidad de «inteligencia», distinguiéndola en muchas ocasiones del « ser listo». También puede ser confusa esa opinión extendida y tópica de que ser buena ama de casa es igual a ser buena organizadora. La organización de una casa es obviamente algo muy distinto de la organización de un ámbito laboral. Por otro lado, no hay que olvidar que la soltería y/o vivir sola es un dato muy abundante en las altas profesionales. Veamos el siguiente discurso laudatorio de uno de los entrevistados sobre las mujeres, hecho que suele ser muy frecuente entre los hombres profesionales. No obstante, habría que testar qué ocurriría si la entrevista fuera realizada por otro hombre y no por una mujer, como ocurre en este caso, o indagar cómo hablan los hombres entre los hombres, cuál es su discurso sobre las cualidades femeninas cuando están solos, etc.

 

Porque las mujeres son evidentemente muchísimo más listas y no es que esté hablando en términos frívolos ni tampoco rigurosos, pero sí que creo que tienen un componente especial. Es decir, yo el otro día echaba estas cuentas que son las siguientes. En todos los medios de comunicación, o sea en las redacciones de periódicos, radios o televisiones las mujeres son o representan el 50 por 100 de los puestos de trabajo, mientras que yo creo que no llegan al 5 por 100 de los puestos directivos. Como no pienso que son más tontas, sino en todo caso igual de tontas o igual de listas que los hombres, quiere decir que hay otros elementos y no solamente culturales, machistas o misóginos en esa ecuación. Porque por mucha misoginia que tengamos los hombres o por muy machistas que sean las empresas, o por... etc., no cuadra el 5 por 100 con el 50 por 100. Entonces yo creo que las mujeres son magníficas trabajadoras pero son como iba a decir.. son más completas no, más plurales no, más ricas humanamente hablando o personalmente o vitalmente hablando (Hombre, 40 años).

 

COYUNTURAS POLÍTICO‑SOCIALES COMO FACTORES PARA EL ACCESO Y ASCENSO DE LAS MUJERES EN LA PROFESIÓN

 

Es significativa la carga política del fenómeno social «Mujer», que subraya la bondad de una determinada coyuntura político‑social, más allá de cualidades personales y concretas, a veces subsumidas en el genérico mujer que es lo que interesa en un determinado momento. Veamos algunas opiniones de las entrevistas al respecto. En primer lugar, la opinión de una entrevistada que destaca, como acabamos de apuntar, haciendo una especie de crítica social, no una cualidad sino una coyuntura político‑social favorable que convirtió oportunistamente el tema de «La Mujer» como un tema « políticamente correcto» y/o como una pose social.

 

Me nombraron directora de informativos porque yo lo pedí. Le hizo gracia, o le pareció bien. Estamos hablando de una época en la que estaba de moda poner una mujer directiva en el comité, era muy progre aquello, estamos ya en el año 86 y estaba muy bien visto, y casi todas las empresas metieron mujeres directivas, casi todas (...) (Mujer, 46 años).

 

Otra entrevistada también abunda en una favorable coyuntura histórica para las mujeres (a la muerte de Franco) que impulsó a incluirlas en la profesión, si bien ellas contaban con excelentes requisitos curriculares[8]:

 

Las mujeres además, algunas sabíamos algo de inglés, lo cual era una novedad en esta profesión, que se sabían muy pocas lenguas, había más mujeres que habíamos aprendido algo de inglés que los hombres, por eso de que las chicas debían saber idiomas y eso también era. Luego resultaba que eras capaz de leer revistas extranjeras y darte cuenta de ver cómo lo hacían los demás, mientras que a lo mejor para compañeros tuyos no era tan fácil ¿no? Desde ese punto de vista entramos muchas mujeres a la muerte de Franco y las había en otros medios de comunicación, entramos muchísimas mujeres a trabajar en todos los campos de la información, en política, en economía, en deportes y no existía una... Cierto que ninguna era jefe, los jefes eran todos hombres al empezar, pero, poco a poco... (...) En el momento actual está peor, hubo unos años que era más fácil la promoción de la mujer, ahora está todo paralizado otra vez, no sé por qué, pero... (Mujer, 48 años).

 

MIRADAS MASCULINAS/MIRADAS FEMENINAS

(RELACIONES CON EL PODER)

 

Frecuentemente, los periodistas varones ven a sus homólogas bajo el sesgo (y situación real en bastantes casos) de lo que pudiéramos decir machadianamente: amé lo que de hospitalario hay en ellas. Veamos a este entrevistado describiendo a una mujer periodista con poder que él mismo ha nombrado, la cual refleja dicho arquetipo femenino:

 

Yo me he traído ahora de directora adjunta a una mujer. Es un elemento, no quiero que esto se entienda mal, es un elemento de equilibro para mí importantísimo, porque cuando yo me disparo, y tengo una tendencia natural a dispararme, si yo no la tuviera al lado, que me sienta aquí y me hace poner los pies en la tierra y ver lo que se puede hacer y no lo que a mí me gustaría hacer, pues... Para mi es... insisto, para mí es un elemento de equilibrio (...) Yo creo que es una cualidad de las mujeres clarísima ¿no? Clarísima, yo soy un manirroto, por ejemplo, ¿eh? A mí el dinero en la mano no me ha durado nunca nada, porque nunca he pensado en el futuro ni en lo que puede pasar. Bueno, pues si yo no tuviera una mujer, no tendría una casa, ¿eh? No sé, yo no mido esas cosas, no me preocupa, soy muy desprendido, además de manirroto soy desprendido, soy generoso, ¿no? (...) Sí, pero el factor equilibrio de la mujer para mí es fundamental (Hombre, 45 años).

 

Dicho en otro lenguaje, podría pensarse que ciertos hombres con poder estiman mucho una especie de señoritas Rothermeyer y/o amas de casa de despacho. En nuestro caso‑estudio, mujeres en altas posiciones profesionales pero sin estar en la cúspide, cómodas también para convivir/compartir parcialmente el poder masculino, lo cual podría dar pie a pensar y elaborar una singular división sexual del trabajo.

 

No obstante haber un denominador común entre las mujeres, el de una relación desigualitaria de género, por lo general, en relación al poder, se ponen de manifiesto ciertas disimilitudes a la hora de ejercerlo y/o relacionarse con él. O bien son estrategias conscientes o inconscientes de las mujeres periodistas en un mundo tan duro, según palabras de una entrevistada, que «vales lo que vale lo último artículo».

 

Explicitémoslas en breves clichés, síntesis de categorías biográficas: 1°) las «super­woman», llenas de recursos, sumamente flexibles, sin la represión/aguijón del super‑ego masculino, tienen su fortaleza en su gran energía, capacidad de adaptación y gran flexibilidad, cualidades que las llevan al logro, además de estar dichas cualidades montadas sobre unos muy considerables «inputs» de origen, como se exponen en sus trayectorias vitales. 2°) Las «machadianas». De «modestia razonable» en expresión de S. de Beauvoir, o lo que ella definió como los límites del «carácter femenino» visto por la tradición[9]. En nuestro caso de estudio, mujeres en altas posiciones profesionales pero sin estar en la cúspide, cómodas también para convivir/compartir parcialmente el poder masculino. 3°) Las marginales (las «rebeldes»). Estrellas del periodismo, individuales, figuras, más allá de la organización y de su estructura de poder. Son las más hipercríticas y lúcidas hacia sus mecanismos.

 

Significativamente esta tipología sobre el grado de criticismo hacia el poder y unas más difíciles relaciones con él (menor integración) correlaciona con el origen social de las entrevistadas.

 

A MODO DE BALANCE: INCOHERENCIA Y DISCRIMINACIÓN

 

La erosión del modelo tradicional de división sexual en todas las facetas de la vida social, en un lapso temporal muy breve para lo que suele acontecer en los procesos de cambio, arroja sobre esta faceta de la vida social toda una caterva de ambigüedades, matices contradictorios, opiniones enfrentadas que nos obliga a cribar fino y a tratar de aportar algo de claridad tanto a los hechos como a los discursos sobre género. Con este propósito hacemos la siguiente lectura sintetizada de todos los epígrafes anteriores:

 

Igualdad discursiva/divergencia fáctica. Parece imponerse la idea de igualdad entre hombres y mujeres en el plano del discurso. De tal manera que pareciera darse el siguiente desajuste: las opiniones se muestran más avanzadas de lo que acontece en la esfera de lo real, donde el desequilibrio en el reparto de altos puestos entre hombres y mujeres es muy notable y favorable a ellos.

 

Las condiciones externas como principales obstáculos. Las mujeres reúnen unos requisitos excelentes para ejercer la profesión periodística, reconocen los encuestados; es sólo las condiciones externas (menor apoyo de los departamentos y de la empresa, etc.), no su falta de cualidades profesionales, lo que las elimina de las esferas de poder en la profesión periodística.

 

Discriminación por género. Si ello es así (punto segundo) habrá que hablar de discriminación pura y dura por razón del sexo. Discriminación que se produce por el mero hecho de vivir en sociedades donde la masculinidad es un valor social «per se» y ejerce un claro efecto de violencia simbólica, cada vez más irracional y/o de difícil legitimación: 1 °) ya no puede estar fundada en la fuerza física, como en tiempos remotos, y 2°) ya no puede estar fundada en la falta de educación o de ejercicio profesional de las mujeres.

 

La masculinidad como violencia simbólica. De lo anterior, se deduce que desentrañar y dominar la violencia simbólica de la masculinidad es la gran tarea que queda para lograr la igualdad por género, y desterrar modelos sociales de masculinidad y feminidad que cada vez tienen menos base objetiva o razón de ser (v gr.: en el plano de la biología). En suma, avanzar o ganar en consciencia social al respecto, al tiempo que se toman medidas en la práctica.

 

Los códigos y la práctica del ejercicio del poder: asignatura pendiente. En la no consecución de la igualdad habría que destacar, además de la dificultad y complejidad de un cambio social de tal envergadura, lo siguiente: 1°) probablemente haber llegado al tope de lo «políticamente correcto» de igualitarismo formal y real, donde un avance más de las mujeres afecta y reduce el ancestral privilegio del poder masculino a límites difícilmente aceptables por parte de los hombres, v gr.: este fenómeno se está dando en el campo de la política, donde la legitimidad democrática (a veces el oportunismo político) tiene la meta no ya de la cuota, sino de alcanzar en breve la paridad[10]. No obstante, hay muy diversas prognosis de futuro. 2°) Los códigos de ejercicio del poder por parte de los hombres que hacen a las mujeres (y a los hombres sin poder) unos intrusos e inhábiles en dicho ejercicio, como « recién llegados» sujetos a un proceso de aculturación, hacia el arquetípico mundo profesional masculino. Dichos códigos se plasman en una organización del trabajo (y de la vida) absolutamente androcéntrica, donde casi cualquier acto se convierte en ventaja masculina y correlativa desventaja femenina, como confirman numerosas investigaciones.

 

Percepción contradictoria de la discriminación. Un dato que, en principio, sorprende, es el reconocimiento general de la discriminación contra la mujer, pero en estos términos generales. Cuando hablan personalmente tanto hombres como mujeres en las entrevistas, casi nadie, salvo excepciones, parece haberla practicado, experimentado sobre sí y observado en ejemplos concretos de su medio profesional. Tal pareciera que acontece como en un conocido dicho gallego sobre las «meigas»: «Haberlas las hay, aunque yo no las he visto»[11].

 

Diversas investigaciones sobre las élites femeninas evidencian esa percepción contradictoria de lo femenino. Por un lado, al relatar su historial profesional subrayan constantemente situaciones en estos términos: «yo era la primera ...», «yo era la única mujer en aquella revisión», «yo estaba Bola», pero a renglón seguido indican, salvo excepciones, que no han tenido consciencia de ser tratadas como una mujer, de pensar en términos de mujer, de tener problemas por ser mujer..., en suma que nunca advirtieron la diferencia. Curiosa paradoja de tener muy presente que se es única, que se es la primera y, en cambio, que ella ha funcionado perfectamente, que no la han tratado como mujer.

 

Evidentemente los superpluses que evidencian muchos «curricula» de élites femeninas, por decirlo enfáticamente, hecho que les hace ser «élites discriminadas» en términos comparativos con sus homólogos masculinos (García de León: 1994), las sitúa a unos niveles tales que pueden paliar, en parte, su condición de género. Tal vez sea ésta una razón para, de hecho, no haber sido discriminadas, o no sentir la discriminación real.

 

Ahora bien, también es cierto que muchas de esas altas profe­sionales exhiben to que en la literatura especializada se conoce como el «síndrome de la abeja reina», que tratamos en extenso en la parte tercera[12].

 

Podría decirse, en relación a dicho efecto que, salvo excepciones, en las entrevistas no se evidencia una conciencia político‑feminista, ni siquiera una conciencia histórica del tema de género, ni haber reflexionado mucho sobre ello. Es frecuen­te, en estos/as profesionales, defender el argumento, diríamos, conservador, que elide todo contexto social y habla en términos de individuo, es decir, en términos individualistas y/o sumamente meritocráticos. Son patrones mentales de pensamiento que se reproducen constantemente puesto que responden a posiciones sociales estructurales.

 

Nuevos horizontes: aculturación por género y mestizaje. Al tiempo que persisten discriminaciones difíciles de erradicar, por todos los complejos procesos que acabamos de apuntar, también se abren nuevos horizontes y perspectivas de cambio que apuntan hacia un «mestizaje», tras un sofisticado proceso de aculturación de las mujeres en las altas esferas profesionales.

 

Al igual que hay un consenso en la literatura especializada sobre el enriquecimiento y mejora de las disciplinas científicas y, en general, del saber académico, tras la irrupción en ellas del aporte de los «Women's Studies», también se piensa que el periodismo mejorará con la entrada de mujeres que corregirán el androcentrismo de la profesión, equilibrando una información y visión del mundo muy masculinizada. Se impondrá una visión plural y «mestiza» de la realidad, evitando, o al menos paliando, el actual «perio‑androcentrismo».

 

Si las mujeres estuvieran dispuestas, mejoraría un poquito todo, porque ahora mismo están copados los puestos directivos por hombres y dan una visión laboral, profesional, periodística, de la realidad muy, muy sesgada. Yo creo que mejoraríamos, o sea, mejoraría muchísimo todas las redacciones (...). De hecho, las redacciones están muy bien y son al 50 por 100 hombres y mujeres, en cambio los puestos directivos es cierto que hay un 5 por 100. Yo creo que se alejan... independientemente de que las empresas no les guste comercializadas por hombres, no les guste ni un ápice las mujeres, y entre un hombre y una mujer prefieren a un hombre, por misoginia, por cultura. Incluso el famoso tema de los embarazos, pero me parece dramático que alguien, vamos, dramático y penoso que alguien escoja a un hombre o a una mujer porque la mujer se puede quedar embarazada y el hombre no. Me parece... yo he tenido bajas por maternidad y lo he celebrado, no he pensado joe qué putada. Sí, aparte de que eso se cura con los meses. Pero vamos, que para mí jamás, jamás, jamás. Reconozco que entre mis compañeros y así me lo han dicho muchas compañeras soy una excepción. (...) Digo que las mujeres si optasen por una actitud activa se modificaría no sin... evidentemente obvio el componente machista, cultural y misógino de las empresas y de los hombres respecto de las mujeres (Hombre, 40 años).

 

En un plano más general que el de la profesión periodística, un entrevistado afirma, dando su visión del problema de cara al futuro:

 

Yo creo que es un problema social, no es otra cosa. (...) Estoy seguro que está cambiando ya y, desde luego, la generación de mis hijos va a ser distinta. Va a ser distinta, y lo veo en la relación de mis hijos con sus amigas, o sea, no tienen nada que ver, afortunadamente nada que ver (Hombre, 46 años).

 

 

 



[1]E Ortega et al., La flotante identidad sexual, Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid, 1993.

[2]Aludimos primeramente a la investigación Profesionales del periodismo (M. García de Cortázar y M a A. García de León) que hemos citado anteriormente y de la cual proceden los datos tanto de este capítulo como los del anterior, y, en segundo lugar, a F. Ortega, et al., La flotante identidad, op. cit. (a ella pertenece esa cita).

[3]Vid. más en extenso el «efecto temporal», en M. García de Cortázar y M á A. García de León, Profesionales del Periodismo, op. cit. No obstante, veamos cómo ve esta catedrática el proceso: «Que no estemos las mujeres en lo alto de la profesión creo que se debe básicamente a dos cosas: una que somos miedosas, dos a que nuestra carrera académica va más lenta por el hecho de que tenemos hijos y para cuando nos damos cuenta, las plazas están ocupadas (...). Ellos llegan antes que nosotras. Nosotras como ya anticipamos eso, como ya vemos que no vamos a llegar porque queremos tener hijos, explícitamente renunciamos, es decir: "pues no vamos a llegar", no se respeta el hecho de decir: "como la mujer va a llegar más tarde, deja unas plazas para que ella cuando llegue, llegue ". Para cuando llega ya están ocupadas» (Catedrática).

[4] Definimos como el efecto halo de la domesticidad la expansión del estereotipo femenino de «cargas familiares» a toda la condición femenina y sin distinguir grados de cargas, lo cual encubre una visión irreal y prejuiciosa hacia la condición y disponibilidad de tiempo de bastantes mujeres profesionales.

[5]El lector interesado puede consultar sobre el medio televisivo esta polémica obra de P Bourdieu donde, en convergencia con nuestra entrevistada, pueden leerse consideraciones sobre la banalidad del conocimiento periodístico o frases como la siguiente: «Los periodistas son a veces peligrosos: como no siempre son muy cultos, se asombran de cosas que no tienen nada de extraordinario y permanecen indiferentes ante otras que son absolutamente portentosas.» vd. P Bourdieu, Sur la télévision, París, Liber Editions, 1996 (trad. esp.: Sobre la televisión, Barcelona, Anagrama, 1977).

[6] Imágenes cruzadas entre géneros y pugna pueden observarse en esta noticia: «Una directora encrespa a la prensa británica. Los periodistas de The Independent on Sunday, junto a otros colegas, reciben de uñas a su nueva jefa»: Janet Street‑Porter, la nueva directora del rotativo británico The Independent on Sunday, provoca algo más que sentimientos encontrados entre sus colegas. Quienes la aprecian escogen con cuidado sus palabras para definirla como una profesional «original y vivaz». Sus críticos la consideran demasiado «intensa y voluble». Para sus enemigos, y su reciente nombramiento ha destapado unos cuantos, es una mujer incapaz de editar siquiera « un billete de autobús» (...). En 1995 y durante una conferencia pronunciada en pleno Festival de Televisión de Edimburgo, dijo sin vacilar que el medio estaba lleno de «gente M». Al explicarse mejor, sus antiguos jefes de la cadena pública no pudieron evitar sonrojarse. «Todos son varones (male), maduros (middle‑aged), con tendencias masónicas (masonic), menopáusicos (menopausal) y enfermos de mediocridad (mediocre)», aseguró. El País, 11‑VII‑99.

[7] Datos sobre la abundancia de « inputs» necesarios para que una mujer llegue al éxito profesional han sido observados en numerosas investigaciones. Por sólo citar una reciente, «Comparative Leadership Study» para el caso de la élite masculina y femenina en el campo político, burocrático y económico. Mª A. García de León, directora de la parte española, M. Vianello y G. Moore, directores de la investigación internacional que reúne a casi treinta países, publicada bajo el título Gendering Elites, Nueva York, MacMillan Press, 2000

[8] 8El conocimiento de lenguas extranjeras que poseen, o al menos poseían en mayor medida, las mujeres periodistas, es un dato netamente característico de la educación de las élites, y es un dato más que confirma nuestro diagnóstico de una gran y diferencial sobreselección social de las altas profesionales respecto a sus iguales (colegas masculinos) en la profesión, lo que las convierte en esta deliberada paradoja: «élites discriminadas» (García de León, 1994).

 

[9] Vid. S. de Beauvoir, El segundo sexo, México, EC.E., 1974.

[10] El lector interesado en profundizar estos aspectos podrá consultar la didáctica obra dirigida por Celia Amorós, 10 palabras clave sobre Mujer, Pamplona, E.D.V, 1998.

[11]Un dato más que avala la existencia de discriminación de las mujeres en esta profesión es el hecho de que se hayan visto obligadas a constituir la Asociación de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación (AMECO), cuyos objetivos fundacionales incluyen tanto las reivindicaciones genéricas de las mujeres como las específicamente profesionales: «1°) incrementar a través de los medios de comunicación el protagonismo e influencia de las mujeres en la sociedad y sus centros de dirección. 2°) Promover una imagen real y positiva de la mujer en los medios. 3°) Defender la igualdad de oportunidades en el acceso a los puestos de dirección y decisión en los medios. 4°) Desarrollar y potenciar la carrera de las mujeres profesionales en los medios en su actividad laboral», entre otros objetivos. Por otro lado, autoras como Concha Fagoaga y Rita Radl han denunciado el trato discriminatorio de los medios a las mujeres.

[12] Vid. S. Baster y M. Lansing sobre el «Queen Bee Syndrome», en Women and Politics, The University of Michigan Press, 1983, pág. 132.