La autonomía del cuerpo:
Un llamado al retorno de la lucha por la libertad sexual. Para el feminismo contemporáneo, fue
necesario contar con herramientas para enfrentar la dura violencia sexual e
identificar los mecanismos para el reconocimiento de la propia sexualidad
(Gloria Careaga)
Subió a conferencia el 29 de Julio del 2005
La autonomía del cuerpo
Un llamado al retorno de la lucha por la
libertad sexual
Gloria Careaga
La
autora, de nacionalidad mexicana, es feminista y activista del movimiento lésbico
homosexual en México. Asimismo, fue impulsora de la creación de la primera
instancia académica de estudios de la diversidad sexual en el Programa
Universitario de Estudios de Género, PUEG, de
El feminismo contemporáneo identificó las
prácticas sexuales predominantes como uno de los elementos centrales que
mantenían la inequidad entre mujeres y hombres, como un instrumento más para la
subordinación de las mujeres. Para el feminismo contemporáneo, la lucha por la
autonomía del cuerpo constituyó el eje principal de sus demandas, no solo por
la intensa discusión que generaba el papel de la maternidad y la lucha por la
legalización de los métodos anticonceptivos, sino también, y de manera
importante, por la necesidad de contar con herramientas para enfrentar la dura
violencia sexual e identificar los mecanismos para el reconocimiento de la
propia sexualidad (Careaga, 2001).
Podríamos considerar que la discusión que se
daba en América Latina en los años 70 se desarrolló simultáneamente en Estados
Unidos y lo podemos ver reflejado en la publicación “Placer y peligro” (Vance, 1984), donde se destaca el papel que la sociedad
atribuía a la mujer respecto de la sexualidad en este posicionamiento de doble
moral social y de suma responsabilidad hacia las mujeres en el control de la
sexualidad. La aportación feminista, además de destacar la disparidad de género
en el ejercicio sexual, se pronunció a favor del reconocimiento de las diversas
expresiones de la sexualidad de las mujeres, en contra la heterosexualidad
impuesta y de las diferentes formas de violencia sexual. Si bien la sexología,
la psicología y la antropología no han cesado en su búsqueda de dar
explicaciones al comportamiento sexual humano y han contribuido de manera
importante a la elaboración de un marco teórico para reconocer la diversidad,
el impulso político proviene de un origen diferente: las minorías sexuales. La
mayor parte de las sociedades han presenciado ya un esfuerzo sostenido de
lesbianas y gays por articular y desarrollar
identidades diferenciadas en el contexto de subculturas
y comunidades sociales más amplias.
A medida que los modos de vida homosexual se
han hecho más públicos y tienen más confianza en sí mismos, han surgido otras
afirmaciones de identidad de minorías sexuales, y se ha proporcionado un
repertorio de estrategias políticas y organizativas para la movilización de
otros grupos eróticos, exigiendo su derecho a la expresión y la legitimidad. Es
decir, cada día más han dejado de ser del interés clínico para entrar en el
escenario de la historia y de la cotidianidad, como pruebas vivas de la
diversidad sexual. De una diversidad sexual para la que difícilmente tenemos
nombres.
Aun así, la tendencia a buscar su etiología
y a formar y defender categorías está aún vigente. Pero, como Kinsey señaló, sólo la mente humana inventa categorías y se
esfuerza para que los hechos quepan en casilleros separados, a pesar de que los
hechos se subvierten constantemente. Y en este afán, han surgido nuevas
categorías y minorías eróticas y las más antiguas han vivido un proceso de
subdivisión a medida que gustos especializados y necesidades y aptitudes
específicas se convierten en la base de otras identidades sexuales que
proliferan: osos, sado, leather, swingers, fem
y trans, por mencionar algunas. La lista es
potencialmente interminable, ya que cada deseo especifico se convierte en un
centro de afirmación política y posible identidad social que resulta imposible
enumerar y, no pocas veces, incluso denominar. Basta observar un poco y mirar
cómo se presentan formas de expresión en movimiento constante, cada una con sus
expresiones específicas.
Los estudios sobre las minorías sexuales han
creado entonces un espacio propio, donde el feminismo ha intervenido poco. Así,
han pasado de los estudios lésbico gays, a los
estudios queer -como una forma de reivindicar su uso
peyorativo- y a los de la diversidad sexual con el objeto de abrir un espacio
para la reflexión sobre las amplias manifestaciones de la sexualidad.
Mientras la bandera feminista se mantiene
“por la libre opción sexual”, hoy pocas la asumen y menos aún le han dado un
contenido acorde con el desarrollo que la diversidad sexual ha alcanzado, tanto
en su aproximación teórica como en su posicionamiento político.
Diversidad
sexual
Aproximarnos al estudio de la diversidad
sexual implica retos importantes. Como producto de un contexto social,
histórico y político, la sexualidad es el resultado de un largo proceso a
través del cual se definen sus expresiones y acciones. Así, si intentar
comprender la sexualidad en el trayecto de la humanidad resulta un objetivo
demasiado complejo, comprender la expresión actual de la sexualidad representa
un reto importante, incluso para el reconocimiento y aceptación de la propia
sexualidad, ¿qué será entonces para la de los demás?
La diversidad sexual es un concepto que
surge a partir del reconocimiento de las diferentes expresiones de la
sexualidad, lejos de la concepción tradicional “en la noche, en la cama, dentro
del vínculo conyugal y para la reproducción”, y de todas las implicaciones de
esta concepción: monogámica, heterosexual, entre un hombre y una mujer, lejos
del deseo, las fantasías y del placer.
Aproximarnos a la diversidad sexual
necesariamente nos hace revisar el concepto que sobre la sexualidad tenemos. Es
decir, afirmar que concebimos la sexualidad como producto de un proceso
sociocultural que se refiere a los aspectos erótico amorosos
de nuestras vivencias, mucho más allá de la genitalidad. Implica el reconocimiento
del significado y relacionamiento con el cuerpo desde
las tradiciones y valoraciones culturales y religiosas. O sea, no es posible
comprender la diversidad sexual sin contemplar la diversidad cultural.
Hoy podemos afirmar, además, que la diversidad
sexual es un conjunto de expresiones de la sexualidad que involucra tres
dimensiones para su análisis y definición: la orientación sexual, de acuerdo a
la dirección erótico-afectiva del objeto amoroso; la identidad sexual, según la
definición sexual que adoptan las personas; y la expresión sexual, en relación
con las preferencias y comportamientos sexuales que adopta la persona, que
adquieren significado en cada una de las culturas. Pero que, además, esta
diversidad se expresa en el tiempo (Weeks, 1998), a
través de las diferentes etapas del desarrollo de las personas y que, además,
no son lineales sino que se superponen e interactúan de manera cambiante a
través del tiempo en las diferentes etapas de la vida.
Es decir, fácilmente podemos reconocer nuestra
variabilidad en las expresiones del deseo, pero reconocer nuestras transiciones
en la orientación sexual, en las identidades sexuales, es otra cosa. Estas
mantienen todavía un estigma que impide un acercamiento sano con la
posibilidad. Y, sin embargo, estamos en transición constante. Podemos tal vez
reconocer algunas curiosidades por utilizar aditamentos y prendas del otro
sexo, pero como un juego. Y tal vez hasta recordar alguna escena de celos a
nuestra amiga, a nuestro amigo más querido, pero de ahí a la erotización de la relación, de la situación... es más
difícil.
Es más, el reconocimiento y comprensión de
estas dimensiones a través de nuestras interpretaciones de las expresiones
culturales de la sexualidad representan un reto insalvable que permite
identificar no sólo las dificultades para el reconocimiento de la diversidad
sexual, sino también de distintas manifestaciones del racismo y la
discriminación que aún mantenemos.
Los estudios sobre la diversidad sexual no
se constituyen más en proyectos de investigación desarrollados por algunas
personas interesadas, cada vez más impactan los espacios universitarios y
algunas currículas para abordar esta perspectiva (Careaga y Cruz, 2001). El tema de la sexualidad empieza a
salir del closet y, poco a poco, se va constituyendo en un tema cotidiano.
Estudios de Género de
La búsqueda de las causas de la conducta
sexual humana ha ido perdiendo importancia, para dar lugar al interés por
conocer las formas y la presencia frecuente de la diversidad sexual. El trabajo
desarrollado en torno a la investigación en este campo se ha dirigido hacia las
identidades, las expresiones
culturales, literarias, las formas
de resistencia y de organización y a los estilos de vida, de reflexión.
De ahí la iniciativa en el Programa
Universitario de. Los esfuerzos de la lucha política incluso han llevado a que
las fuerzas conservadoras cada vez requieran de mayor beligerancia para ser
escuchadas mientras, cada día, la visibilidad de otras formas de expresión de
la sexualidad van no sólo ganando terreno sino también conquistando derechos.
Conclusiones
Recuperar la discusión en torno a la
sexualidad nos exige hoy retomar los avances en otros campos, como los estudios
sobre la diversidad sexual y sobre la masculinidad. Incorporar el marco donde
estamos inmersas, con sus fuertes contradicciones sociales y la dominación
religiosa. Reconocer la diversidad no sólo sexual, sino también cultural que
posibilite comprender mejor los estigmas, estereotipos y limitantes desde donde
nos movemos.
No podemos dejar de reconocer que la
sexualidad ha sido objeto de múltiples usos para servir a intereses
particulares, principalmente de control social y de mantenimiento de la
supremacía en el poder. Sin embargo, para nuestra fortuna, nunca se ha logrado
reprimir y controlar hasta la concepción donde se le quiere circunscribir. Es
más, las expresiones múltiples de la sexualidad han cobrado cada día mayor
vigencia y nos obligan a impulsar una reflexión en torno a nuestros propios
deseos, fantasías y prácticas que hagan posible una mayor comprensión de
nosotras mismas y de los demás.
La sexualidad es una parte importante del
desarrollo humano. No la más importante como se ha tratado de imponer, pero sí
fundamental para el establecimiento de relaciones de respeto y amor entre las
personas. Buscar estudiar la diversidad sexual nos ha implicado posicionarnos
frente a las concepciones y determinaciones que han guiado nuestro quehacer en
los últimos años. La sexualidad, esa práctica huidiza que derrumba categorías y
concepciones y que nos exige volver frecuentemente al punto de partida.
Hoy en día se habla abierta y públicamente
sobre la vida y prácticas sexuales de hombres y mujeres que se alejan de la
heterosexualidad convencional y que anteriormente correspondían al ámbito
privado e íntimo. Lo anterior tiene su explicación en sucesos y condiciones
socioculturales que se han gestado y construido históricamente.
Indiscutiblemente la forma de organización social, los intereses económicos y
políticos, los movimientos sociales, los nuevos discursos sobre derechos
humanos y la democratización, el rápido y fácil acceso e intercambio de
información a nivel mundial, el cambio de valores intergeneracionales, los
cambios en las relaciones entre hombres y mujeres, todo en conjunto, entre
otros aspectos, ha formado parte de ello. Igualmente, los discursos
científicos, la investigación y la elaboración teórica en torno a la sexualidad
han dado pauta para la visibilidad de la coexistencia de una gran diversidad de
relaciones y formas de expresar y vivir la sexualidad humana.
El reconocimiento de la presencia de otras
expresiones de la sexualidad tampoco ha sido suficiente para dar cuenta de los
derechos involucrados en estas diferencias; la discriminación de que son
objeto, incluso desde la propia condición, es aún un elemento pendiente para
asumir un compromiso para la transformación. El trabajo de investigación que
hoy realizamos nos permite ofrecer elementos para comprender el arraigo a las
identidades sexuales y su expresión, pero al estar basado en las categorías reconocidas
necesita mirar por los intersticios para dar cuenta y documentar los
movimientos que, entre las categorías dadas, expresan el comportamiento sexual
humano. Los retos a enfrentar aún son grandes.
Asumir la diversidad sexual nos plantea la
revisión de las categorías que sobre la sexualidad hemos construido y reconocer
su insuficiencia. Es más, reconocer que estas no son inamovibles ni
definitivas, sino que están en constante movimiento y que se traslapan, incluso
sin darnos cuenta. Más aun, nos reta a mirar un mundo sin categorías, donde las
expresiones de la sexualidad, todas, tengan cabida y sean plenamente
disfrutadas. La reflexión en torno a la propia sexualidad es una vía que podría
ofrecernos alternativas para el rompimiento de estereotipos y estigmas
impuestos a ciertas prácticas sexuales y para el ejercicio pleno de la
sexualidad en un marco de libertad y respeto, valores básicos y fundamentales
de los derechos humanos para el sustento de las sociedades democráticas.
Bibliografía
Careaga, Gloria (2001). Las
sexualidades, el reto pendiente del movimiento feminsta.
En:
Careaga, Gloria y Cruz, Salvador
(2001). Sexualidades diversas: aproximaciones
para su análisis. Fundación Arcoiris por el
respeto a la diversidad sexual, AC y Programa Universitario de Estudios de
Género, UNAM. México.
Foucault, Michel
(1979). Historia de
Freud, Sigmund
(1905). Tres ensayos sobre la teoría de
la sexualidad. Amorrortu. Barcelona.
Vance, Carole
(1984). Placer y Peligro. Explorando
Weeks, Jeffrey
(1998). Sexualidad. Paidós. Programa Universitario de Estudios de Género, UNAM.
México.