Mujeres
y ecología: el ecofeminismo. Las mujeres
principales victimas del deterioro ambiental, comparten con
Fuente:
http://agendadelasmujeres.com.ar/notadesplegada.php?id=1268
Subió a conferencia el 19 de
Julio del 2005
Mujeres y ecología: el ecofeminismo
por Marcelo Segales Kirzner.
Trabajo presentado en el I
Congreso de Economía Feminista
(Bilbao, 14-15 de abril de
2005)
1. Planteamiento. La ecología
y las mujeres en el planeta.
Principales víctimas del
deterioro ambiental, las mujeres (y las personas pobres, no-blancas, niñas/os,
extranjeras/os y demás “otras/os” desde la perspectiva de los valores
dominantes, discriminadas/os, menospreciadas/os y no pocas veces
criminalizadas/os 1) comparten con
Como dice Karen Warren “
De este modo, lo natural es
un asunto feminista por tres motivos: por ser la mujer la principal víctima de
la destrucción de lo natural, en casi todas las sociedades conocidas; porque
sus roles de género, impuestos por el patriarcado y unas relaciones de poder
que las perjudican, se superponen con determinados problemas ambientales,
cuestión que, en apariencia, afecta menos a los hombres (y quizá por ello sean
menos concientes), y porque la dominación de lo natural está, en su origen,
íntimamente vinculada al desarrollo del patriarcado como sistema de relaciones intergenéricas. Sobre esto último nos dedicaremos en los
siguientes epígrafes.
2. Hombres, mujeres y
Naturaleza: una lógica de dominación
La subordinación de la mujer
respecto del hombre es un hecho que afecta a casi todas las sociedades
actualmente existentes. De las explicaciones que las/os antropólogas/os han
ensayado en los últimos 50 años, las tres más poderosas han sido: la afirmación
de que en un determinado momento de la historia los hombres arrebataron el
poder a las mujeres; las diferencias biológicas entre los sexos, y aspectos
relacionados con la capacidad reproductora sexual femenina y la envidia
masculina relacionada con ellos. Descartadas las dos primeras causas, una por
no fidedigna 3 y la otra por su exagerado biologicismo,
interpretaremos las causas de las relaciones asimétricas entre hombres y
mujeres en casi todas las sociedades como producto de la interpretación
cultural del hecho de la reproducción.
Esta línea de pensamiento
tiene varias consecuencias. Así, podría derivarse del hecho de que las mujeres
pasan durante un largo tiempo de sus vidas pariendo y cuidando a sus hijos como
hecho que define la especialidad de las relaciones entre hombres y mujeres.
Relegadas al ámbito doméstico, los hombres quedan liberados de las
responsabilidades parentales y se dedican a construir
un mundo paralelo al de las mujeres, quienes son tomadas como referencia y
sentidas como “otras”, mundo caracterizado por la violencia y la destrucción de
la vida.
Es interesante, asimismo, el
fenómeno patriarcal de que la mujer sea vista como más “cercana” a
En este sentido, puede
definirse un marco conceptual como un conjunto de creencias, valores y
actitudes asumidas por una determinada comunidad o sociedad. Un marco
conceptual puede ser opresivo, si contribuye a mantener relaciones de poder
asimétricas entre algunos miembros de esa sociedad respecto de otros. Y es
patriarcal si las relaciones asimétricas de poder sirven para subordinar a las
mujeres por parte de los hombres.
La característica más
importante de un marco conceptual patriarcal es la lógica de dominación que
implica. Esto es lo que justifica la dominación y la subordinación. Así, un
marco conceptual patriarcal posee una serie de características: implica una
determinada escala de valores, en donde se reflejan las desigualdades;
comportan una serie de pensamientos duales y oposicionales
(público/privado, cultura/Naturaleza, dominante/dominado); el poder es ejercido
como “poder sobre” y se convierte en abuso de poder, y se crean, mantienen y
profundizan una serie de privilegios a favor de los que se encuentran en lo más
alto de la escala, los poderosos (hombres, pero de determinada clase social,
etnia y edad). Sin embargo, el elemento que justifica esta situación se
encuentra en lo que, con Karen Warren, podemos llamar
“lógica de la dominación”. Esta es la que convierte simbólicamente la
“superioridad” en subordinación. Y ese sistema de valores que conduce a la
subordinación del “otro” es lo que justifica su opresión. Por ejemplo, alguien puede
pensar que el ser humano, por el mero hecho de ser racional, es “superior” al
resto de los animales. Pero de ahí a justificar la subordinación del reino
animal y de lo natural en general solamente puede tener lugar a través de lo
que hemos llamado la lógica de la dominación, que legitima y justifica esa
subordinación en virtud de, en este caso, la racionalidad del ser humano. 5
A partir de aquí, la
afirmación de que la mujer es vista como más cercana a
Los argumentos de Ortner son presentados esquemáticamente por Moore de la siguiente manera. Moore
cree que para seguir a Ortner hay que dar por hechas
dos cuestiones: que la mujer sea vista como más cercana a
Adicionalmente, Peggy Sanday, a través del
estudio de 150 sociedades tribales destaca que, en aquellas comunidades en las
que las fuerzas de lo natural están sacralizadas, el control de esas fuerzas es
asumido por las mujeres: su subordinación no se da. A su vez, el hombre no está
siempre vinculado con el hecho cultural, sino que, en muchas ocasiones,
permanece “encerrado” dentro de sus límites animales. 7
Este análisis, si bien
contradice parte de los argumentos de Ortner,
refuerza la tesis de que las dominaciones de las mujeres y de
Más cerca en el tiempo, entre
los siglos XVII y XIX la mujer fue objeto de una construcción ideológica que
también la hizo aparecer más próxima a
La revolución científica y
mercantil de los siglos XVI y XVII reemplazó la primera imagen por la segunda,
y construyó un cuerpo de saberes llamado “ciencia”
que, apoyándose en la violencia, ha ocultado la sabiduría de las mujeres y los
pueblos del Sur, configurándose como otro instrumento del patriarcado:
violencia sobre las mujeres y violencia sobre
3. Espacio, Naturaleza y
patriarcado
Me gustaría extenderme en
cuanto a la relación simbólica entre las conexiones entre hombres, mujeres y
Naturaleza, con el espacio, con una referencia al género como categoría central
de análisis. Se ha sugerido la idea de que las dominaciones sobre mujeres y
Naturaleza por parte de los hombres son dos fenómenos íntimamente relacionados.
Llevado esto a la cuestión del espacio, nos conduce a formular que la
estructuración del espacio y su representación, uno de los rasgos de
diferenciación entre los géneros, es distinta para cada uno de ellos. Como
señalan Vianello y Caramazza,
“la estructuración mental del espacio es una función de las circunstancias
materiales que el ser vivo, esencialmente plástico, ha tenido que afrontar en
la evolución de su especie y no debe sorprender que se hayan convertido en
parte de la herencia genética”.
Así, dicen las autoras, los
hombres han orientado sus actividades materiales hacia el exterior, y las
mujeres hacia el interior, “creando” espacios y modificando incluso su propia
fisiología. 9
Así, “una diferente posición
en la sociedad implica también una diferente experiencia del mundo que nos
rodea”. 10 Esto ha tenido y tiene unas consecuencias fundamentales para el
desarrollo del ser humano, como la industria del transporte motorizado ha dado
cuenta, si interpretamos sus impactos desde un punto de vista genérico y no
solamente ecológico 11
Históricamente, los hombres
han configurado el espacio en su búsqueda de una “compensación sangrienta” por
su incapacidad para engendrar vida, creando el rito más formidable y prolongado
de la historia de la humanidad: la caza. Su significado simbólico, mucho más que
el económico, es revelador, en el sentido de que desvela que las relaciones de
dominación de los hombres sobre mujeres y Naturaleza no solamente tienen una
raíz común, sino un comienzo muy concreto: el momento en que surgieron ritos
(convertidos después en instituciones) de cooperación entre los hombres para
dominar a las mujeres y
De este modo, el orden con
que el hombre representa los objetos en el espacio es moldeado por las
circunstancias materiales y psicológicas que trae como consecuencia el
pensamiento estratégico: el elemento jerárquico presente en el plan es parte de
esa representación. El deseo de conquista, la potencia y la velocidad, es lo
que lo mueve. El automóvil representa hoy en día, con sus elementos de
fortalecimiento del patriarcado y modificación/destrucción de
Así la ciudad, la religión,
las matemáticas aplicadas al cálculo de extensiones, la geometría y,
finalmente, la tecnología, son productos de los excesos del pensamiento
estratégico masculinista. El falo,
y no la mano, es el principal símbolo de lo masculino, y reviste la simbología
de todas estas manifestaciones espaciales 19. El arado que penetra la tierra y
extrae de ella sus elementos, o los metales arrancados mediante la “violación”
de
Por último, el poder,
aplicado en un territorio, es, quizás, el aspecto en donde más crudamente se
vuelcan las consecuencias del patriarcado y el dominio masculinista
y estratégico en el género humano: la constitución de estados. El poder
institucional, espacio exclusivamente masculino en prácticamente todas las
sociedades conocidas, es una manera de control social y de expansión hacia el
mundo exterior. El poder es abuso de poder y se expresa en términos de
territorios, de una patria. Así, como muy bien señala Javier Escalera, el
territorio, como espacio socializado de poder, estructura la realidad social
sobre la que se construyen los modelos identitarios
de los individuos y su relación con la “comunidad” en la que viven, con una serie
de mitos compartidos y asumidos por una mayoría, y la noción burocrática de
comunidad político- administrativa se convierte en aquella que disuelve las
diferencias simbólicas en el seno de esa sociedad local, en beneficio del
control de los hombres sobre las mujeres y sobre el propio espacio natural
socializado. Para ello el aparato político necesita del pensamiento abstracto,
pues su función es el control y la represión: lograr el excedente que permita
la conquista y la destrucción, sobre todo de lo natural, en beneficio del
propio poder. Hoy ese poder es el sistema de pactos patriarcal-capitalista bajo
todas sus formas20 . En este sentido, la noción de
frontera y de límite es interesante, pues pone de manifiesto las relaciones de
poder que existen en el seno de los grupos que interactúan en un espacio y
tiempo determinados. Además, el poder (de género) sobre un territorio sirve de
base a la división sexual del trabajo. La industrialización y la burocracia es
su máxima expresión hoy en día e instruyen al político y al partido como
agentes “controladores” del poder. De este modo, “su artificialidad (la de la
idea de comunidad territorial vinculada a la división político-administrativa)
no significa que no hayan sido asumidas en muchas ocasiones como elementos
inherentes de la identidad individual y de los modelos de identificación
colectivos”. 21
En definitiva, el
establecimiento del sistema patriarcal refuerza, como se ha venido señalando,
las relaciones de dominación de
4. Ética ecofeminista
Para el ecofeminismo,
el aspecto ético es una cuestión de esencial relevancia. No hay pensamiento sin
ética, así como no hay una ética neutral al género. La ética ecológica y
feminista que defienden algunas autoras, entre ellas Karen Warren,
se basa en las siguientes premisas 22. En primer lugar, el ecofeminismo
se inserta en el feminismo destacando su articulación con los contextos
culturales en donde se desarrolla. No se trata de una serie de premisas que
valen para todo tiempo y lugar, sino que son hijas del contexto en donde aparecen
23. El ecofeminismo emerge desde las identidades comuntarias forjadas desde lo local a través de sus
construcciones narrativas. Es una ética inclusiva y relacional, de aproximación
a las vivencias de las/os “otras/os”. De esta manera, nace de la diversidad de
quienes han sufrido los efectos de un orden que ha tenido consecuencias
negativas en sus vidas.
En segundo lugar, esta ética ecofeminista se basa en que ninguna de sus premisas
teóricas ni sus prácticas contribuyan al fortalecimiento de ninguna lógica de
dominación. Es decir, el ecofeminismo es un
movimiento antirracista, antisexista, anticlasista y antiespecista.
Finalmente, la ética ecofeminista ofrece centralidad a valores subrrepresentados en otros aparatos ideológicos: valores de
cariño, respeto, amor por las/os otras/os y por uno/a mismo/a.
Las relaciones con las/os
demás son el eje desde donde cada cual se conoce a sí mismo 24. De este modo,
las/os ecofeministas reevalúan los conceptos que
durante los siglos XVII y XVIII guiaron a la sociedad occidental a considerar
la razón y la ciencia como valores superiores a los demás. Estos conceptos
fueron fundamentales también en el desprecio profundo que el hombre científico
ejerció sobre lo natural 25 .
En definitiva, se trata de
una ética del cuidado, que da especial relevancia a las vivencias y sensaciones
desatendidas por el discurso racionalista que surge con fuerza en las décadas
previas al Iluminismo. Así, lo relacional y lo empático,
lo que marca nuestras interacciones con “lo demás”, se realzan, colocándose en
una posición central para entender cómo nos llevamos con nuestro entorno y con
nosotras/os mismas/os. Esto, desde luego, sin despreciar lo que de positivo
puedan aportar, en determinadas ocasiones, lo racional y estratégico. Se trata,
en todo caso, de fusionar la inteligencia racional y emocional en un equilibrio
que contribuya a la supervivencia de la especie y del planeta. De este modo, lo
narrativo es un vehículo de gran valor para que afloren esas relaciones y para
buscar ese equilibrio. En este sentido, Warren señala
que la aproximación de conquista de lo natural se opone, en la ética ecofeminista, a la aproximación respetuosa hacia el entorno
26 , acercamiento que no resuelve las diferencias sino
que las comprende y las aprecia. La emergencia de una u otra se ve facilitada
por el vehículo narrativo, el cual expresa sensaciones personales que se enraizan en una cosmovisión particular al grupo al que la
persona pertenece. No se trata, en suma, de una posición anticiencia
o antiteoría, sino de síntesis para la búsqueda de la
supervivencia.
5. La situación actual: el
desarrollo, el capitalismo y la violencia
El ecofeminismo
elabora una crítica profunda al modelo de desarrollo capitalista sobre la base,
en general, de las premisas anteriormente descritas. Partiendo de lo que se ha
señalado, las/os ecofeministas señalan que el
proyecto de desarrollo es un proyecto masculinista y androcéntrico, agresivo con
Así, la pobreza del Sur se
genera por falta de agua, alimentos y combustibles, lo cual implica crisis ecológica:
esta pobreza afecta más a las mujeres, porque son las más pobres entre las
pobres, y porque junto con
Por otro lado, los crecientes
costes de las nuevas tecnologías en términos de materiales y energía, que no
son renovables, hacen que cualquier crecimiento del PIB se convierta en un
decremento del patrimonio natural y de la riqueza del mundo. La demanda
creciente de papel, por ejemplo, aumenta el PIB pero disminuye el stock de
árboles, lo cual hace que a las mujeres les cueste más esfuerzo conseguir
alimentos y energía para su subsistencia en buena parte del Sur. A menudo la
destrucción es causada por la demanda de productos industriales no vitales.
Estos son costes invisibles
para la economía, costes que soportan, fundamentalmente, las mujeres. Lo que el
patriarcado considera productivo es en realidad altamente destructivo de
En definitiva, el desarrollo
es un proceso que parte de una contradicción: la identificación entre pobreza
definida culturalmente, y pobreza material; y entre el crecimiento de la
producción de mercancías (basada en el mercado) y la satisfacción de las
necesidades básicas. Hoy en día hay menos tierra fértil, agua y riqueza
genética, gracias al desarrollo. Los recursos básicos son más
escasos y hay más
excluidas/os.
La destrucción de
De aquí que pueden extraerse
dos consecuencias, que son las que se han sostenido más arriba:
1. El desarrollo como proceso
de extraversión de las naciones del Sur es un fenómeno que entraña violencia
contra
2. La solución de este
problema no se encuentra en el mismo paradigma. Las mujeres, como principales
víctimas de la degradación de
6. Movimientos ecofeministas
6.1 Prácticas
En lo único en lo que están
de acuerdo todas/os las/os autoras/as ecofeministas
es en que hay casi tantas corrientes ecofeministas
como número de investigadoras/es que se han involucrado en el tema. Aquí, la
elaboración doctrinal del ecofeminismo corre paralela
a determinados movimientos sociales con características comunes surgidos en
todo el mundo, dirigidos por mujeres que luchan contra la degradación
ambiental, y que señalan como causa de la misma al patriarcado 31
. Algunos de ellos fueron:
° El movimiento Whyl en
°
° Greenham
Common
° El movimiento chipko
° Earth
First!
° Movimientos de liberación
animal
En este sentido, los
principales movimientos ecofeministas surgen a raíz
de su vinculación con otros movimientos sociales, especialmente el pacifista,
antimilitarista y antinuclear de finales de los 70.
Por otra parte, la estrategia
de acción de los movimientos ecofeministas, desde los
vinculados al pacifismo en EE.UU., los movimientos en
defensa de los bosques en el norte de
1. Seguridad alimentaria
2. Hábitat
3. Consumo y salud
4. Contaminación
En cuanto a las dos primeras
cuestiones, los movimientos gestionados por mujeres han hecho un gran esfuerzo
por luchar en contra de la erosión, la deforestación, y la desertización. El
ejemplo paradigmático es el Movimiento Chipko, de los
años 70 en el norte de
Pero además, los grupos ecofeministas se ha vinculado, por
6.2 Escuelas ecofeministas
Paralelamente al accionar de
los movimientos ecofeministas, surge la literatura y
el estudio de las interconexiones entre las dominaciones sobre las mujeres y
1. la escuela clásica
2. la escuela espiritualista
o esencialista
3. la escuela constructivista
La primera escuela surge en
los años 70 en EE.UU y sus figuras más importantes
son las norteamericanas Mary Daly
y Susan Griffin. Estas
afirman que el patriarcado ha conducido a la crisis ecológica y que la solución
pasa por la ética del cuidado femenino. La práctica de esta ideología se
traduce en: grupos de autoayuda, oposición a la energía nuclear, e incluso a la
medicina tradicional (ginecología alternativa). Es un feminismo de la
diferencia que afirma que varones y mujeres tienen esencias distintas: este esencialismo biologicista suscitó
fuertes críticas.
La escuela esencialista aparece en los años 80 en los países del Sur,
y realiza una seria crítica al modelo de desarrollo occidental y se caracteriza
por su defensa de los pueblos indígenas del sur del planeta. Esto se vincula
con la religiosidad de numerosos pueblos de la tierra, sobre todo de América
Latina y
° la
crítica a las estructuras de pensamiento dicotómicas, sobre todo respecto de
los dualismos Naturaleza/sociedad, cuerpo/espíritu
° la
práctica política y la vida social de las mujeres
° la
pretensión de enlazar todas las formas de opresión (de género, de raza, de
clases, de
° una
ética política antiinstitucional y democrática de
base
° la
supervivencia en contra de la satisfacción de las necesidades a través del
mercado
6.3. Las prácticas ecofeministas: el Estado Español
Josepa Brú 38 señala tres ejemplos de movilizaciones en torno a
las temáticas ecofeministas a partir de tres
experiencias en el Estado Español: el proyecto de construcción de un vertedero
de residuos tóxicos en Gibraleón; el incendio en una
vivienda de un barrio degradado de Bilbao, y las movilizaciones coordinadas
entre cuatro pequeños pueblos de Cataluña en contra del Plan de Residuos de
En estos tres ejemplos, Bru ve aplicados los principios ecofeministas.
Estos han confirmado, según esta autora, que existe una percepción de los
riesgos ambientales propio de las mujeres, y que en las propias formas de
actuar de estos movimientos existen rasgos esencialmente femeninos. Así, se
comprobó un alto activismo por parte de las mujeres, frente al clásico mito de
la pasividad de éstas, sobre todo en ámbitos rurales. Los motores de esta lucha
fueron: la entrega a la familia y a la comunidad; la implicación apasionada en
la salvaguarda de la tupida red de unas relaciones históricas, familiares,
personales y afectivas, para el futuro.
Es interesante como el modelo
patriarcal, al situar a la mujer en la esfera privada y doméstica, la ha
educado en la cotidianeidad, es decir, en la inespecificidad,
menospreciada por la alta especialización de la producción capitalista, pública
y androcentrada. En este sentido, la movilización
ciudadana y la percepción de la problemática ambiental es fruto de una visión
cotidiana, y pone en marcha redes y habilidades, también cotidianas, que para
el poder dominante (el capital, sus partidos políticos, etc.) es difícilmente
asimilable, desestructurador y preocupante. Las
mujeres son, por lo tanto, los agentes más preparados para enfrentar la crisis
ecológica.
Por otro lado, las
movilizaciones han organizado sus tiempos en función de los tiempos domésticos.
Se rompen los tiempos individuales compartimentados y aparecen los de la
comunidad: allí es donde las mujeres se sienten menos desgastadas que los
hombres.
En definitiva, puede decirse
que ha aparecido en el horizonte un modelo de percepciones femeninas de la
problemática ambiental. Esta especificidad se refleja en la estrategia de lucha
contra la degradación de
7. Críticas feministas
Las corrientes feministas no
ecologistas han criticado, de modo muy duro, la utilización de los estereotipos
de género como arma potencialmente liberadora de la mujer. Es decir, su
“naturalización”, ¿favorece o perjudica su lucha contra el patriarcado? Si el
patriarcado le ha asignado un sitio (el dominio privado, el cautiverio, la
maternidad,
En este sentido, Osborne recuerda que “defender a priori que las mujeres
poseen virtudes especiales por el hecho de serlo parece conducir
ineludiblemente a la recreación del “eterno femenino”, que en nada favorece a
la mujer. Esta ideología esencialista sobre la mujer,
históricamente construida, ha acabado modelando unos rasgos específicos con el
fin de sojuzgarla y mantenerla apartada de sus intereses emancipatorios”
39 . Creemos que en casi ningún caso el ecofeminismo crea que todas las mujeres “por el hecho de
serlo” posean unas determinadas características: Osborne
critica también el “separatismo” de las acciones exclusivamente femeninas. En
otro orden de cosas, la autora menciona que el discurso ecofeminista
sólo menciona lo que de la historia “le conviene”. Así, señala que la violencia
de hombres contra otros hombres no aparece, o que muchos varones no poseen el
espíritu mortífero y depredador que se les atribuye, y alude a textos ecofeministas que han sido reelaborados muchas veces desde
que aparecieron por primera vez 40. Así, la crítica del “esencialismo”,
entendido como ahistoricidad, ingenuidad y
simplificaciones en la interpretación de las relaciones entre los géneros y con
En definitiva, como señala Ynestra King, “reconocer que
aunque la dicotomía naturaleza/cultura sea, en sí misma, un producto de la
cultura, nosotras podemos conscientemente elegir no reforzar esa dicotomía
uniéndonos a la cultura masculina. En cambio, podemos utilizarla como punto de
partida para crear una cultura y un cuerpo político distinto, que, a su vez,
integre las dimensiones espirituales e intuitivas a las formas más racionales
de conocimiento, abarcando la “ciencia” y la “magia” de tal forma que nos
permita transformar la dicotomía Naturaleza/cultura e imaginar y construir una
sociedad libre y ecológica” 43
8. Conclusiones
Si bien es difícil considerar
que todas las mujeres tienen la misma visión “femenina” de los problemas
ambientales, las experiencias de las mujeres en los movimientos ecologistas
hacen pensar que existe una conexión entre su supervivencia y la de
entre el ser humano y
el resto de los seres vivos sobre el planeta (democracia radical).
En definitiva, el ecofeminismo aboga por un cambio desde una economía
determinada por las fuerzas del mercado (modo de producción parasitario que se
aprovecha del trabajo gratuito de millones de mujeres y de
Es la población común, el/la
otro/a de este mundo, el que se apoya en experiencias de participación y no de
manipulación de lo exterior. Como señala Esteva, “el hombre común, en los
márgenes, ha sido capaz de mantener viva otra lógica” 44.
Los cambios que deben
llevarse a cabo son, en todo caso, estructurales y muy profundos, pero deben
siempre pasar por un cambio en el orden social, económico y político
establecido. Debe modificarse la composición de lo que se produce, los procesos
de producción (tecnología), los sistemas de conocimiento que contribuyen a
crear esos procesos, y la distribución por clase y por género de lo que se
produzca y se consuma.
Un ejemplo: en ciertas zonas
podrían sustituirse los monocultivos arbóreos por mezclas de especies
autóctonas, respetando la biodiversidad y abandonando así los paradigmas del
mercado: el cambio de la agricultura petroquímica por la agricultura orgánica.
Al cambiar esto, cambiaría la tecnología y la base de conocimientos que la
sustenta; la violenta relación del abono petroquímico por la sabiduría de miles
de años de las mujeres agricultoras del lugar. Para ello habría que llamar
“ciencia” a esa sabiduría actualmente expoliada por las empresas
multinacionales y las leyes de patentes.
Y en general, los principios
ecologistas y feministas requieren que el aprovisionamiento material sea lo más
local posible. Esto es ecologistas pues así los costes de producción son obvios
para la gente que los produce y los consume. Y es feminista, pues no separa,
como el capitalismo patriarcal, la producción de otros aspectos de la
comunidad. El aprovisionamiento debe ser igualitario y democrático y no
depender tanto de los transportes motorizados. Pues finalmente, como dice Ilich, las 1.500 horas que el habitante de EE.UU consagra a automóvil como media “…le sirven para hacer
unos
Así, el ecofeminismo
toma como punto de partida una situación construida culturalmente por y para
los hombres (de cierta clase, etnia, color y edad) para, a partir de allí,
luchar por construir una teoría y una acción que aprehenda otros mundos en
donde la supervivencia y los valores de respeto al/a la otro/a (entendiendo
esto como las mujeres, las personas no blancas, pobres y a
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Notas:
1 Lo que Holland-Cunz (1996) llama “minorías silenciadas de la historia de
la teoría”.
2 Warren
(2000). Como dice Lagarde, “la perspectiva de género
feminista contiene también la multiplicidad de propuestas, programas y acciones
alternativas a los problemas sociales contemporáneos derivados de las
opresiones de género…”.
3 Rosaldo
(1980)
4 Como se ha dicho, la
categoría analítica fundamental del análisis ecofeminista
es el género, lo que Lagarde define como “la
construcción diferencial de los seres humanos en tipos femeninos y masculinos.
El género es una categoría relacional y una construcción que busca explicar una
construcción de un tipo de diferencia entre los seres humanos”. El género es la
construcción simbólica en torno a diferencias anatómicas y psicológicas entre
hombres y mujeres. Lagarde (1996)
5 Afirma Moreno (1991): “Y
dentro mismo de nuestra tradición civilizatoria, la
negación del derecho a la diferencia y la conversión de ésta en fuente de
desigualdad ha sido también el medio legitimador históricamente más utilizado
para justificar la
opresión y la dominación”.
6 Ortner en Harris y Young (1979)
7 Sanday
(1981)
8 Merchant (1990)
9 Vianello
y Camarazza (2002)
10 Sabaté
Martínez, Rodríguez Moya y Díaz Muñoz (1995)
11 Ver Illich
(1974)
12 Iván IIlich
(1974), sobre el impacto social y ecológico del transporte aéreo desde una
perspectiva de clase, habla del “esclavo del desplazamiento” y del “viajero
impertinente”, señalando que “un tercio de la población adulta debe hacer
13 Aún con todas las reservas
que los economistas tenemos de la expresión “crecimiento”, no nos referimos a
esa sino al crecimiento personal y espiritual.
14 Sábato
(1979)
15 Es muy curioso como, a la
hora de criticar la supuesta postura ecofeminista de
que existe una tendencia de los hombres hacia la violencia y de las mujeres
hacia el cuidado (cuestión que no se plantea aquí), Osborne
señala que muchos hombres desean la paz (¡vaya obviedad!) ya que, a fin de
cuentas, ellos también son padres. Pero ¿es acaso el amor paterno un fenómeno
con el mismo origen y las mismas características que el amor maternal?
16 No estamos expresando
posiciones esencialistas, sino meramente constructivistas.
17 Expresión igualmente
utilizada en el ecofeminismo de Vandana
Shiva, como se verá más adelante.
18 Para una exposición de
argumentos sobre el uso del PIB como indicador macroeconómico de riqueza, puede
consultarse el número 16 de
19 El propio acto sexual es invasivo y viene muchas veces cargado de violencia.
20 El patriarcado es, en sí
mismo, un conjunto de pactos entre los hombres.
21 Escalera (2001)
22 Esta descripción
correspondería a lo que casi todo el ecofeminismo
estaría de acuerdo en afirmar. Se trata de una ética de mínimos.
23 En este sentido también se
critican algunas prácticas, como por ejemplo el vegetarianismo y algunas
premisas de la ecología profunda.
24 Warren
(2000)
25 Algunos autores de esa
época son especialmente blanco de duras críticas, como Francis Bacon y René Descartes.
26 Warren
las califica de “arrogant perception”
y de “loving perception”.
27 Delgado Cabeza (1998)
28 Shiva
(1989)
29 Sendón
de León (2003)
30 Esteva en Sachs (1996)
31 Sturgeon
(1997)
32 La conferencia se tituló:
“Mujer y vida sobre el planeta: ecofeminismo”.
33 Sturgeon
(1997)
34 Diani
en Ibarra y Tejerina (1998)
35 Brú
(1997)
36 Movimiento “encabezado”
por Vandana Shiva, quien,
por otra parte, no ha dejado también de recibir importantes críticas (ver Mawdsely (1999) ).
37 Este es uno de los frentes
más conocidos de algunas ecofeministas, como Mies y
la propia Vandana Shiva.
38 Brú
(1997)
39 Osborne
(1993)
40 Especialmente los textos
de Griffin y Daly.
41 Holland-Cunz (1996) y Sturgeon (1997)
defienden una especie de esencialismo “necesario para
la teoría”.
42 Lagarde
(1996)
43 King
(1983) en Sturgeon (1997)
44 Esteva en Sachs (1996)