Movimientos sociales y comunicación. (Por Osvaldo León)
Subió a Conferencia el 25 de enero del 2005.
Fuente: ALAINET
http://alainet.org/active/show_text.php3?key=7434
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El
Foro Social Mundial, el inédito proceso articulador de la esperanza de la
humanidad de cara al flagelo del neoliberalismo, tendrá su quinta cumbre en
Porto Alegre – Brasil-, del 26 al 31 de enero, con una programación y
metodología que propician la convergencia de las actividades e iniciativas
propuestas por las entidades y organizaciones participantes.
Todo
indica que será un cónclave diferente a los anteriores, pues en el corto
recorrido -apenas cuatro años de existencia- ha logrado anclarse como un proceso
que se expresa en foros locales, nacionales, regionales y temáticos que desde
sus particularidades se empeñan en descifrar los problemas que se derivan de la
exorbitante concentración de la riqueza, del poder y del saber, y el
consecuente incremento de la exclusión social y geográfica -que resultan de la
globalización capitalista en curso-, con la convicción de que "otro mundo
es posible".
Es
en ese sentido de proceso que el Foro ha encontrado su dinamismo y energías
multiplicadoras. Cabe recordar que tras los atentados del 11 de septiembre 2001
en Nueva York, al FSM le llegó un mensaje de
defunción por parte del Wall Street
Journal, que anunció en titulares: "¡Adiós,
Porto Alegre!". Dos años después, una crónica en el New
York Times reconocía que "existen dos
superpotencias en el mundo: los Estados Unidos y la opinión pública
mundial", tras las multitudinarias movilizaciones impulsadas a partir del
FSM que se registraron en las calles del mundo entero, el 15 de febrero de
2003, en rechazo a la guerra que para entonces se alistaba contra Iraq.
En
esta caminata, la comunicación ha logrado afirmarse como uno de los desafíos
estratégicos a encarar. Entre otras razones, porque cada vez queda más claro
que la lucha por la democratización de la comunicación no puede quedarse
circunscrita a quienes de una u otra manera están vinculados a este campo,
porque es una bandera que concierne al conjunto de la sociedad; después de todo
se trata de un asunto de ciudadanía y justicia social. En esta perspectiva, destaca
la atención que los movimientos sociales están dedicando paulatinamente a esta
problemática. Porto Alegre 2005 puede ser un momento clave para afirmar y
avanzar en esas convergencias, y en la necesaria construcción de la agenda
social de comunicación.
Una
de las expresiones de esta nueva realidad es la "Minga Informativa de
Movimientos Sociales", animada por una decena de destacadas coordinaciones
y redes sociales de las Américas, que básicamente
apunta a que las organizaciones que la integran puedan decir su palabra en
primera persona y por un canal propio (www.movimientos.org). Pero además, y
sobre todo, a formular colectivamente políticas de comunicación, en los
diversos niveles -desde lo local a lo global-, como ingrediente central de sus
agendas y proyectos alternativos. En esta perspectiva, en la programación
oficial del FSM, ha inscrito el taller denominado "construyendo una agenda
informativa de movimientos sociales", a realizarse el día 29, en el
espacio Comunicación (D102), en la primera jornada de la mañana.
Como
en las ediciones anteriores del FSM, la "Ciranda"
(www.ciranda,org) será el paraguas del espacio colaborativo para la cobertura de los diversos medios y comunicador@s independientes. En materia de reflexión y
debates, consta la realización del "Primer Foro Mundial de la Información
y la Comunicación"; como también la programación
(www.movimientos.org/foro_comunicacion) de la Campaña por los Derechos de la
Comunicación (CRIS, por sus siglas en inglés), que incluye un seminario marcado
para el día 27 (D601). En el espacio temático "Comunicación: prácticas
contra-hegemónicas, derechos y alternativas", se han registrado en total
102 actividades. Y todo parece indicar que en ellas, como eje transversal,
estará presente la relación "movimientos sociales y comunicación".
Redefiniciones
La
comunicación, por su naturaleza, es dinámica, está en movimiento. Los
movimientos sociales, por su parte, son comunicación viva, hacia dentro y hacia
fuera, que históricamente han abierto los cauces y se han afirmado como actores
clave para profundizar la democracia. Esta sintonía evidente, se ha diluido
como el agua entre las manos, en parte, por errores -o limitaciones- que han
primado en los movimientos, en el momento de encarar el tema comunicación, y sobre
todo porque al interponerse en ella un complejo tecnológico crecientemente
sofisticado, bajo parámetros cada vez más oligopólicos,
el desbalance a favor de las instancias de poder se
torna mayor.
Todo
parece indicar, sin embargo, que el tema de la comunicación está dejando de ser
una tarea pendiente para las organizaciones sociales. Como es conocido, éstas
se quedaron atrapadas en la era "Gutenberg"
cuando, desde mediados del siglo pasado, la radio y, sobre todo, la televisión
-en tanto medios masivos que se institucionalizaron como "industrias
culturales"- pasaron a redefinir el escenario, afirmando su centralidad en
la configuración de la vida pública. Con este descompás, llegó el
"divorcio" y el consiguiente desentendimiento, que con el tiempo dio paso a esa posición ambigua de condena y fascinación que ha
marcado el accionar de tales organizaciones ante el mundo mediático.
Esta
ambigüedad, empero, está dejando el paso a definiciones, ante la evidencia del
peso cada vez mayor de las comunicaciones en el mundo contemporáneo, que en las
circunstancias actuales se expresa como soporte principal de la fuerza con que
se ha impuesto la hegemonía ideológica neoliberal -el llamado "pensamiento
único"-, pero también por las posibilidades de respuesta que ofrece
Internet. Todo esto, en el marco de una dinámica que ha empujado hacia
reformulaciones organizativas internas y externas en sintonía con procesos
articuladores y vertebradores de movimientos
sociales.
En
recientes declaraciones al periódico mexicano La Jornada (19/09/04), Noam Chomsky precisamente
sostenía que "el uso de Internet, además de facilitar y agilizar la
comunicación dentro de los movimientos sociales y entre ellos, se presta para
restar el control de los medios establecidos. Esos son dos de los nuevos
factores más importantes que han surgido en los últimos 20 años".
La
relación de los movimientos sociales con esta nueva tecnología no solo se debe
a su costo relativamente bajo, sino, ante todo, a su configuración y
funcionamiento. Con la Internet -basada técnicamente en una red que
interconecta mundialmente a diferentes redes de computadoras, por lo que
también ha pasado a ser reconocida como la "Red"- se ha establecido
un medio de alcance global que no solo permite recibir y enviar datos, imágenes
y sonidos, en cualquier momento y en tiempo real o diferido, sino que además
facilita una interrelación de much@s a much@s que redunda en implicaciones organizativas. En otras
palabras, esta capacidad de interacción, propia de Internet, permite a la vez,
acceder y diseminar mensajes alrededor del mundo, contornando los medios
establecidos, como también establecer niveles de coordinación y aglutinaciones
por encima de la distancia geográfica.
Si
bien la Internet nace como proyecto en el complejo militar-industrial de EE.UU., su concreción y posterior impulso y desarrollo
tienen lugar en medios académicos y ciudadanos que le impregnan el carácter de
foro abierto y descentralizado, de intercambios y colaboraciones, y sin dueños.
Se trata, pues, de una tecnología que se desarrolla y perfecciona gracias al
sentido colaborativo que se establece entre sus
usuarios, cuya expresión más visible precisamente es el software libre. Como
anota Castells (1): "Es indiscutible la importancia que ha tenido el
software libre en la extensión y desarrollo de Internet desde sus inicios, y la
influencia mutua de estos dos ámbitos tecnológicos es un hecho
contrastado".
Aunque
desde las esferas oficiales y empresariales se tiende a presentar Internet como
circunscrita a su soporte técnico (de ahí, por ejemplo, el énfasis y sobredimensionamiento que se da al tema de la
conectividad), el hecho es que su proyección se ha dado ante todo como un
espacio de interacción social, en el que los movimientos sociales han puesto su
impronta, y viceversa.
A
finales del siglo pasado, en un contexto marcado por la desarticulación y
dispersión organizativa -como secuela de la aplicación de programas
neoliberales-, y a partir de conexiones establecidas en la Red, irrumpen
iniciativas convergentes contestatarias a la globalización. Una de las primeras
señales de esta sintonía se dio en el curso de 1998, cuando vía Internet se
articuló un movimiento ciudadano que logró frenar las negociaciones
gubernamentales en torno al Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI). Un año
después, tuvo lugar la protesta masiva en la ciudad estadounidense de Seattle contra la Organización Mundial de Comercio (OMC),
considerada como el bautizo del movimiento "alter-globalización", en
la cual, igualmente, fue clave la Red.
Refiriéndose
a este acontecimiento, la escritora canadiense Naomi Klein (2) señala: "El movimiento de protesta popular
contra las transnacionales que llamó la atención en las calles de Seattle en noviembre pasado no está unificado por nadie...
Las diferentes campañas (ahí presentes) no convergieron para alumbrar un
movimiento unificado. Más bien, son conexiones complejas y estrechas que les vinculan una a otra, como los enlaces que conectan sus
sitios Web. Esta comparación no es fortuita, al contrario, es esencial para
quien quiera comprender el nuevo militantismo político. Pues, si muchos han
remarcado que las grandes manifestaciones de los últimos tiempos habrían sido
imposibles sin Internet, muy poco se ha dicho que Internet, por su parte, ha
configurado a esos movimientos a su imagen, imprimiéndoles la forma de una
telaraña. Gracias a la Red, las movilizaciones se han podido llevar a cabo con
una burocracia y una jerarquía reducidas al mínimo; los consensos y los
manifiestos forzados han dado paso a los intercambios de informaciones
constantes, poco estructurados y a veces compulsivos". Y para rematar, Klein sostiene que Seattle ha
sido escenario de la emergencia de un "modelo de organización militante
que reproduce las vías orgánicas, descentralizadas, pero interconectadas, de
Internet -Internet animado de una vida propia".
Luego
de Seattle, se multiplican las movilizaciones "altermundialistas", a lo largo y ancho del mundo
contra los organismos internacionales que regulan la globalización en curso
(BM, FMI, OMC, etc.), en las cuales, como constata Donk
(3) "las 'nuevas estrategias mediáticas' y el 'ciberactivismo'
han jugado un rol dominante... Y cada vez más, parece que Internet se está
desarrollando como una nueva 'plataforma estratégica' que ayuda a una variedad
de movimientos a movilizar y a organizar la protesta".
Asimismo,
esta "plataforma" ha sido clave en la arquitectura y proyección del
Foro Social Mundial (FSM) que emerge en enero de 2001, en Porto Alegre
-Brasil-, como polo alternativo al Foro Económico Mundial que anualmente reúne
en Davos a las élites
económicas y políticas que manejan las riendas del poder mundial.
En
este trayecto se ha profundizado esa relación novedosa, que De Wilde (4) lo resume así: "Internet no se utiliza
simplemente como un suplemento a los medios de comunicación tradicionales,
ofrece también oportunidades nuevas, innovadoras para movilizar y organizar a
la gente. Las nuevas tecnologías, obviamente, no determinan tales innovaciones;
pero sí gravitan para estimularlas. Las ONGs
(movimientos sociales) son particularmente innovadoras en este campo: de ahí
que no solo que Internet ayuda a tales organizaciones, sino que ellas también
han sido muy importantes en la ampliación del desarrollo de Internet".
América
Latina: movilización en la red
En
América Latina, este fenómeno se ha manifestado con registros especiales. Por
su repercusión mundial, es ampliamente conocido -y hasta reconocido como
paradigmático-, lo protagonizado por el Ejercito Zapatista
de Liberación Nacional (EZLN) de México. Esto no impide que a continuación
hagamos una breve referencia a este caso, y además a lo acontecido en dos
países -para no abundar-, cuya suerte última se ha visto marcada por la
movilización popular: Argentina y Venezuela.
El
primero de enero de 1994, cuando el gobierno mexicano presidido por Carlos
Salinas de Gortari se aprestaba a celebrar el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN), unos "sin nombre" se encargaron de aguar
la fiesta. Ese día se presentó a la faz pública la insurrección indígena
comandada por el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN), una guerrilla poco convencional que desde un recóndito lugar
de México ha logrado proyectarse al mundo y hacer de esa vinculación una fuerza
clave de su estrategia y supervivencia, pero además, convertirse en un
referente de la lucha global contra el neoliberalismo. Uno de sus recursos
primordiales: la Red.
En
un reciente estudio sobre la "propaganda política del EZLN", Miguel
Vázquez L.(5) anota: "El movimiento zapatista ha supedidato,
claramente, la lucha armada a la lucha propagandística, aplicando a este frente
'formas guerrilleras de comunicación', para lo que se ha servido de los nuevos
medios de comunicación social, especialmente de Internet y los servicios que
rodean a la Red como las listas de correo electrónico, foros de discusión, etc.
Esta sumisión de las armas a la comunicación es una de las características más
importantes del movimiento zapatista".
Argentina,
tras la llegada de Carlos Menem a la presidencia
(1989-1999), pasó a convertirse en el país modelo para la región y el mundo,
por su disciplinada aplicación del recetario del "Consenso de
Washington" (liberalización de mercados, desregulaciones, privatizaciones,
etc.), para "insertarse" en la economía globalizada... hasta que
llegó el momento de la verdad: un país en colapso y atrapado, donde la
indignación ciudadana terminó por reaccionar -emblemáticamente con los
"cacerolazos"- y arremeter contra la institucionalidad política al
finalizar el año 2001.
El
profesor Diego Levis(6), de la Universidad de San Andrés, señala que este
estallido social, entre otras cosas, marca "un punto de inflexión en el
uso cívico de Internet en Argentina". La razón: "El 19 de diciembre
de 2001, la difusión a través del chat de lo que
estaba sucediendo en muchos barrios de Buenos Aires contribuyó a que muchas
personas se sumaran al cacerolazo. Durante las semanas siguientes fueron
surgiendo numerosos espacios en Internet dedicados a la situación del país:
sitios webs con información alternativa, listas de
discusión reservadas a la catarsis colectiva y foros para proponer y debatir
propuestas concretas de cambio, entre distintas modalidades. Las propias
asambleas barriales desarrollaron sus propios sitios webs
destinados a brindar información sobre sus propuestas... Por primera vez, el boca a boca, la publicación partidaria o la octavilla
política dejan de ser los únicos modos de informarse sobre aquello que ocultan
los medios de comunicación masivos. Con la expansión del uso ciudadano de
Internet, las formas tradicionales de expresión y acción política empiezan a
perder el monopolio que ejercieron hasta ahora".
El
11 de abril de 2002 se produjo el golpe de Estado contra el presidente
venezolano Hugo Chávez, quien, en un caso inédito, fue restituido dos días
después por el pueblo que se lanzó a las calles. Todo sugiere que "fue un
golpe mediático", sostiene Roberto Hernández M.(7), describiendo esta
situación como "un gobierno derribado por medios tradicionales y repuesto por
los nuevos" o el "contragolpe de la Red de redes" en el cual
"Internet no solo rompió el cerco, sino que en pocas horas, como es su
naturaleza, creó múltiples anillos alternativos... la cifra de internautas tuvo masa crítica suficiente para romper el cerco
mediático del 13 de abril y conformar un sistema nervioso descentralizado
alternativo que permitió que la gente tuviera autonomía, que es precisamente lo
que a los medios comerciales más poderosos les quita el sueño".
El
discurso seductor
Con
el vertiginoso desarrollo de las TIC, el discurso tecnologista
-que ve en las innovaciones tecnológicas la causa primera del cambio social-
recobró un nuevo impulso y, con más fuerza que en el pasado, se ha empeñado en
difundir el conocido repertorio de promesas mesiánicas de felicidad, armonía
universal y, en suma, redención de la humanidad que recurrentemente se ha
repetido con cada objeto técnico de comunicación que llega al mercado. Aunque
ninguna de las promesas se ha cumplido, la prédica no cesa, pues su propósito
es capitalizar el deslumbramiento general que ha provocado Internet -el icono
de tales tecnologías (8), para "vender" la globalización neoliberal
(9).
Este
discurso legitimador y muy seductor, por cierto, ha creado un entorno del cual
los movimientos sociales no son inmunes. Y aunque no necesariamente han marcado
un posicionamiento crítico (pues de por medio está una disputa de sentidos),
con su accionar han logrado establecer nuevas perspectivas en y desde la Red
(10), sin tener más que una trinchera.
Se
trata realmente de un hecho inédito, pues históricamente las clases subalternas
tan solo han podido disponer de algún dispositivo de comunicación cuando
tecnológicamente se había convertido en desecho o, al menos, en secundario. Y
ahora resulta que Internet, una tecnología de punta -por haber arrancado fuera
de intereses comerciales, que se hace y configura en el ámbito ciudadano-,
rompió esa pauta.
Recomposición
organizativa
En
América Latina, el año 1994 se presenta como un referente emblemático para las
luchas sociales. Se inició -como hemos mencionado- con el levantamiento zapatista en México, para luego registrar el segundo
levantamiento indígena en Ecuador, las protestas de los cocaleros en Bolivia,
las movilizaciones por la reforma agraria en Paraguay, Guatemala y Brasil
-donde el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) gana mayor proyección
nacional-, y una serie de incipientes demostraciones de rechazo a las políticas
neoliberales en otros países de la región.
Desde
entonces, se procesa una paulatina recomposición del tejido social y
organizativo que había sido afectado seriamente, tanto por las políticas de
ajuste, como por los nuevos mecanismos de represión y criminalización
de la protesta social. A la par, van surgiendo o reactivándose articulaciones
regionales y continentales -en gran medida como continuación a los primeros
acercamientos que habían posibilitado la realización de la Campaña Continental
500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular (1989-1992)- , que posteriormente
confluyen en espacios y dinámicas aglutinantes, como el Grito de los Excluidos,
la Campaña Continental contra el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) y el propio Foro Social Mundial.
Se
ha configurado, así, un nuevo escenario que no solo se caracteriza por la
reactivación de movimientos sociales amplios y diversos, sino también, y sobre
todo, porque éstos han alcanzado importantes niveles de articulación, tanto en
el continente como a nivel mundial, constituyéndose en un factor gravitante para
la deslegitimación del neoliberalismo. En este proceso de afianzamiento de
redes y coordinaciones sociales, destaca de manera particular el empalme con
Internet, como uno de sus principales mecanismos de comunicación.
Estas
redes sociales, y las campañas que llevan a cabo, se tejen en torno a dinámicas
comunicacionales, para las cuales van desarrollando
un entramado complejo de interrelaciones, flujos de información y mecanismos
diversos de comunicación, que combinan lo digital con canales convencionales,
eventos presenciales y contactos personales. Se
argumenta incluso que este entramado es precisamente lo que le da resistencia a
las redes, cuya tendencia última es desarrollarse bajo formas policéntricas de organización.
O
sea, no se trata de dinámicas que surgen de Internet, sino que estas forman
parte de procesos reales en curso, que van descubriendo respuestas prácticas en
el uso de Internet, y nuevas formas de interrelacionarse (11). Para muchas
organizaciones su relación con esas coordinaciones y redes sociales, y la
necesidad de contar con una comunicación fluida, ha sido la principal
motivación para adoptar el uso de esta tecnología. Pero también sucede, a su
vez, que las nuevas modalidades de comunicación y la aceleración de los flujos
de información terminan incidiendo en sus propias formas de relación externa y
modificando el funcionamiento interno, cambios que no siempre son planificados,
y que al ser paulatinos en unos casos, y/o rápidamente integrados a la
cotidianidad en otros, pasan desapercibidos a menudo.
Esta
necesidad común de intercomunicarse en la región es muy diferente de lo que se
podía haber anticipado algunos años atrás. Por ejemplo, entre las
organizaciones del campo, los vínculos eran mínimos, cuando no inexistentes, o
en el mejor de los casos reducidos a encuentros ocasionales por coincidir en
algún evento organizado por alguna institución u organización. Pero cuando se
abre paso el proceso de constitución de la Coordinadora Latinoamericana de
Organizaciones del Campo -CLOC- (formalizada en febrero 1994), que implica
generar una comunidad de propuestas, de intereses, de puntos de vista y de
compromisos, surge también la consiguiente necesidad de desbloquear formas de
intercomunicación, y es entonces que se va perfilando la pertinencia de
recurrir a la Red. Y a medida que esta dinámica ha ido cobrando mayor ritmo, se
va haciendo cada vez más necesario contar con este recurso.
O
sea, se trata ante todo de una respuesta práctica, cuya primera consideración
ha sido la de contar con un mecanismo de comunicación internacional más
efectivo y a menor costo para las relaciones con su red (en comparación con el
teléfono, fax o correo). Aunque es innegable que también, en alguna medida,
influyó la gran promoción mediática, que en esa misma época de fines de los
años 90 consagró a Internet como icono del nuevo milenio. Ya no se podía
ignorar su existencia, al menos en nombre, y esta onda seductora también se
hizo presente en las organizaciones sociales.
En
suma, esta incorporación de la tecnología en lo cotidiano de las organizaciones
parte de una combinación de influencias externas y consideraciones prácticas,
factores que contribuyeron a limar ciertas resistencias a las tecnologías de
comunicación y al cambio -bastante comunes en las organizaciones sociales-.
Se
constata, entonces, un fenómeno de arrastre, en el que las dinámicas colectivas
conducen a sus componentes hacia el uso de las tecnologías. Este se refuerza a
medida que se intensifican los intercambios al interior de las redes y coordinaciones
sociales regionales o mundiales, pues, la experiencia ha demostrado que cuando
fluye información en una red, se facilitan los procesos de consulta, formación
de opiniones, construcción de consensos y toma de decisiones colectivas.
Campañas
públicas
Junto
a las articulaciones sectoriales, se asiste también a la convergencia de éstas
en torno a campañas públicas, tales como la Campaña Continental contra el ALCA
y los TLC (Tratados de Libre Comercio), el Grito de los Excluidos/as (que
impulsa una campaña anual), la Campaña contra el pago de la Deuda Externa, la
Campaña contra la Militarización, la Campaña Mundial Semillas Patrimonio de la
Humanidad, entre otras. Además, sobre la base de la identificación de ejes
transversales y mínimos comunes denominadores, se han establecido enlaces entre
campañas, con la consiguiente sincronización de agendas.
Las
campañas tienen la virtud de establecer compromisos comunes que se acoplan con
los planteamientos de las organizaciones y redes sociales. Generalmente, la
base de acuerdos de las campañas se limita a un tema específico, sin exigir el
establecimiento de marcos ideológicos comunes (o si existen, es solamente en
términos generales), lo cual facilita la creación de coaliciones amplias, donde
pueden coexistir distintas perspectivas políticas e incluso contradicciones.
Ello facilita acumular fuerza de oposición o resistencia, si bien hace que sea
más difícil lograr acuerdos sobre las soluciones y alternativas (12).
Las
campañas, además, permiten establecer vasos comunicantes que facilitan la
interconexión y conocimiento mutuo entre redes de distintos sectores o temas y
estimulan a las organizaciones a compartir información. Por ejemplo, cuando una
organización participa en una campaña, hay mayor probabilidad de que se sienta
comprometida a informar a las demás contrapartes de la campaña sobre
encuentros, acciones o reuniones de trabajo que organiza, lo cual, en otras
circunstancias, rara vez se hace, al no valorar que tenga pertinencia más allá
del propio entorno. Al sentirse interpeladas a dar cuenta de sus acciones -sea
que compartan la información por escrito, sea en los encuentros presenciales, que son una parte importante de toda
campaña-, las organizaciones que han tenido un rol más bien pasivo, se motivan
a asumir una participación más activa. Siendo las campañas espacios de
concertación de agendas, programas y acciones comunes, la participación en
ellas marca ritmos que animan a las organizaciones participantes a mantenerse
al paso del conjunto.
Pero
la participación en redes va más allá del intercambio de información, pues
intercambiar puede significar simplemente estar enterado de lo que cada cual
hace o piensa. En cambio, al estar una campaña referida a acciones,
definiciones, pensamientos o desafíos comunes, se trata de un intercambio que
conlleva al enriquecimiento mutuo. Al compartir y enterarse, cada quien se da
cuenta que otros están viviendo su mismo problema y quiere conocer las salidas
que se han ingeniado. En este sentido, son procesos de aprendizaje mutuo, que
conllevan a que las organizaciones revaloricen su experiencia y fortalezcan su
autoestima. Estos procesos permiten que cada quien se fortalezca; y
fortaleciéndose cada quien, por rebote, se fortalece el entorno mayor.
Una
agenda común
Como
resultado de esta interacción se están estableciendo mecanismos y modos nuevos
en los movimientos sociales que, de una u otra manera, están llevando a una
revalorización de la comunicación. Obviamente, con decibeles diferentes y
variados.
"La
mundialización de las luchas, implica la mundialización de las luchas de ideas, y en particular, de
la disputa por lograr el acceso a amplios públicos, la batalla por la
información. La comunicación, juega un gran papel en esto", sostiene el
argentino Daniel Campione (13), analista vinculado a
los movimientos sociales de su país.
Igor Sádaba R.(14), uno de los
animadores del Nodo 50 de España, por su parte, constata: "El acceso
público creciente (siempre sujeto a las desigualdades materiales) a
instrumentos de comunicación social globalizados ha ido desplazando y
reconvirtiendo las estrategias políticas de muchas organizaciones políticas. En
ese sentido, el papel de las 'infraestructuras comunicativas' ha ido ganando
presencia y preeminencia a pasos de gigante dentro de la estructura de
prioridades de los movimientos sociales. Incluso se habla de 'medios tácticos',
'proyectos contrainformativos', 'mediactivismo'
o 'guerrilla comunicativa'. En este escenario, Internet se ha transformado no
sólo en un campo de batalla sino en un auténtico centro de operaciones para los
movimientos sociales contemporáneos".
A
su juicio, se podría hablar de un cambio de fase o de actitud en las relaciones
de los movimientos sociales con los medios de comunicación, en la medida que se
ha pasado "de un momento reactivo, defensivo o pasivo frente a los mismos,
a un período donde prima una actividad propositiva y
afirmativa con ellos; es decir, de la simple crítica a la manipulación de los
media a la actividad política a través de los mismos. Ha sido, como gusta
decirse ahora, un cambio de actitud o de talante que reorienta estrategias y
metas. Y, en ello, ha tenido un papel crucial la llegada de Internet.
Mantenemos aquí (con ciertas precisiones y cuidados) que el cambio tecnológico
ha transformado de alguna manera los modos de percibir o plantear el cambio
social. Dicho en otras palabras, que la irrupción de las nuevas tecnologías ha
inaugurado un nuevo tipo de existencia política para muchos activistas y para
la acción colectiva en un mundo globalizado" (negritas del autor).
El
reconocimiento de la comunicación como un "espacio de disputa",
prácticamente ya no escapa a ninguna organización o movimiento social de la
región. Pero, las respuestas para encararla resultan muy disímiles, ya sea por
la propia comprensión de la problemática, por limitaciones económicas, por las
inercias organizativas, o por las sensibilidades que pesan en esos
conglomerados sociales.
En
las organizaciones que han incorporado la comunicación a sus reflexiones y debates,
se puede apreciar que paulatinamente va emergiendo el desafío de definir
estrategias y políticas comunicacionales. Como
reconoce un dirigente del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra
-MST- de Brasil, se trata de un proceso que va "madurado en el práctica,
encarando las nuevas realidades, pues, en un primer momento, nada se informaba
sobre las luchas del campo. Después, en un segundo, creamos nuestros propios
medios (el periódico, las radios comunitarias, los programas en las radios comerciales)
para no depender de los grandes medios y romper el aislamiento. Cuando
avanzamos más, vino la Internet, la revista. Y, luego, en una tercera fase,
pasamos a definir una concepción de estrategia de comunicación, como una forma
de apropiación de la comunicación para proyectarnos a la sociedad".
Esta
preocupación por dar respuestas más programáticas en materia de comunicación
justamente es uno de los elementos que se perfila cada vez con mayor ímpetu en
los procesos convergentes de las organizaciones sociales. Tal es el caso de la
Minga Informativa de Movimientos Sociales que congrega a importantes
coordinaciones y redes sociales del continente (14). Iniciativa que se sustenta
en la confluencia en torno a plataformas comunes que tales movimientos y redes
han venido impulsando, y el potencial que ofrece Internet para este tipo de
dinámicas.
Surgió
primero como "Comunidad Web de Movimientos Sociales", que teniendo al
portal Web "www.movimientos.org" como eje articulador, desarrolló una
agenda orientada a propiciar el acceso, comprensión y apropiación de Internet,
por una parte, y a potenciar la sensibilización, reflexión y definiciones de
políticas y estrategias de comunicación, por otra. Esto es, un espacio para
conocer, pensar, proponer y hacer.
El
portal no solo alberga los sitios Web de cada coordinación y red participante,
sino que, además, cuenta con sitios "comunes" que corresponden a
iniciativas en las que ellas están inmersas, como son el Grito de los Excluidos
y la Campaña Continental contra el ALCA. Es más, la cartelera informativa
"Pasa la voz" recoge tanto informaciones que estas redes y campañas
proporcionan, como las que aportan otras organizaciones sociales, lo cual se
complementa con el servicio de distribución electrónica del mismo nombre.
La
Minga/Mutirão Informativa de Movimientos Sociales
surge al calor de esta experiencia, como pool o iniciativa colectiva de
cobertura informativa ("minga", en kechua,
o "mutirão" en portugués, significa trabajo
colectivo), primero ante eventos y movilizaciones determinados, y luego con una
programación y actividad permanente. El aporte de la Minga Informativa radica
en que tiene como protagonistas de los hechos y de su difusión a los propios
movimientos sociales.
Notas:
1)
Castells, Manuel et al (2004) Declaración de Barcelona para el avance del
software libre, http://alainet.org/active/show_text.php3?key=6196
2) Klein, Naomi (2003) Journal d'une combattante:
Nouvelles du front de la mondialisation, Lemeac/Actes
Sud, Montréal
3) Donk,
Win van de et al (2004) Cyberprotest: New media,
citizens and social movements,
4)
Citado por Donk et al, 2004
5)
Vázquez Liñan, Miguel et al (2004) Guerrilla y
comunicación: La propaganda política del EZLN, Los libros de la Catarata, Madrid.
6)
Levis, Diego (2002) Mayorías silenciosas, el golpear
de cacerolas y la Internet, Kairos, Año 6, Nro 9, 1er semestre.
http://www.fices.unsl.edu.ar/kairos/index.html
7)
Hernández Montoya, Roberto (2003) Información verás, Fondo Editorial Question, Caracas.
8)
Internet es la cara pública de las TIC. Al anverso de la medalla, en un
misterio absoluto y fuera de todo control público, se encuentran, por ejemplo,
las nuevas redes militares con sus sistemas de satélites, dispositivos bélicos
y balísticos, etc. 9) Por ejemplo, para tan solo señalar un caso, tras los
programas de "Internet para todos", se busca empujar otra agenda: la
de la liberalización del mercado de telecomunicaciones. 10) El asunto se ha
tornado tan serio que los poderes pretenden poner límites a este
"libertinaje", con marcos regulatorios
penales, e incluso hablan de la "Netwar",
sobre todo tras el 11/S. 11) Ello establece una diferencia con las llamadas
"comunidades virtuales", entendiendo por este término las comunidades
que se forman en el ciberespacio y que tienen en Internet su único mecanismo de
interconexión, a partir del cual buscan cómo generar circuitos de información. 12) Ver: Bennett, W. Lance (2004) Communicating global
activism: strengths and vulnerabilities of networked politics. Cyberprotest.
New Media, citizens and social movements, London and New
York, Routledge.
13)
Campione, Daniel (2003) Rebelión y comunicación,
diciembre 16 http://alainet.org/active/show_text.php3?key=5179
14)
Sádaba R., Igor (2004) Del
cambio tecnológico al cambio social. Conflictos y protestas globales en la red.
Ponencia presentada en las Jornadas Solidaridad en Red: Nuevas tecnologías,
ciudadanía y cambio social, Hegoa, Vitoria-Gasteiz, 18-19 noviembre.
15)
Ellas son: la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC),
el Frente Continental de Organizaciones Comunales (FCOC), la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas
(RMAA), la Red de Mujeres Transformando la Economía (REMTE), el Grito de los
Excluidos/as, la Asamblea de Pueblos del Caribe, el Diálogo Sur-Sur GLBT.
El
presente texto se basa en el estudio, realizado conjuntamente con Sally Burch y Eduardo Tamayo,
sobre las prácticas y enfoques de las organizaciones sociales en comunicación,
que ALAI próximamente pondrá en circulación.
http://alainet.org/active/show_text.php3?key=7434