El paradigma de la sustentabilidad: perspectiva ecologista y perspectiva de
género. El movimiento de mujeres,
indígenas y ecologistas se han destacado por sus aportes conceptuales que sin
duda constituyen elementos claves para una potencial convergencia paradigmática
hacia “otro mundo posible”. (Sara Larraín)
Fuente: REVISTA MUJER SALUD / RED DE SALUD DE LAS MUJERES LATINOAMERICANAS Y DEL CARIBE ; RSMLAC 4/2004
Subió a conferencia el 05 de Agosto del 2005
El paradigma de la sustentabilidad:
perspectiva ecologista y perspectiva
de género
Sara Larraín
La autora es directora del Programa Chile
Sustentable (http://www.chilesustentable.net). Este artículo fue publicado en
Polis, Revista Académica de
Esta revista, de amplia circulación en el
mundo académico chileno y regional, tiene una versión impresa y también en
línea, en la siguiente dirección: http:// www.revistapolis.cl/
donde se puede acceder a todos sus números y artículos.
Los principales movimientos sociales a nivel
mundial han aportado concepciones fundamentales para la democratización y la sustentabilidad (1)
de nuestras sociedades en el marco de la globalización económica
neoliberal. Entre ellos, algunos como el movimiento de mujeres, indígenas y
ecologistas se han destacado por sus aportes conceptuales en el ámbito de la
equidad de género, la autodeterminación y la sustentabilidad,
que sin duda constituyen elementos claves para una potencial convergencia
paradigmática hacia “otro mundo posible”.
Muchos actores de estos movimientos, aunque
no la totalidad de ellos, han posicionado sus reivindicaciones y propuestas en
el marco del desarrollo, la acción política y los proyectos de convivencia y de
sociedad.
Específicamente entre el movimiento
feminista y ecologista, y entre el movimiento
indígena y ecologista, se percibe
un gran potencial de articulación tanto en sus fundamentos conceptuales como
programáticos; sin embargo, si bien se ha avanzado en el diálogo y convergencia
entre ecologistas e indígenas en la región sudamericana, no se ha iniciado en
la región aún un intercambio sistemático que permita evidenciar y articular el
potencial de convergencia entre ecologistas y feministas. El hecho de que parte
importante de los actores del movimiento ecologista sean mujeres, implica una
identidad de género la cual, sin embargo, no asegura una convergencia de
paradigmas ni una articulación en las estrategias.
El marco de la sustentabilidad
contempla componentes de enorme potencial ético y político para el
fortalecimiento y articulación de las agrupaciones ciudadanas, tales como la
concepción de las personas -tanto hombres como mujeres- como sujetos de
derecho; la coherencia entre las concepciones de lo público y lo privado en un
marco de “bien común”; la coherencia entre la equidad y la democracia en los
ámbitos de la convivencia social, entre los géneros y las generaciones, entre
las culturas y los territorios. También aporta con una nueva crítica al paradigma
patriarcal, autoritario en lo político, dominante en las concepciones de
desarrollo, y tecnocrático en la concepción de
futuro.
La reflexión, diálogo y debate sobre los
principios que deben orientar el desarrollo de sociedades sustentables es una
tarea prioritaria en el actual contexto de globalización económica neoliberal.
La traducción de estos principios en códigos de conducta y prácticas de
gestión, económica, social, ambiental y política para los actores públicos y
privados, es la forma de operativizar la sustentabilidad. Dicha operativización
requiere alianzas y articulaciones de los actores, para confrontar a los
actores del mercado obsesionados con el logro del crecimiento sostenido del PIB
mediante mecanismos de sobreexplotación del patrimonio natural y la persistente
externalizacion de los costos sociales y ambientales.
Enfrentar el desafío de cambiar el curso del modelo imperante requiere
articulación y consensos ideológicos y programáticos entre los diversos
movimientos sociales. Para ello necesitamos explicitar los marcos
ético-políticos de dichos movimientos.
El presente texto pretende, desde la
perspectiva ecologista, explicitar los principios del paradigma de la sustentabilidad, e identificar complementariedades con la
perspectiva de género. Al mismo tiempo, explicitar los desafíos pendientes
entre ambas perspectivas para articular su acción social y política, y para
generar procesos de construcción de paradigmas alternativos al modelo de
desarrollo vigente.
En Chile, entre 2001 y 2004 se han
desarrollado diversas instancias de diálogo entre el movimiento ecologista y de
mujeres sobre los paradigma de género y de sustentabilidad;
sus posicionamientos frente a la globalización, y sus concepciones sobre acción
política y fortalecimiento de la ciudadanía (2).
Hoy se requiere ampliar estos debates entre
ambos movimientos y con otros sectores sociales, para fortalecer un marco común
de confrontación ideológica con los fundamentos de la globalización neoliberal;
y, al mismo tiempo, aportar la diversidad de perspectivas y paradigmas que
sustentan los movimientos sociales.
Desde el paradigma de la sustentabilidad,
que fundamenta las propuestas y acción ecologista, podemos identificar tres
desafíos cruciales para sustentar a las comunidades humanas en nuestro planeta
que es limitado: dar sustentabilidad a la especie
humana en un planeta limitado; dar sustentabilidad a
las sociedades humanas; y dar gobernabilidad democrática a las sociedades
humanas dentro del sistema planetario (3).
Dar
sustentabilidad a la especie humana en un planeta
limitado
El primer desafío que enfrentamos es
posibilitar la sobrevivencia de nuestra especie
dentro de los límites biofísicos del planeta, reconociendo y visibilizando la
existencia de tales límites. Este desafío supone una transición desde la
perspectiva antropocéntrica hacia la perspectiva de la sustentabilidad,
ubicando a las sociedades humanas dentro de un sistema natural mayor, que es el
sistema
biofísico planetario.
Este sistema planetario en que estamos inmersos
posee limitaciones físicas y cuenta con recursos finitos, estructurados en
sistemas físicos y biológicos conectados entre sí y destructibles. Los diversos
subsistemas que integran este sistema mayor se caracterizan por su diversidad,
equilibrio, complejidad y fragilidad. Entonces, el desafío que enfrentamos si
queremos sobrevivir como especiees aprender a vivir
dentro de esos límites y características biofísicas del sistema que nos
alberga. Esta evidente realidad debe ser el punto de partida fundamental para
nuestros sistemas económicos, tecnológicos, sociales y políticos. Por cierto,
el reconocimiento de la importancia de la sustentabilidad
y la necesidad de resguardar el equilibrio en el sistema planetario, no
significa cerrar la posibilidad de buscar la ampliación de las potencialidades
planetarias a través del conocimiento y la tecnología, ni impide la utilización
de estas potencialidades.
El desafío de reconocer e internalizar la existencia de límites es crucial para la
especie humana, a fin de asegurar la preservación de un planeta sano y un
sistema de conocimiento adecuado sobre éste, para posibilitar la subsistencia
de futuras generaciones.
Dar
sustentabilidad a las sociedades humanas
Este desafío dice relación con el acceso
equitativo de las sociedades, comunidades y personas a los recursos necesarios
para una vida digna. Esto es, asegurar condiciones comunes e igualitarias, que
permitan el ejercicio de derechos humanos básicos: civiles, políticos,
económicos, sociales, culturales (DESC) y de los pueblos, para la satisfacción
de necesidades a través del tiempo.
Para ello se requiere resolver los desafíos
distributivos (en cuanto a ingresos, recursos, oportunidades y medios de vida
en general) para alcanzar la equidad social y asegurar los derechos de
subsistencia de las personas, los pueblos y las comunidades.
La convergencia distributiva de los recursos
naturales y de servicios ambientales disponibles debe realizarse en base a
cuatro criterios:
• Reconocimiento de la equidad de derechos
básicos per cápita.
• Adopción de parámetros de dignidad,
estableciendo los límites sociales permisibles (mínimos y máximos de consumo y
acceso a los recursos) en base a “cuánto es suficiente” para una vida digna
(4).
• Promoción de estilos de bienestar posibles
de ser universalizados, en lugar de estilos de vida inviables desde el punto de
vista de la sustentabilidad ambiental y la equidad
social.
• Reconocimiento de las necesidades de las
demás especies y de la especie humana en el futuro, a fin de no repartir (y
agotar) la totalidad de recursos en el presente.
Para alcanzar una mayor equidad social,
resulta fundamental la erradicación de todas las formas de discriminación que
atenten contra el ejercicio de derechos por razones de sexo, etnia, raza, edad,
religión u otras, que afectan y marginalizan a
amplios sectores de la población.
Adicionalmente, se requiere asegurar los
derechos de subsistencia de las personas, sus comunidades y pueblos: es
necesario conservar la diversidad de razas, formas de conocimiento, formas de
organización, cultura y patrimonio, teniendo en cuenta que la riqueza de las
sociedades humanas y los individuos que
las conforman radica en su
diversidad y complejidad.
Dar
gobernabilidad democrática a las sociedades humanas
La sustentabilidad
requiere coherencia entre las necesidades humanas y la política, razón por la
cual resulta fundamental la participación directa de los diferentes sectores de
la población en las decisiones que afectan o condicionan su futuro, el de sus
comunidades, sus recursos, su entorno y su cultura.
La gobernabilidad de las sociedades humanas
requiere el reconocimiento y ejercicio del derecho de todas las personas a ser
actores en la definición de su propio desarrollo. Esto significa, por ejemplo,
asegurar el poder de decisión de las comunidades locales y todos/as sus
integrantes sobre su territorio, sus actividades productivas y reproductivas,
el uso de sus recursos, el modelo de desarrollo al cual quieren poner en
servicio esos recursos, etc.
Además, la gobernabilidad requiere reconocer
el derecho de las futuras generaciones a subsistir en condiciones de dignidad,
a disfrutar de los recursos presentes y de un ambiente saludable. Por ello es
necesario que los proyectos de desarrollo locales, nacionales
y regionales, integren en su base criterios de solidaridad y
reciprocidad, y sean capaces de asegurar en el largo plazo la productividad y
equilibrio de los ecosistemas.
Por otra parte, resulta evidente que la
construcción de sociedades sustentables no puede llevarse a cabo a través de un
programa global impuesto desde organizaciones globales, como Naciones Unidas.
Por el contrario, este es un proceso que debe apoyarse desde lo local,
adoptando un paradigma de desarrollo cuyas raíces fundamentales están en los territorios.
Por tanto, se requiere un nuevo modelo de gobernabilidad y cambios en la escala
de los sistemas.
Los sistemas democráticos actuales no están
siendo capaces de responder a este desafío. Por ello, resulta fundamental
promover la descentralización, localización, transparencia, y participación
directa de la sociedad civil en la toma de decisiones. Actualmente no hay
condiciones políticas de gobernabilidad democrática y, por lo tanto, los
escenarios para revertir procesos que atenten contra la sustentabilidad
de las sociedades humanas y del planeta pasan por la descentralización. Esto
implica no solamente desconcentrar o distribuir poderes, sino replantearnos los
mecanismos de representación y promover un significativo cambio en las escalas
de evaluación y planificación, con énfasis en el nivel local.
Desafíos
de la sustentabilidad en el contexto internacional
Los desafíos de la sustentabilidad
frente al proceso de globalización vigente y al modelo neoliberal imperante,
requieren supeditar los mecanismos de mercado al resguardo del medio ambiente y
al respeto y ejercicio de los derechos humanos, sociales, laborales y
ambientales, reconocidos en los sistemas normativos nacionales y en Naciones
Unidas. Hoy día este reconocimiento implica declaración de principios, pero su operativización está en franco retroceso frente al proceso
de globalización neoliberal. Un primer paso sería lograr la preeminencia de los
acuerdos y declaraciones de Naciones Unidas sobre el sistema de Bretton Woods, que significaría
–por ejemplo- la preeminencia de los acuerdos ambientales multilaterales por
sobre los marcos impuestos por
También en el ámbito internacional se
requiere establecer un nuevo tipo de cooperación entre los Estados y un sistema
financiero orientado a financiar la sustentabilidad,
lo que obviamente no existe. Si se revisan las recientes reuniones de
financiamiento para el desarrollo (antes y después de
Adicionalmente, se necesitan nuevos
instrumentos económicos funcionales a la internalización
de costos sociales y ambientales de las actividades económicas. Los fondos
recaudados con la internalización de estos costos
aportarían al objetivo de una mejor distribución de los ingresos, pero los
actuales instrumentos económicos producen el efecto contrario: externalizan estos costos y promueven la competencia en
base a “ventajas comparativas”, que se producen, precisamente, a costa de la externalización de costos. Tal es el caso de la industria agroexportadora nacional, cuyos costos de producción son
asumidos por el medio ambiente y las trabajadoras, con graves consecuencias
sobre su salud y su calidad de vida.
El
potencial ético y político de la perspectiva de género y la sustentabilidad
El marco de la sustentabilidad,
así como la perspectiva de género, tienen un potencial ético-político
fundamental vinculado a una redefinición de la ciudadanía sobre la base de la
equidad social, la igualdad de oportunidades, la protección de los ecosistemas,
la profundización democrática, etc. Desde ambas visiones, estamos redefiniendo
los objetivos éticos de la política y, por lo tanto, su articulación es un
aporte enormemente importante los desafíos que enfrentamos hoy día en el marco
de la globalización.
Junto con ello, es preciso reconocer que los
movimientos sociales y la sociedad civil requieren construir una agenda
compartida vinculada a lanoción de bien común y
democracia, aportando una visión y una cultura capaz de avanzar hacia
sociedades sustentables. La sinergia producida por la articulación de los
movimientos ecologista, feminista, de derechos humanos, indigenista y otros
-especialmente en el ámbito internacional ha permitido posicionar nuevos temas
de discusión, mitigar los impactos de la globalización y detener (o al menos,
contener) procesos de liberalización que atentan contra los objetivos de la sustentabilidad socio-ambiental.
Por cierto, advertimos distorsiones y
obstáculos estructurales dentro del mismo marco de la sustentabilidad
que detentan los Estados. Tal es el caso de la evidente contradicción entre el
desarrollo sustentable y la premisa del crecimiento económico como estrategia
única e incuestionable para alcanzar este desarrollo. Ello implica, obviamente,
una homologación de la sustentabilidad con el
crecimiento sostenido del producto interno bruto o del PIB, lo que es
absolutamente contradictorio con el reconocimiento de los límites del planeta,
los desafíos distributivos, la descentralización del poder, etc. Si aceptamos
la condición del crecimiento económico sostenido, tenemos que olvidarnos de la
protección ambiental, la equidad social y la participación democrática, como
nos demuestra la experiencia nacional e internacional. Cifras oficiales (del
propio BID y Banco Mundial, entre otros organismos) evidencian que durante la
última década se ha producido un aumento sostenido de la pobreza global,
reducción del patrimonio y capital natural y degradación de los sistemas
democráticos. Las cifras de reducción de patrimonio en países en transición
como Chile, equivalen a entre 3 y 7% del PIB anual. Por lo tanto, si el país
crece entre 4 y 5% en promedio o menos, al restarle la pérdida de patrimonio
tenemos un crecimiento regresivo (entre –3% y –1%) en términos reales.
A ello se agrega que las políticas
económicas han promovido la competitividad como vehículo principal para el
logro del crecimiento, en términos del incremento sostenido del Producto
Interno Bruto (PIB). Esta competencia ha significado la externalización
de costos ambientales y sociales:
flexibilización laboral, sacrificio del
patrimonio local, concentración del consumo y la riqueza y, obviamente, amenaza
a las generaciones futuras. Para avanzar hacia la sustentabilidad,
se requiere transitar desde la libre competencia, hacia la solidaridad
subsidiaridad.
Potencial
ético-político y definición ética de la ciudadanía
La opción por el desarrollo sustentable
implica una definición ética de la ciudadanía: esto es una opción por la
equidad social, por la sustentabilidad ambiental y
por la profundización democrática. Ello también fortalece el posicionamiento de
los ciudadanos en la lógica del bien común, como factor de sustentabilidad
y gobernabilidad; y, al mismo tiempo, enriquece y fundamenta una visión crítica
de la lógica neoliberal dominante en las actuales opciones de desarrollo.
La relevancia política del marco de la sustentabilidad está dada principalmente por sus fundamentos éticos en base al bien
común y su potencial de articulación, tanto de agendas sectoriales, como de
diversos movimientos sociales.
El paradigma de la sustentabilidad,
al integrar en sus dimensiones lo social, lo ambiental y lo político, expresa
claramente la necesidad de una transición desde las agendas puramente sociales
o ambientales hacia una agenda sistemática e integrada. Es un marco que también
estimula una mayor articulación entre propuestas sectoriales a nivel del
territorio, sea este local, regional, nacional o supranacional.
Esto puede facilitar el avance desde agendas
temáticas aisladas, hacia una agenda común de los movimientos sociales. Al
integrar y superar las formas integración tradicional de las agendas
sectoriales, el marco de la sustentabilidad es factor
de una nueva articulación temática y de generación de agendas compartidas. Por
ello contribuye a la construcción de una identidad común entre diversos líderes
y movimientos sociales. Presenta la oportunidad de generar un actor ciudadano
para el logro de cambios globales; una agenda social, ambiental y política
integrada. Esta agenda común posibilita el compartir visiones y acordar
estrategias para objetivos comunes, aportando fortalecimiento y visibilidad de
las agendas de las organizaciones ciudadanas; y por tanto, mejora también sus
posibilidades de incidencia política.
Convergencia
entre paradigmas y perspectivas
Desde una mirada ecologista existe un amplio
potencial de convergencia entre los paradigmas de género y sustentabilidad,
y las perspectivas del movimiento ecologista y el movimiento de mujeres. Las
principales son: la concepción sobre los seres humanos, el cuestionamiento del
paradigma patriarcal, y la búsqueda de coherencia entre lo público y lo
privado; la coherencia entre la equidad y la democracia entre géneros,
generaciones, culturas y territorios.
El
ser humano. La concepción de las personas –tanto hombres como
mujeres – como sujetos de derechos sociales, económicos, políticos, ambientales
y culturales, me atrevo a decir, es coincidente en términos generales en ambos
movimientos, aunque destaca en el movimiento de mujeres la mirada desde el
género femenino en su naturaleza individual y colectiva, y por ello el énfasis
es siempre de tono reivindicativo en la búsqueda de igualdad, en relación al
ejercicio de derechos frente a lo masculino. En la mirada ecologista, el
énfasis esta puesto en la relación de la especie humana con la naturaleza, y su
mirada se dirige a la persona humana como colectivo y
en las relaciones sociales, culturales, políticas y económicas en un sistema
biofísico mayor que sustenta a la especie humana, y que también la significa
culturalmente. Creo que la convergencia general en la concepción del ser humano
entre ambos movimientos, y la diversidad de sus enfoques tiene un potencial de
complementariedad que puede enriquecer notablemente a ambos.
Lo
público y lo privado. Desde mi perspectiva, ambos movimientos valoran,
buscan y reivindican como demanda, la coherencia entre las concepciones de lo
público y lo privado. La mirada desde el movimiento ambiental es más de escala,
y su énfasis está centrado en el comportamiento responsable con el ambiente y
la naturaleza, buscando una relación de reciprocidad y cooperación entre las
comunidades humanas y los otros sistemas vivos que constituyen la naturaleza y
la realidad biofísica del planeta. La concepción feminista se concentra al
interior del ámbito social, especialmente en los ámbitos institucionales,
organizativos y muy especialmente en la familia y luego en el ámbito público,
donde establece una mirada y una acción desde el ejercicio de derechos y las
relaciones de poder.
El
ejercicio de la igualdad. Los marcos conceptuales del movimiento ecologista y
feminista presentan, desde mi perspectiva, una clara coherencia entre equidad y
democracia en los ámbitos de la convivencia entre los géneros, las
generaciones, las culturas y los territorios. Sin embargo nuevamente en el
ámbito feminista hay un énfasis en la emancipación del actor femenino por sobre
los otros ámbitos, especialmente porque se parte de un marco donde la mujer
está en desventaja estructural. El movimiento ecologista aporta en este ámbito
una ampliación de los sistemas sociales hacia los sistemas vivos, con una clara
presencia de la noción ecosistémica y las funciones
de complementariedad de los organismos vivos en dicho sistema, complejizando así el ámbito de las relaciones humanas, de
las relaciones económicas y culturales. Además, establece en esta área una
relación de complementariedad paradigmática entre la diversidad cultural y la
diversidad biológica, lo que relativiza las concepciones tradicionales de lo
humano y lo natural y la concepción epistemológica cartesiana y las relaciones
sujeto-objeto. Algunas corrientes del movimiento avanzan en esta línea hacia
una noción de derechos de los demás seres vivientes, y por extensión hacia una
nueva relación con la naturaleza.
El
poder y la política. La concepción de ambos movimientos sobre el poder y la
política contienen un cuestionamiento del paradigma patriarcal, autoritario en
lo político, dominante en lo social y territorial. El énfasis de la crítica al
poder y a la actual práctica política desde el movimiento feminista se
concentra en la confrontación entre géneros y las relaciones de poder entre
estos al interior de la sociedad, y prioriza el desafío de la igualdad y la
distribución del poder. En cambio el movimiento ecologista parece tener una
crítica estructural en relación a la concepción de democracia y los sistemas
políticos; focaliza su crítica en la concentración y centralización del poder,
y la intervención y manejo instrumental de los seres humanos y la naturaleza.
El movimiento ecologista explicita, además, una crítica a nivel de los
imaginarios, cuestionando el paradigma patriarcal como economicista,
tecnocrático y mecanicista en la concepción de futuro
e incluye una disputa en la concepción de futuro anteponiendo un imaginario ecocentrista, descentralizado y horizontal como
contrapuesto a la construcción patriarcal de futuro en base a una concepción e
intencionalidad antropocentrista y materialista.
Potenciales
divergencias
Posicionamiento
frente al paradigma tecnológico-modernizante. Existen divergencias entre ambos
movimientos sobre la tecnología que, desde mi perspectiva, se deben a que el
movimiento ambiental, y especialmente el sector ecologista, tiene una crítica
profunda al paradigma tecnológico tanto en su sustento epistemológico
positivista y racionalista, como por su implementación materialista y
mecanicista; y por tanto su rol en relación a la sociedad humana y a la
naturaleza y su concepción de futuro. En este contexto incluso la crítica
ecologista se focaliza hacia tecnologías específicas tales como la nuclear y la
biotecnología, pues estas, entre otras, concentran paradigmáticamente
tendencias opuestas a las concepciones ecologistas.
El movimiento de mujeres valora el paradigma
tecnológico en aspectos particulares, especialmente vinculados a la
democratización de la información y de las relaciones; y como factor de
liberación de las mujeres de tareas tradicionales vinculadas a lo doméstico.
Este último es relativizado por los ecologistas en el sentido de que si bien es
cierto la tecnología libera tiempo y esfuerzo de trabajo a la mujer, no
necesariamente aporta una concepción distinta de lo femenino, constituyéndose
en una modernización y sofisticación del mismo rol doméstico femenino bajo un
paradigma patriarcal modernizado.
Apuesta
a las escalas. Si bien hay una coincidencia general entre el
movimiento ecologista y el movimiento de mujeres en relación a la
descentralización del poder, no existe una discusión en torno a cómo se
traslada esta descentralización a dimensiones de escala social o territorial,
como por ejemplo a los ámbitos de
desarrollo local o global, o a las opciones de estructuración
institucional. Pareciera existir una tensión en el movimiento feminista entre
la superación del espacio de lo privado –el espacio familiar – y el espacio de
lo público, como consecuencia de los desafíos de emancipación femenina
asociados al ingreso a lo público, y a una valoración de lo público y lo global
como parte del itinerario de emancipación y empoderamiento femenino. En el
movimiento ambiental, la descentralización en la toma de decisiones implica una
opción estructural de asignar voluntad y ejercicio de derechos e identidad a
todos los actores, en un marco de valoración de la diversidad de identidades y
voluntades desde los niveles de pequeña escala. Por ello privilegia la
construcción institucional horizontal como articulación entre iguales. Este es
el trasfondo de su opción por privilegiar lo local, y simultáneamente la
articulación entre las sociedades y los territorios. Este es el fundamento de
su opción por la autonomía local y nacional por sobre las hegemonías
internacionales o globales.
Su concepción de lo internacional es más
bien complementariedad y cooperación entre la diversidad de culturas y
sociedades que ocupan un espacio compartido. La concepción ecosistémica,
y las complementariedades entre diversas formas de vida en dichos sistemas
aporta al movimiento ecologista este marco de integralidad
entre persona/territorio y persona/planeta, hecho que implica la ubicación de
los sistemas sociales en un marco mayor de los sistemas territoriales.
Estrategias
de incidencia política. Si bien es cierto que ambos movimientos contienen en
su interior tendencias más reformistas y más radicales, y sectores que han
optado por estrategias más institucionales o movimientistas;
y que sus actores reconocen que ambas estrategias son complementarias para el
avance de sus agendas, es posible constatar una tendencia más reformista en el
movimiento feminista y una mayor integración de sus actores a la
institucionalidad del Estado. Dicha integración puede ser parte de una trayectoria
política históricamente más dilatada que la del movimiento ambiental; pero en
mi percepción contiene también una visión de menor crítica estructural y
mayores demandas de integración de la perspectiva de género, inclusión de las
mujeres aún en el paradigma dominante. Y por tanto, se concentra en los
aspectos sociales y políticos en relación al paradigma de desarrollo vigente.
Esta vertiente del movimiento feminista tiene su contraparte en el movimiento
ambiental reformista cuyo desafío es integrar el factor ambiental en el actual
modelo de desarrollo, con el objetivo de mitigar sus impactos en el medio
ambiente. Para el movimiento ecologista en su vertiente más radical ello parece
ambiguo, en la medida que el movimiento sustenta una crítica al modelo de
desarrollo vigente desde un paradigma basado en otros principios, y donde la
dimensión ambiental no solo implica el uso sustentable de los recursos
naturales y la protección de sistemas biofísicos, tales como la atmósfera o el
clima, que mantienen la vida en el planeta, sino como una dimensión que afecta
e incluye lo social, lo político, lo económico y lo cultural; y que por tanto
vincula indisolublemente los sistemas sociales y culturales con los sistemas
naturales.
Imaginarios
sociopolíticos. Desde mi perspectiva, lo que juegan los movimientos
sociales emergentes, tales como feministas y ecologistas, es la posibilidad de
incidencia pública para aportar y lograr legitimar sus demandas, concepciones y
propuestas, en un marco de ejercicio de derechos, y de cuestionamiento y
disputa de las actuales hegemonías desarrollistas y su expresión política. Es
tarea pendiente de ambos movimientos iniciar un proceso de formulación
consciente de sus imaginarios sociopolíticos. En dicho proceso la discusión
sobre el paradigma tecnológico-modernizante, la persona y el territorio, las
concepciones sobre el ejercicio de la igualdad, de lo privado y lo público, la
apuesta a las escalas, así como las concepciones del poder y la política, son
tareas absolutamente fundamentales. Tomando en cuenta el estado actual del
debate sobre los imaginarios sociopolíticos de ambos movimientos, me atrevo a
decir que existe más coincidencia de visión entre los sectores reformistas y
radicales de ambos movimientos que al interior de los mismos movimientos entre
sus tendencias “conservadoras” y “progresistas”.
Esto se percibe especialmente en sus
concepciones sobre lo social y lo político. Creo que el mayor desafío en la
profundización está en los aspectos económicos, ambientales y culturales. En
este marco veo dos dimensiones importantes de focalizar. Por un lado, las
concepciones de género y de sistema y, por otro, de paradigmas antropocéntricos
y cartesianos y paradigmas ecocéntricos y sistémicos.
Para finalizar, cabe destacar que actualmente
el concepto de sustentabilidad no sólo tiene miles de
definiciones, sino también existe una clara diferenciación política entre la
definición oficial (o gubernamental) y la de los movimientos sociales.
Adicionalmente, la definición empresarial o del mercado la conceptualiza como
la posibilidad de sostener el crecimiento de la economía (el PIB) en términos
exponenciales, lo que claramente es contradictorio con los límites físicos del
planeta. Asimismo, la perspectiva de género en su operativización
social y política tiene diversas interpretaciones, algunas de ellas más
críticas y otras más conservadoras respecto del modelo de desarrollo. La
convergencia entre las posiciones que aspiran a una sociedad más justa,
equitativa, democrática y respetuosa de los límites del planeta, se da entre
los sectores más progresistas dentro de cada movimiento, y resulta fundamental
para el fortalecimiento político de los movimientos sociales y la consecución
de sus objetivos. La diversidad de perspectivas que aportan los paradigmas y
marcos conceptuales de los distintos movimientos sociales son sin duda la base
de la riqueza, estabilidad y sustentabilidad
democrática de los nuevos sistemas políticos que se están generando a inicios
del siglo XXI.
Notas:
1. El concepto de desarrollo sustentable fue
oficializado a nivel gubernamental a partir de
2. Chile Sustentable, Instituto de
3. Larraín, Sara. Globalización y Sustentabilidad:
los desafíos después del 11. Programa Chile Sustentable, noviembre 2001.
4. Esto supone una renegociación de la sustentabilidad ambiental y social entre los países del
norte y del sur, como también al interior de los países, reconociendo el
problema de sobreconsumo en los sectores acomodados y
subconsumo en los sectores empobrecidos y marginalizados. En este sentido, los parámetros e
indicadores tradicionales de pobreza y equidad resultan insuficientes. Se
requiere una redefinición de lo que entendemos por bienestar y dignidad, en
base a parámetros que identifiquen cuánto es suficiente (en términos de mínimos
y máximos) para una vida digna.
5. Las partnerships son alianzas bilaterales entre sector público y privado, adoptadas
desde