Como
mujer no tengo patria pero en tanto mujer sí tengo patria en la medida en que
existe y me ha marcado. Lejos de la dicotomía que anula, como mujer tengo y no
tengo, son ambas cosas a la vez. Y si empiezo diciendo esto es por que quiero
significar y recalcar algunos elementos que –desde mi feminismo- me parecería
importante recalcar en
Subió a conferencia el 18 de Septiembre del 2006.
Fuente: Creatividad Feminista.
CON MI FEMINISMO
MIRANDO AL SUR (*)
(primeras reflexiones de un viaje de regreso al futuro)
Ximena Bedregal
En la cosmovisión
andina el pasado está adelante y el futuro está atrás. El pasado es lo que nos guía
y orienta, el futuro no existe.
Tras la luna de
esmeralda
por el camino va sola,
la silueta de la chola
con su guaguita a la espalda
En su florida
pollera,
color de cielo estrellado,
lleva a vender al mercado,
Kantutas de primevera.
(Trozo del primer poema que
aprendí a los 4 años, autor: Oscar Alfaro) (guaguita: bebé: kantuta:
flor nacional)
1.- Como mujer no tengo patria, pero la tengo
Primeramente
quiero presentarme, soy Ximena Bedregal. Regreso a
Bolivia después de muchos años de vivir fuera, aunque nunca perdí el contacto
básico con esta realidad y su devenir. Regreso porque intuyo políticamente que
en los cambios que se están dando aquí hay mucho para enriquecer mi alma y mi
pensamiento, mucho para dar y mucho para incentivar la reflexión feminista que
parece haberse estancado y amarrado a los destinos del liberalismo
igualitarista en la mayor parte de sus expresiones orgánicas y sus sectores
mayoritarios de expresión política.
Aunque
nacida en Bolivia, como mujer no tengo patria el mundo entero es mi tierra, lo
cual no quiere decir que no lleve en mi identidad básica los signos de la
tierra donde nací, aprendí a hablar, vivir, donde se fundaron mis sabores,
olores y percepciones primarias; donde conocí e internelicé
sentidos de realidad y deseos de vida, los sentidos de lo social y de lo
político, donde aprendí a conocer la injusticia y realidades inaceptables,
donde aprendí los sentidos y significados del amor y de la inteligencia que
estructuraron muchos de los deseos de justicia que marcan mi existencia, donde
aprendí a verme como mujer, donde hice mis primeros pasos hacia el feminismo.
En
ese sentido, como mujer no tengo patria pero en tanto mujer sí tengo patria en
la medida en que existe y me ha marcado. Lejos de la dicotomía que anula, como
mujer tengo y no tengo, son ambas cosas a la vez. Y si empiezo diciendo esto es
por que quiero significar y recalcar algunos elementos que –desde mi feminismo-
me parecería importante recalcar en
Primero,
que como mujer –y todas como mujeres- no he ni hemos sido las productoras ni de
los conceptos, ni de las realidades, ni de las construcciones concretas de lo
que se llaman patrias, apenas reproductoras. En la lógica fundante
de estas arbitrarias divisiones político geográficas y en la producción de sus
realidades, hemos sido la otredad por excelencia. Los
países de nuestro continente (y de todos los continentes) se fundaron con base
en las necesidades, intereses, proyecciones, participación y diseño de los
varones, en nuestro caso además blancos, católicos, y propietarios
(propietarios de los bienes materiales pero también de la vida y la muerte de
otros seres humanos, los indios, sin duda, pero principalmente las mujeres),
ligados a la racionalidad europea occidental post revolución francesa y
preindustrial y así, desde esa lógica masculina, europeizante y occidental se
siguieron construyendo las patrias latinoamericanas y la idea misma de patria
por siglos. Patria significa “lo que pertenece al pater,
el patrimonio del padre”
Este
es el sentido de la idea de que como mujer no tengo patria
Necesitamos
entender el papel no jugado, en ese sentido el papel jugado es decir el papel
que fue asignado para nosotras, para poder imaginar el papel que (ahora autoasignadamente) podemos cumplir.
2.- Bolivia y la crisis de sentido global
Segundo,
que la crisis de sentido de la política, del hacer mundo, del hacer sociedad,
de la idea de bienestar humano y las búsquedas de alternativas que hoy vivimos
en Bolivia, no es algo privativo o exclusivo de este país, aunque obviamente
tenga sus particularidades. El sentido y la forma, de construcción social,
política y económica que se cuestiona en Bolivia hoy -insistiendo en reconocer
sus particularidades porque de otra manera no podríamos actuar- es parte de una
crisis de sentido, una crisis de posibilidad de una macrocultura
global que se ha impuesto como hegemónica en prácticamente todo el planeta y
que ya no sólo no puede dar respuestas satisfactorias sino que ha llegado al
borde de la destrucción masiva. Esa macrocultura, esa
matriz civilizatoria, ese orden - des-orden que ha
producido esta realidad planetaria se llama patriarcado. El patriarcado
occidental, hegemónico hoy en día.
Necesitamos
entender -primero o paralelamente- esa matriz, ese programa en que se funda
esta miserable realidad, entender cómo ha construido la macrocultura
que nos forma, para poder salirnos de ella e imaginar y construir otras
realidades que implica también imaginar y construir otra política.
Necesitamos
entender -luego o paralelamente-, que cambiar esa matriz no es algo que toca
sólo a Bolivia, la crisis es planetaria y las búsquedas son globales. Si
comprendemos lo que queremos cambiar, en su fondo, en sus estructura profunda,
tendremos la potencialidad de un real aporte al cambio civilizatorio
planetario, porque desde muchos lugares se busca ese cambio. Y creo que hoy por
hoy, este pequeño país mediterráneo y frecuentemente tan aislado del mundo
tiene, como nunca, la posibilidad de ese aporte. La posibilidad de ligar sus
propios cambios a las necesidades de cambio de esta macrocultura
toda. Estoy convencida que en Bolivia se está jugando mucho más que el destino
del país.
Me
parece que para Bolivia hoy es más difícil conseguir el “mar para Bolivia” que
lograr varios océanos de comunicaciones bolivianas de futuro con el mundo. Y
obviamente parece que lo segundo sería más ruptor de la mediterraneidad que lo
primero.
Este
es el sentido de la idea de que el mundo entero es mi tierra. Porque la tierra,
3.- Las mujeres y la refundación de Bolivia
Tercero,
si la matriz, o al menos la matriz principal para la imposibilidad de una buena
vida es el patriarcado que se nos ha impuesto, a todas y todos sin duda, pero
particularmente a las otredades, o sea a quienes no
hemos participado de su construcción, en este caso a las mujeres y también los
pueblos originarios.
Si
en la patria y sus formas concretas de existencia y construcción social hemos
sido la ausencia, la ajenidad, apenas tan sólo las
reproductoras de valores y sentidos que no nos pertenecen, en los que no nos
leemos pero que sin embargo hemos vivido, sufrido y lo que es peor: ayudado a
reproducir; la hoy llamada refundación de Bolivia no puede concebirse sin una
participación vertebral, imaginación, politización y diseño propio de y desde
esa otredad salvo que se quiera repetir más y más de
lo mismo.
Y
el no hacer más y más de lo mismo no se da sólo por el hecho de ser otredades, o sea mujeres. Las mujeres no vamos a cambiar
nada por el sólo hecho de ser mujeres.
Este
es el sentido de que como mujeres también tenemos patria.
Las
mujeres no nacimos en una probeta ni en Marte. La feminidad es una construcción
de la masculinidad desde la cual somos colonizadas y frecuentemente tendemos a
creer que esto es un destino que nos obliga a aceptar lo existente o a creer
que no aceptarlo es pedirle a quienes tienen el poder y, peor aún, a los que
han construido esta debacle social, nos permitan participar en su mundo,
constriñendo con ello nuestra libertad, nuestra imaginación, nuestra
potencialidad de pensar al margen de lo impuesto para nosotras.
El
desafío que tenemos es pensar a Bolivia desde otro lado. Dejar de ser las
víctimas que gritan para que los que tienen el poder nos resarzan de nuestra
condición de víctimas, dejar de una vez por todas las demandas al que tiene el
poder, que siempre terminan por darles el poder de darnos o negarnos para pasar
a ser sujetos pensantes del mundo que queremos, sujetos que construyen la
sociedad que desean.
Me
ha tocado ver últimamente y ante la próxima asamblea constituyente, una
fabulosa, increíble producción de demandas, listas interminables de demandas y
más demandas que esas llamadas expertas que las están recogiendo y recopilando
ya ni saben como ordenarlas, en que temática o acápite ponerlas. Con todo
respeto a las compañeras que han trabajado y puesto su energía en ello y sin
negar que esas demandas hablan de las necesidades de
las mujeres, me parece que ese enfoque nos vuelve a encerrar en la víctima
demandante y no permite dar el salto a pensar e imaginar la sociedad completa
que queremos. El patriarcado puede conceder muchas demandas e incorporar (OJO
dije incorporar) a las otredades a su mundo sin dejar
de ser patriarcado.
4.- El patriarcado o el programa que nos constituye
Ahora
bien, ¿Qué es el patriarcado, de que hablamos cuando apelamos a ese concepto
para explicar y entender muchos aspectos de la realidad? ¿Por qué algunas
insistimos en ese concepto mientras otras se han constreñido a explicarlo todo
desde el género imponiendo incluso un antifeminismo con perspectiva de género?
Me
parece importante tocar un poco esto porque muchas veces se tiende a creer que
una sociedad patriarcal es aquella donde gobiernan los varones o en el mejor de
los casos donde se dan expresiones y prácticas de machismo y por lo tanto se va
a terminar si también gobiernan las mujeres y si se reglamentan y legislan
castigos para disminuir estas expresiones machistas. Obviamente estas son
expresiones de una sociedad patriarcal pero no son su base, son sólo eso:
expresiones, síntomas de algo más profundo, de algo que impulsa y permite que
la sociedad se viva de esa manera.
Y
eso más profundo no sólo se expresa en las más burdas formas del machismo ni en
la ausencia de mujeres en los gobiernos. Su expresión más radical está en la
existencia de una macrocultura que, por lo menos en 3
o 4mil años, no sólo no ha podido construir sociedades más justas sino que –
con todo y su gran desarrollo tecnológico- ha llevado a la humanidad al mayor
desastre ecológico, a la mayor depredación de la naturaleza, a construido el
mayor numero de pobres y míseros de la historia humana, ha dividido el planeta
en seres de primera, de segunda y de tercera (los imprescindibles, los objetos
de los daños colaterales, etc.) a concentrado la riqueza en cada vez menos
manos, invierte el 60% de su producción en armas de destrucción, ha confundido
la buena vida con el dinero y los bienes materiales, ha asesinado en sus
últimos 100 años más personas por guerras que en toda la historia de nuestra
humanidad, entre otras barbaries que llevaría todo el día enumerar. Y lo que es
más significativo aún: no sólo no ha logrado que ninguna de sus más hermosas
utopías cambien la situación sino que cada vez que alguna de estas triunfa, a poco
andar, la cosa vuelve a fojas cero o se pone peor.
¿Por
qué? Porque el patriarcado es una lógica, es una manera de entender la realidad
y por tanto de construirla y vivirla. Es, por así decirlo, el programa básico
que pone en funcionamiento los circuitos por donde pasan nuestros sentidos de
nosotros y nosotras mismas. Lo que somos, lo que queremos, lo que vinimos a
hacer al mundo y el cómo hacerlo. Por ello no basta tener las más buenas
intenciones si estas se basan y concretan en el mismo programa básico.
Esa
lógica, ese programa básico del patriarcado occidental, y me refiero al
occidental, primero, porque creo que hay otros patriarcados, segundo porque no
conozco ni medianamente bien los otros patriarcados ya que el que yo he vivido,
sufrido y medio analizado es éste y tercero y fundamentalmente porque es el que
se ha impuesto como el hegemónico y hoy por hoy, en esta su fase capitalista
globalizada y globalizadora, estructura cualquier
otro que pueda existir.
Esa
lógica, ese programa básico del patriarcado occidental, decía, es una lógica
dicotómica, jerárquica, lineal, excluyente y proyectiva que para entender el
mundo necesita dividirlo hasta no poder volver a retomar y entender la relación
de esas partes y menos su totalidad.
La
palabra análisis viene del griego ana-lisis que significa dividir, dividir todo
en partes para comprenderlo. En ese paradigma se basa la racionalidad
occidental. Y ese paradigma es la base de la ciencia capaz de desarrollar la
más sofisticada operación al cerebro pero incapaz de entender el funcionamiento
completo del cuerpo ni la relación de esa enfermedad cerebral con otros
aspectos de la realidad existencial y material.
Al
dividirlo todo, necesita absolutizar esa división
haciendo que la parte represente al todo. Y como concibe que sólo puede haber una verdad y no varias, esa parte “verdadera”
representa al todo, las otras partes representan nada, son mentira, son la otredad, lo igual a cero. Esta es la base de la jerarquía
dicotómica en la cual todo se divide en partes y siempre una parte es superior
a la otra, por ejemplo: mente / cuerpo (donde la mente es superior al cuerpo;
naturaleza / cultura, donde la cultura es superior a la naturaleza; blanco /
negro; hombre / mujer; etc. etc. etc.
Si
toda parte otra es igual a cero, la diferencia no es posible, no puede existir
salvo que se subsuma en la parte jerárquicamente superior, aquella que
representa lo universal, o sea salvo que se deshaga, desaparezca, dejando por
lo tanto de ser otro para ser una parte de lo mismo, del uno supuestamente
universal. Por ello en nuestra cultura se debe ser una cosa u lo otro, no se
puede ser una y lo otro al mismo tiempo y menos ser otra cosa diferente de la
hegemónica, se debe ser el uno o se es el cero, no se puede ser el 2 o 3 o 4 o
97, por ello en la política se está con migo o se es mi enemigo.
Esta
racionalidad totalmente homogeinizadora, que siendo
de base griega se articula con las mitologías judeocristianos, donde un dios
único y masculino crea a la naturaleza y le ordena al varón dominarla (creando
a la mujer para acompañarlo, servirlo y ayudarle en este proceso de
dominación). Esto implica no sólo la absoluta oposición - separación del ser
humano de la naturaleza sino la justificación místico-religiosa de la dicotomía
sujeto objeto, el sentido de que esta, la naturaleza es inferior a él, el
hombre, sujeto del proceso de dominación (proceso al que se le llama cultura) y
la naturaleza el objeto a dominar. Hacerlo es cumplir el mandato de dios, por
lo que el ser humano no tiene ninguna responsabilidad frente a la naturaleza,
su responsabilidad es frente a esa divinidad única y masculina.
En
la medida en que se ha desarrollado estos paradigmas a través de la ciencia
patriarcal, la física, las matemáticas (con Descartes, con Newton y otros señores
en la ciencia y con señores como Hegel y su
dialéctica en lo social) este paradigma fundador llegará a su máximo despliegue
en la cultura occidental industrialista que se inicia en el renacimiento donde
el individuo se separa del todo de la naturaleza poniéndose como el centro de
todas las cosas, haciendo de la razón la posibilidad única para la construcción
de mundo y control total de todo. Despliegue que se expresa en el colonialismo,
el racionalismo, el cientificismo y el industrialismo del S XX.
Así,
la economía llega a ser sólo un juego racional de cifras matemáticas, la
llamada macroeconomía, que nuestras vidas nos dicen que funciona totalmente
separada, escindida de la realidad humana y sin embargo es científica, a sido
analizada y planteada desde los parámetros de este cientificismo teológico. Es
un producto de la ciencia de los actuarios, o sea de los matemáticos de la
economía.
5.- Bolivia, terquedad patriarcal y resistencia
Desde
esta lógica, por ejemplo, si el llamado tercer mundo, o Bolivia, no logra
conseguir lo que la ciencia de los actuarios y economistas ha definido como el
camino correcto, el único, el que en alguna parte se demostró como posible, es
porque el tercer mundo, o Bolivia, está mal y hace las cosas mal; o sea si el
paradigma no coincide con la realidad, como es “científico”, es la realidad la
que está mal, no el paradigma. Recordemos que para el paradigma patriarcal
occidental, la verdad es una sola, no puede haber dos o más verdades, sólo una
tiene la razón. Además en tanto método escindidor de
la realidad, no puede ver la relación entre las partes; por ejemplo, que ese
paradigma económico funcionó en una parte del planeta porque en otra parte
pasaba algo que lo permitió. Dicho en historia y en concreto: la economía
supuestamente exitosa en el llamado primer mundo no se debe al paradigma
científico aplicado sino a su condición de posibilidad, o sea a que se apropió
de la riqueza del llamado tercer mundo y que fue la base (y lo sigue siendo)
para esa posibilidad. Recordemos que para el paradigma patriarcal occidental
una particularidad demostrada en alguna parte pasa a ser universal,
inmediatamente es la jerárquicamente válida y la que anula todas las demás. Se
transforma en una universalidad válida en si misma independientemente de las
demás partes del sistema al que pertenece.
Un
derivado de este paradigma patriarcal occidental es la idea de progreso, de
desarrollo. Idea que pareciera ser incuestionable, un deseo y una necesidad per se y hoy en la boca y nombres de cuanta organización,
institución o programa que desea hacer algo por mejorar la realidad o que cree
poder hacerlo.
Si
la cultura se entiende como el desarrollo de la racionalidad paral dominar la
naturaleza y la cultura es lo que supera al estado natural o salvaje del medio,
y es el hombre el designado por dios para cumplir esto, entonces el ser humano
pasa a ser un algo por encima de la salvaje madre natura.
El
concepto de desarrollo es esto mismo pero en el momento histórico en que los
paradigmas científicos patriarcales han logrado desarrollar la razón matemática
para un control tecnocrático de alto nivel sobre el
entorno natural y social. El papá del concepto de desarrollo, o sea el de
progreso, es el que marca ideológicamente a la revolución industrial, esa
suposición de que podemos producir por encima de la naturaleza y del medio
biológico que nos sustenta, ¡todo!, cualquier cosa que imaginemos y en
cualquier cantidad. Que podemos, ahora sí, llegar a la productividad prometeica que nos asemeje a ese dios que nos dio el
mandato inicial, o tal vez continuar y concluir su obra.
La
idea de desarrollo reemplaza a la de progreso cuando esta se hunde en la gran
depresión de los años 30 y cuando el proceso de ampliación de la tecnología de
guerra que genera la segunda guerra mundial impulsa una compulsiva
industrialización y producción de bienes materiales junto a una explotación
intensiva de la naturaleza.
El
concepto de desarrollo es la apoteosis de la unión matrimonial de la
racionalidad científica patriarcal con la idea de dominar la tierra y la
naturaleza. No en vano esta idea la lanza y universaliza Harry
Truman, el mismo que después de lanzar las bombas
atómicas sobre Hiroshima y Nagaski dijo: “este es el
suceso más grande de la historia”. Efectivamente en su lógica tenía razón, ha
sido el suceso más grande de la historia patriarcal porque fue el suceso real y
simbólico de la mayor capacidad destructiva unido a la mayor capacidad de
inventar y construir barbaridades. Después vendría, como corolario lógico, la
explotación intensiva de la tierra con los químicos contaminantes, la
manipulación genética de las plantas y luego de animales y humanos, la
apropiación intensiva de todo espacio natural, los transgénicos
entre otras, es decir por fin se había logrado ese sueño de hacer de la tierra,
de la pacha mama, de la gaia esta tábula
raza al servicio del dominio y del hombre el mayor constructor de objetos
materiales y de muerte.
La
instalación universal de la idea de desarrollo implica, por lo menos, tres
cosas graves: una es la idea que para ser felices debemos producir y producir
bienes materiales de la que surge la idea de crecimiento económico, el que no
crece en este sentido está perdido, es un pobre infeliz que no podrá alcanzar
el paraíso patriarcal, la segunda es que la tierra tiene la capacidad de
soportar esto hasta el infinito, por eso ahora sólo se habla de desarrollo
sustentable sin poner en cuestión la idea base de desarrollo y la tercera es la
idea de que esto es posible, necesario y deseable en todas partes, la
globalización como la imposición universal del uno cero.
Hemos
entrado al nuevo siglo con el triunfo apoteósico del patriarcado. Al parecer
quedan dos posibilidades, o una inteligencia lúcida y creativa para cambiar
esto o un posible y desastroso final. Hay sin duda –y por todas partes- signos
de cambio y a ellos debemos y necesitamos apostarle.
Ahora
bien, a partir de aquí surgen dos preguntas. La primera es ¿por qué denominamos
esta lógica que ha construido esta realidad como patriarcal? Y la segunda ¿Qué
implicancia tiene entender todo esto para la política feminista del Bolivia del
aquí y del ahora?
6.- ¿Por qué denominamos esta lógica que ha
construido esta realidad como patriarcal?
Toda
esta lógica es patriarcal porque se produce a partir de la experiencia corporal
del varón. La experiencia de un cuerpo que no tiene en sí una relación con el
dar vida y con el nutrir y por tanto su trascendencia no está ligada a la
tierra, al dar vida sino a simbolizar esa vida a través de la razón. De allí el
desprecio por el cuerpo. De allí la necesidad de controlar nuestros cuerpos de
mujeres. De allí que se sienta el dueño de esa capacidad de lo humano que es el
pensar y construir mundo.
Los
grandes momentos de la construcción del patriarcado se han dado sobre verdaderos
feminicidios.
La
fundación patriarcal de occidente se hizo sobre la anulación y asesinato de
otra lógica que no era patriarcal y por tanto del asesinato de mujeres y de su
significado en lo humano. Basta leer con otra óptica la mitología griega, sus
violentas peleas por las mujeres, su exigencia de obediencia por parte de
ellas, las violaciones constantes que fundan sus personajes, la historia de
Atenea que niega a su madre y argumenta que ella es prueba viviente de que
matarla no constituye asesinato alguno porque ella nació de la cabeza de su
padre Zeus y que la madre sólo es el receptáculo de la capacidad de dar vida
del padre, mito que significa no otra cosa que dejar sentado que asesinar la
cultura que proviene de lo femenino no es asesinar nada porque la cabeza del
padre, o sea la racionalidad, es la cultura, entre otras muchas cosas para
empezar a comprenderlo con profundidad.
Pero
además esto va quedando cada vez más probado con la arqueología y los nuevos
paradigmas y lentes con los que se van leyendo los restos materiales de esa
otra época. Ya no puede decir nadie que las miles de figurillas femeninas que
se han encontrado por toda Europa son sólo el Play Boy de la antigüedad. Ya no
puede negarse que antes de los dioses del olimpo hubo civilizaciones que se
basaban en un principio femenino, no en tanto “lo femenino” como la entendemos
culturalmente hoy, sino en tanto naturaleza, procreación, alimentación, dar
frutos, cuerpo por donde pasa la vida, como principios de lo
femenino/naturaleza, y que, tal vez sin ser culturas perfectas, fueron
sociedades que lograron no sólo la primera gran revolución tecnológica de la
historia: la agricultura, que implicó el gran salto en la inteligencia y
posibilidades humanas, sino que además siglos de vida pacífica, una justicia
económica y social bastante más equilibrada, lúdica, estética, sensual y
placentera que la posterior y una relación más simbiótica con la naturaleza que
después se pierde. En el arte cretense, por ejemplo, no hay una sola imagen de
guerra ni de violencia, sus personajes son sensuales, sexuales y gozosos.
Acercarse
a ello es no sólo bello y significativo para las mujeres sino principalmente
esperanzador para la humanidad entera. Otra lógica y otra vida es posible, si
ya existió puede volver a existir, nunca en la misma dimensión, en una nueva,
desconocida, pero puede volver a darse algo similar. La circularidad
de la vida así nos lo indica.
Los
paradigmas de la racionalidad absoluta que se crean en la época llamada de oro
de
La
creación de dioses únicos y masculinos, llámese Alá o Jehová, y en el caso judeo-cristiano un dios que crea al hombre a su imagen y
semejanza y le ordena dominar la naturaleza habla, más que de ese dios, de
quién en realidad lo creó a su imagen y semejanza y le dio el papel de
sacralizar su deseo separándose de la naturaleza, lo femenino, y en
consecuencia de la mujer. Ese dios saca a la mujer de la costilla del hombre y
le da por papel servirle y ayudarlo en su obra de dominio, o sea de cultura e
historia. La mujer es sacada de tajo de la potencialidad de lo humano, o sea de
pensar y producir. El dios masculino y único que funda nuestra civilización
monoteísta, es imagen y semejanza del varón y no al revés.
Decíamos
antes que los grandes momentos de la construcción del patriarcado se han dado
sobre verdaderos feminicidios.
Para
hacer posible la racionalidad matemática absoluta e instalarla como el
paradigma hegemónico tenía que acabarse con cualquier otra lógica que hubiera
resistido a estos embates. Por ello el renacimiento y la posibilidad de la
revolución industrial se hizo, entre otras barbaries, con la matanza de brujas,
o sea con el asesinato cuasi definitivo de otras
lógicas, de otros conocimientos. Para que el ginecólogo fuera reconocido como
el científico y verdadero conocedor de nuestro aparato reproductivo tenían que
acabar con las parteras y medicas que usaban otra forma del conocimiento para
atendernos. Eran lo otro de la ciencia, el cero frente al uno absoluto, eran
brujas. Nuevamente se unían en asesina cópula la ciencia y la religión. Para
que la psiquiatría fuera la verdadera ciencia de la mente tenían que acabar con
el uso de rituales de purificación y sanación basados
en una lógica de empatía sinergética. Para que la
separación de la razón y la naturaleza fuera absoluta tenía que terminarse con
el conocimiento práctico de las hierbas y de los productos de la pacha mama y
dar entrada a los remedios de laboratorio. Como la verdad es sólo una y no
puede haber más verdades, todo lo que no era considerado la verdad demostrable
por la razón lógica, con algún pedacito del lóbulo izquierdo del cerebro, debía
ser extirpado de raíz. Esa extirpación significó el asesinato de 8 millones de
mujeres llamadas brujas. Y el precio que pagamos las mujeres por este salto del
patriarcado no sólo fue ese feminicidio sino además, la pérdida definitiva de
la autonomía sobre nuestros cuerpos y el olvido de muchas sabidurías
ancestrales propias y autónomas como el control de nuestra natalidad a través
de las hierbas de la madre tierra. Tuvimos que esperar varios siglos
llenándonos de hijos no deseados hasta que los científicos descubrieran la
píldora y la perspectiva de género le exigiera al papá Estado se haga cargo de
nuestra salud reproductiva. ¿Cuál fue el progreso? Pues el paso de nuestros
cuerpos auto controlados y ligados a la madre tierra a cuerpos controlados por
papá Estado y en manos de las farmacéuticas.
Ahora
vayamos a la última pregunta: ¿Qué
implicancia tiene entender todo esto para la política feminista del Bolivia del
aquí y del ahora?
7.- Desarrollismo patriarcal y el Bolivia del aquí y
del ahora?
Para
darle unas vueltas a esto me parece que hay que intentar ponerle palabras a
otra pregunta ¿Qué es lo que está pasando en
No
tenemos aquí el tiempo para hacer una larga historia pero quiero centrar
algunos elementos históricos básicos:
1.-
El país llamado Bolivia se crea bajo la influencia ideológica de la modernidad
occidental. Los llamados padres de la patria: Bolivar
Sucre etc. estaban ligados absolutamente a la ideología de la burguesía
modernizadora post revolución francesa y pre
revolución industrial. En esa medida su ideal era un ideal occidental
europeizante.
2.-
Las élites políticas que vinieron después, hijas de
las fundadoras, obviamente también elites blancas, europeizantes, de mentalidad
colonial, miran al Norte como modelo, y ese norte es el paradigma de la
racionalidad científica – industrialista: el progreso, la industrialización
intensiva, sea este en su versión liberal o revolucionaria marxista. Revolución
para el desarrollo o liberalismo económico para el desarrollo.
Sin
embargo, la esencia misma del paradigma con el que se leen y leen las
posibilidades nacionales, les impide ver dos elementos fundamentales. Primero
el todo de ese paradigma, o sea que la posibilidad del desarrollismo industrial
del norte tiene como posibilidad sin e que non el que el sur sea y siga siendo
el proveedor de materias primas, por lo tanto la imposibilidad intrínseca de
una industrialización semejante a la del norte y segundo que en estas tierras
andinas, la mayoría de las mayorías tiene una lógica vertebral absolutamente
diferente a la occidental, una lógica agraria, ligada a la tierra, animista y
por tanto con capacidad de entender la vida que hay en todo y la relación de
las partes para esa vida y que su buena vida no está relacionada a la
producción de objetos sino al equilibrio existencial y ritual con el medio y
que se resistirá de mil maneras a subsumirse en esa otra visión de la realidad.
Me refiero a la lógica indígena, andina o como quiera llamársela. Lógica que
para se dé el paradigma occidental debe ser “modernizada” porque se interpreta
como un resabio, un atraso. Así tanto la versión revolucionaria como la versión
liberal coinciden: hay que industrializar el acampo, proletarizar al campesino
y desindianizar al indio.
Por
ello la revolución del 52 transforma al indio en “campesino”, lo semiproletariza a través de organizarlo en sindicatos y de
aliarlo al que imaginaba sujeto de la historia: al proletariado, léase alianza
obrero campesina.
¿Resultado?,
el más absoluto fracaso. Bolivia nunca se moderniza ni económica ni
políticamente, el campo no se industrializa ni logra una producción intensiva,
la obra redentora del desarrollo no se da, al contrario, el campo se empobrece,
la producción no aumenta, el país sigue viviendo de la extracción e importación
de materias primas, la población indígena pauperrizada
es expulsada de sus lugares de origen y Bolivia se va transformando en uno de
los países más pobres del continente.
La
estupidez y la perversión de las elites gobernantes no está
ni siquiera en su espíritu de rapiña, su corrupción, su estulticia, su
arrogancia. Está en el paradigma al que sirven, en la ceguera para ver que hay
más de una lógica, que no pueden transformar esas otras lógicas anulándolas,
que estas resisten a través de los siglos no por machos, por tercos o por
valientes sino porque, precisamente, tienen otra lógica, otra cosmovisión que
desde la simple resistencia pone constantemente en cuestión a la dominante
hasta hacerla prácticamente imposible.
La
imposibilidad de que Bolivia sea otro Chile, otro tigre de
Aquí
está el punto de unión, de colaboración, de encuentro entre feminismo y
cosmovisión india, indígena, andina o como quieran llamarla.
7.- Feminismo, política y la refundación de Bolivia
Desde
occidente quien ha puesto en cuestión la lógica occidental patriarcal es sin
duda el feminismo (y la física cuántica por cierto).
Sin
embrago si bien el feminismo en cuanto cuerpo teórico y filosófico tiene esa
potencialidad, en cuanto movimiento socio político, por lo menos en lo que se
conoce como su mainstream , ha ido cada vez más –y en toda Latinoamérica-
enganchándose en los paradigmas hegemónicos, en la política tradicional y
masculina y en los mandamientos del occidente del norte.
Algunas
de sus características son, por ejemplo, la total dependencia de su quehacer
con las políticas que se dictan en el primer mundo para la sociedad civil del
sur. Las estrategias, llamadas agendas, no se definen con las mujeres de aquí
sino en reuniones internacionales norte-sur y en hoteles de cinco estrellas. Se
desarrolla una relación más fuerte con el Norte que con las mujeres locales. La
política se transforma en una pura interlocución con el Estado hoy llamado
“lobby con las autoridades”, misma que es llevada en horarios de oficina, con
salario y vacaciones. Los tiempos y ritmos ya no se definen en función de las
mujeres del país sino en función de los calendarios de los organismos
internacionales. El Movimiento feminista deja de ser tal para pasar a ser el
ideal del poder socioeconómico patriarcal, es decir: una red de funcionarias,
estructuradas en lógicas, tiempos y ritmos oficinescos que manejan sus
políticas, léase agendas, a través de mantener una red mayor o menor de
beneficiarias -que, por lo demás, son atendidas por las capas intermedias,
jerárquicamente inferiores dentro de esta nueva clase tecno
politica- beneficiarias que a cambio de algún
servicio pasan a ser los números de los informes que permiten nuevos donativos
de las agencias internacionales para reiniciar el círculo. El pensamiento
feminista se transforma en papers sociológicos
y estadísticos que llenos de aburridos cuadritos y grafiquitas hechas en Power Point o Excel, circulan
entre las mismas iniciadas de este fem set como parte del currículo
productivo y de prestigio que, a nombre de las mujeres, viabiliza los saltos
profesionales de las jerarquías superiores del género.
No
voy a darle más vueltas a esto porque creo que se ha tocado muchas veces. Y
aunque sería necesario e importante desglosar esta historia a partir de las
vertientes anteriores y el origen de las ONGs
nacionales, en tanto hijas de la catequización colonial y del ayudismo y la caridad como parte de la oferta redentora del
progreso, por la falta de tiempo y la extensión de estas reflexiones me voy a
limitar a destacar algunas de las implicancias que la descripción de más arriba
tiene en términos de política, de los desafíos nacionales primero y generales
después y del avance en el pensar y hacer mundo desde las mujeres.
-La
primera y la que me parece vertebral, es el cómo esta estrategia del mainstream feminista ha devuelto el hacer nuestro al
paradigma patriarcal occidental. ¿En que sentido?:
Primero
en la apropiación como verdad absoluta que han hecho del paradigma del
desarrollo. Todo este quehacer es en función de ese imaginado desarrollo, las
mujeres tienen que ser parte de la imaginación del desarrollo, incorporarse al
supuesto desarrollo, disfrutar de los supuestos beneficios de un supuesto
desarrollo. Todo es “la mujer para el desarrollo”. Realmente ¿creen que en
Bolivia hay alguna cosa que pueda llamarse desarrollo, realmente creen en ese
paradigma, creen que es posible su implantación, creen que esa idea de
bienestar desarrollista industrialista, que ha demostrado su fracaso absoluto
como posibilidad de mejora cualitativa de la vida es la que necesitan las
mujeres bolivianas, la que sea posible en el país? Si el feminismo ha sido el
que ha puesto primero en cuestión sus bases, sus paradigmas es posible que sea
ahora el mismo feminismo el que lo levante como el panacea para las mujeres? ¿No es acaso esto el encerrar las posibilidades del
feminismo en las cárceles del patriarcado?
Segundo:
en la retoma de la dicotómica división sujeto objeto. Esta división, además
jerárquica entre las mujeres y sus instrumentos de lucha ha vuelto ha hacer de
las mujeres objetos, son objeto de estudio, objeto de análisis, objeto de
proyectos, objeto de servicios, objeto de financiamiento, objeto de políticas
públicas, etc. ¿Y que pasó con la mujer sujeto, sujeto de su historia, sujeto
de su destino, sujeto de su propio autodescubrimiento
y autoconocimiento, con la mujer para sí? ¿Y que pasó
con la superación que el feminismo planteaba de esa dicotomía sujeto objeto?
Tercero:
la división sujeto objeto implica su corolario, la escisión para la
comprensión. El ana-lysis. Y con ello se ha vuelto a escindir
a la mujer, y cuando apenas empezaba a encontrar su integridad corporal, a
ejercitarlo, a probarlo, en nombre del conocimiento científico y riguroso, sin
preguntarse ¿Cuál ciencia, cual cientifisismo? Se nos
ha vuelto a partir en pedacitos de estudio, de objeto de Studio, por supuesto y
ahora se trabaja mujer y salud reproductiva por un lado, mujer y
mortalidad/morbilidad, por otro, mujer y producción económica, mujer y
violencia, mujer y esto, mujer y lo otro. Para ello se han creado expertas de estas
parcialidades y lo que es peor todo esto se ha transformado en la política de
las demandas parciales, la política de la parcialidad demandista,
que también tiene un corolario propio, la imposibilidad de pensar, desde ahí,
la relación de las cosas, la relación, para dar sólo un par de ejemplos que
tiene la lógica de la violencia, todas las expresiones de la violencia, allí
donde están, o sea en todo o casi todo, con la violencia hacia las mujeres, lo
que sin duda traería un cambio completo del quehacer político; la imposibilidad
de pensar la sexualidad (hoy enfocada como salud reproductiva: ¡vaya idea tan
limitante!) ligada al sentido del placer, al la construcción completa de los
deseos, al cuestionamiento de la familia heterosexual, monogámica y patriarcal
(ahora se habla de distintos tipos de familia como si la familia fuera un bien
a defender y mantener en sí mismo), a la concepción del cuerpo, etc. Lo que sin
duda traería un cambio completo del quehacer político.
Cuarto:
dentro del mismo occidente, la única otredad que la
lógica anulante occidental patriarcal no pudo reducir
a ser un semejante a sí mismo, fueron las mujeres. Las mujeres dentro de
occidente seguimos siendo la otredad de occidente. De
ahí, por ejemplo, la idea de
Es
una política y una concepción dia-bolica
contra la necesidad de una política sim-bolica. Porque ¿sabían ustedes que diabólico viene del
griego dia-bolein que
significa escindir, mientras que simbólica viene de sym-bolein que significa conjuncionar,
articular?
Me
parece que encerradas en este paradigma, no se podrá nunca pensar la totalidad,
por ello este mainstream desterró de sus conceptos y
de su léxico el concepto de patriarcado para sustituirlo por el de género. El
concepto de patriarcado implica entender la matríz,
el programa que nos constituye. El concepto de género es un concepto útil sólo
para entender los elementos y las formas de relación entre los géneros, en un
medio concreto y en un momento específico, no designa una lectura ni una idea
de mundo, sólo la forma en que se relacionan hombres y mujeres en una realidad
ya dada y su máxima posibilidad es mejorar esa relación pero no cambiar el
programa, la receta que constituye una realidad. Y cómo ahora se ha descubierto
que no hay dos géneros sino decenas, todos los que inventemos, pues ya ni
siquiera designa la relación entre hombre y mujer. Debe ser por ello que lo ha
adoptado desde el pentágono, pasando por el ejército gringo, y terminando en Bush. ¡Que lo descubra el ayatola
Homeiny o Bin Laden y seguro que lo adoptan! El único que se resiste aún
a adoptarlo es el Papa aunque parece que este último ya ha mencionado un par de
veces la palabrita esta.
8.- Cosmovisión andina, feminismo y paradigmas para
la refundación
Ahora
bien, si desde los propios cuestionamientos que el occidente patriarcal ha
hecho sobre su macrocultura surgen tantas preguntas y
necesidades de re-visión y también alternativas de cambio. Lo que Bolivia nos
está planteando ahora es la posibilidad real de articular estas miradas
transformadoras con otras cosmovisiones que de siempre han contradicho la
univocidad del paradigma patriarcal occidental.
La
cosmovisión andina no es una cosmovisión de dia-bolein sino de sym-bolein. Donde nada esta aislado sino articulado, todo
depende de todo y depende de diferentes maneras. Lo que está pasando en Bolivia
implica para ambas partes mirar al otro y hacerlo de otra manera. Al menos las
culturas originarias han conocido a occidente, por imposición, con sangre y dolor,
pero occidente no ha mirado a esa otredad. Occidente
en general desprecia lo que ignora y desea conocer sólo lo que es uno, lo que
le refleja su espejo, es una cultura onanista y
autista y a la occidental boliviana se le suma su espíritu colonialista específico
y fraguado en la relación de dominio concreto sobre la otredad
india.
El
feminismo imperante no está ajeno de esto, la institucionalidad ha mirado a las
mujeres de las naciones indígenas sólo como víctimas que no han podido
disfrutar de su imaginario desarrollo. Las ha visto siempre como pobres, como
víctimas y como tales se ha comportado con ellas y también, hay que aceptarlo,
ellas, producto de su real pobreza, han jugado ese juego hasta, frecuentemente,
creérselo.
Lo
que el mundo andino tiene para aportar es mucho porque se trata de una
cosmovisión no dicotómica, integradora y holística,
que ha mostrado históricamente no sólo una relación con el medio ambiente y la
naturaleza sana y no depredadora sino inclusive capaz –su historia lo dice- de
dar muchos y suficientes alimentos y donde las partes diferentes, por muy
diferentes que sean no son antagónicas ni se anulan sino tienen la
potencialidad de complementarse.
¿Significa
esto que es una cosmovisión no patriarcal, no lo creo, me parece que no podría
afirmar que no lo sea, ya que la situación de las mujeres, la violencia contra
ellas no parecería demostrar esa hipótesis. El chachawarmi funciona cuando se trata de
complementar elementos femeninos y masculinos, por ejemplo, de la naturaleza,
pero no me parece que funcione más que como un supuesto y un discurso cuando se
trata de hombre concreto y mujer concreta, la violencia hacia las mujeres en el
mundo indígena es tan amplia y profunda como en el mundo blancoide
mestizo, occidental. Y no creo que esto sea, como afirman sus defensores, por
la pura influencia K´ara
(blanca) .
La
situación y la vida de las mujeres dentro del mundo indígena, al menos el
andino que es el que más conozco, no es un ejemplo para nadie. Está lleno de
formas masculinistas, de violencia hacia ellas, de invisibilización, aunque los líderes, secundados por
mujeres, nos quieran vender la falacia de que en sus comunidades las mujeres
son iguales, felices, completas.
Sin
embargo veo la posibilidad de que muchos de los paradigmas indígenas aporten,
por ejemplo y por lo menos, un ecologismo radical y eso para las mujeres podría
ser muy significativo porque implica un replanteamiento profundo de la relación
con el cuerpo, con el espacio, con la tierra. Cuidar la tierra significa cuidar
el cuerpo y relacionarse desde un principio del cuidado no del control. Y eso
si se ve, se trabaja y se potencializa con ojos
feministas de nuevo tipo, puede implicar un elemento central en la reconceptualización general de la política.
La
posibilidad de potenciar al feminismo en tanto cuerpo filosófico y politico con una crítica profunda a los paradigmas
occidentales patriarcales, en Bolivia, está dada como en ninguna otra parte del
mundo y lo está por la posibilidad hoy abierta de articularsen,
en esto sí, complementariamente a los paradigmas otros que plantea el mundo
indígena andino. El feminismo puede aportar enormemente a entender que pasa con
la vida de las mujeres en el mundo de los pueblos originarios y además tal vez
desentrañar el por qué pasa eso dando una verdadera fuerza a las mujeres, el
feminismo puede aportar en el potenciamiento y
enriquecimiento de las visiones que se muestran como otras miradas
alternativas, enriquecerlas y enriquecerse a si mismo así como las miradas
otras a la occidental pueden potenciarse enormemente si incorporan las críticas
y las miradas que el feminismo tiene para aportar. Bolivia lo necesita y el
mundo lo espera.
Repensar
Bolivia desde el feminismo, refundar Bolivia desde el
feminismo no es hacer una lista interminable de demandas, no es ni siquiera
exigir la tan mentada equidad ¿equidad en que marco, con quién y con que sueños
y proyectos de sociedad y conviabilidad?
El
feminismo como movimiento, debe romper con los elementos que lo han vuelto a
meter en los paradigmas patriarcales occidentales, retomar su radicalidad, su
imaginación, su independencia, su potencia creadora. El feminismo como cuerpo
filosófico debe, por un lado, retomar su capacidad de poner en cuestión, no la
ausencia de mujeres en el poder, sino al poder mismo y el poder sigue siendo el
poder patriarcal occidental con sus miradas, visiones, religiones, creencias y
paradigmas científisantes. Pero también debería,
primero tratar de comprender donde están los elementos “patriarcales” de las
cosmovisiones indígenas y segundo poder ponerlas en cuestión y aportar a su
cambio.
Articular
su historia con la historia de las otredades,
articular su mirada con las otras miradas que han puesto en cuestión a los
paradigmas occidentales patriarcales y sus ofertas de paraísos imposibles. Y
articular lo mejor de ambos mundos implica otro modo de pensar y hacer
política, buscar una política de sinergia, de complemetación
de articulación. Y esta no se hace ni sólo pensando la totalidad pura, no sólo
pensando las partes separadas.
Nuestra
tarea es grande y aunque urge y estamos constreñidas a tiempos y urgencias que
no necesariamente coinciden con las nuestras, debemos, al menos aprovechar los
desafíos planteados para empezar a hacerlo. De otra manera, las mujeres
seguiremos siendo las víctimas, tal vez y con suerte, un poco más resarcidas,
pero las víctimas siempre sin lograr entrar al estatuto de humanas que piensan
y construyen mundo.
(*) Este artículo lo escribí en abril del 2006, poco
después de regresar a Bolivia y fue adaptado para ser leido
en el V Encuentro Feminista Boliviano. [email protected]
http://www.creatividadfeminista.org/articulos/2006/ximena_bolivia01.htm