El Síndrome de
Estocolmo Doméstico.
Se describe como un vínculo interpersonal de protección, construido entre la
víctima mujer y su agresor hombre, en el marco de un ambiente traumático y de
restricción estimular, a través de la inducción en la víctima de un modelo
mental (Andrés Montero)
Fuente: http://www.ahige.org/texto_arti.php?wcodigo=50011
Subió a conferencia el 23 de
Septiembre del 2005
EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO DOMÉSTICO
Autor Andrés Montero
A pesar de que en la actualidad las
cifras de incidencia en lo relativo a la violencia contra la mujer ejercida por
esposos o compañeros sentimentales, o en el marco de relaciones afectivas de
otro tipo, están ganando en publicidad progresivamente con respecto a épocas
anteriores, lo cierto es que aún queda mucha realidad oculta por conocer.
Al tiempo que varios son los factores que han contribuido a
que los contornos del fenómeno se expongan a la luz pública denunciados por la
mujer, diversos son también los elementos que ayudan a que el silencio de la
víctima sea un obstáculo en la búsqueda de vías de solución para numerosos
casos de violencia contra las mujeres.
Entre estos últimos, entre los elementos que mantienen a la
mujer en silencio sobre el maltrato que está sufriendo, se pueden contar
diversos procesos paralizantes relacionados y generados por el miedo, la
percepción de una ausencia de vías de escape o salida por parte de la víctima,
y la carencia de recursos alternativos, sobre todo en el caso de mujeres con
hijos que no vislumbran, por causas variadas, un apoyo externo viable.
Sin embargo, quienes trabajan buscando explicaciones y
líneas de actuación para sofocar el fenómeno de la violencia y atajar sus consecuencias,
conocen que en no pocas ocasiones mujeres a las que se supone una independencia
personal o económica y una posibilidad de acceso a recursos alternativos
continúan en relaciones donde sufren violencia. Estas mujeres, que desarrollan
actividades que hacen pensar que no están sometidas a una parálisis o
retracción por miedo y que incluso llegan a emprender con éxito iniciativas en
varios ámbitos de sus vidas, parecen sin embargo incapaces de denunciar a sus
agresores, con quienes siguen conviviendo, y mucho menos de abandonar la
relación. Por otra parte, este tipo de mujeres, de perfil social considerado
más independiente, y aquellas otras de dependencia más ligada a un núcleo
familiar del tipo que sea, comparten la reacción paradójica de desarrollar un
vínculo afectivo todavía más fuerte con sus agresores, defendiendo sus razones,
retirando denuncias policiales cuando han tenido un momento de lucidez y las
han presentado, o deteniendo procesos judiciales en marcha al declarar a favor
de sus agresores antes de que sean condenados. Estos efectos paradójicos se
producen y quizás sea tiempo de ir buscando sus mecanismos y líneas de
intervención.
Algunos teóricos han tratado de arrojar luz sobre la
ocurrencia de estos vínculos paradójicos entre víctima y agresor,
fundamentalmente apelando a claves afectivas o emocionales que aparecen en el
contexto del entorno traumático. Dutton y Painter (1981) han descrito un
escenario en el que dos factores, el desequilibrio de poder y la intermitencia
en el tratamiento bueno-malo, generan en la mujer maltratada el desarrollo de
un lazo traumático que la une con el agresor a través de conductas de
docilidad. Según Dutton y Painter, el abuso crea y mantiene en la pareja una
dinámica de dependencia debido a su efecto asimétrico sobre el equilibrio de
poder, siendo el vínculo traumático producido por la alternancia de refuerzos y
castigos. Sin embargo, esta teoría descansa aparentemente sobre la base del
condicionamiento instrumental que, desde nuestra perspectiva, es válido para
dar cuenta de algunos aspectos del repertorio de victimitación (principalmente
de aquellos referidos a la indefensión aprendida), pero falla en cubrir el
complejo aparato psicológico asociado con este tipo de vínculos paradójicos.
Según nuestro entendimiento, la incertidumbre asociada a la violencia repetida
e intermitente es un elemento clave en el camino hacia el desarrollo del
vínculo, pero no su causa única. Además, la teoría no toma en consideración que
alguna esfera de desequilibrio de poder es en cierta medida inherente a muchas
relaciones humanas: en las parejas traumáticas no parece ser una consecuencia
sino un antecedente al abuso.
Otro modelo que busca una explicación para el comportamiento
paradójico de las mujeres maltratadas es el tratamiento factorial de Graham
sobre reacciones tipo síndrome de Estocolmo en mujeres jóvenes que mantienen
relaciones de noviazgo (Graham, Rawlings, Ihms, Latimer, Foliano, Thompson,
Suttman, Farrington y Hacker, 1995). Su modelo factorial toma la forma de una
escala de evaluación de 49 ítems alrededor de un núcleo caracterizado por
distorsiones cognitivas y estrategias de coping, y dos dimensiones secundarias
denominadas ‘daño psicológico’ y una más ambigua ‘amor-dependencia’. La teoría
de Graham, de propósitos evaluativos, perfil topográfico y metodología
correlacional, fue diseñada para detectar la aparición de síntomas del síndrome
de Estocolmo en mujeres jóvenes sometidas a abuso por parte de sus compañeros
sentimentales, y está basada en la idea de que el síndrome es el producto de un
tipo de estado disociativo que lleva a la víctima a negar la parte violenta del
comportamiento del agresor mientras desarrolla un vínculo con el lado que
percibe más positivo, ignorando así sus propias necesidades y volviéndose
hipervigilante ante las de su agresor (Graham y Rawlings, 1991). Sin embargo,
mientras esta explicación puede ser válida para describir alguno de los
procesos globales implicados en el síndrome, no proporciona una hipótesis
teórica sobre la naturaleza del proceso traumático más allá de algunos de sus
elementos constituyentes.
Por nuestra parte, ante el déficit de teorías que den cuenta
con la mayor precisión de los procesos y dinámicas psicológicas en este tipo de
efectos paradójicos, y trabajando en una estructura teórica similar para el
Síndrome de Estocolmo (Montero, 1999), hemos desarrollado un modelo aplicable
al ámbito de la violencia ejercida contra la mujer.
La hipótesis, presentada bajo el título ‘FEATURING DOMESTIC
STOCKHOLM SYNDROME. A COGNITIVE BOND OF PROTECTION IN BATTERED WOMEN’ en el XIV
Congreso de
Sin entrar en descripciones demasiado técnicas, el Síndrome
de Estocolmo Doméstico (abreviadamente SIES-d) sería descrito como un vínculo
interpersonal de protección, construido entre la víctima y su agresor, en el
marco de un ambiente traumático y de restricción estimular, a través de la
inducción en la víctima de un modelo mental (red intersituacional de esquemas
mentales y creencias). La víctima sometida a maltrato desarrollaría el SIES-d
para proteger su propia integridad psicológica y recuperar la homeostasis
fisiológica y conductual.
La caracterización del SIES-d vendría determinada por un
patrón de cambios cognitivos, su funcionalidad adaptativa y su curso terminal
como resultado de un proceso reactivo acaecido en la víctima ante la situación
traumática. El proceso abarcaría cuatro fases: desencadenante, reorientación,
afrontamiento y adaptación. En la fase desencadenante, las primeras palizas
propinadas por el esposo romperían el espacio de seguridad previamente
construido por la pareja sobre la base de una relación afectiva, espacio donde
la mujer había depositado su confianza y expectativas: esta ruptura
desencadenaría en la víctima un patrón general de desorientación, una pérdida
de referentes, reacciones de estrés con tendencia a la cronificación e,
incluso, depresión. En la fase de reorientación, la mujer busca nuevos
referentes de futuro y trata de efectuar un reordenamiento de esquemas
cognitivos en base al principio de la congruencia actitudinal, todo ello en
orden a evitar la disonancia entre su conducta de elección y compromiso con la
pareja y la realidad traumática que está viviendo. La mujer se autoinculpa de
la situación y entra en un estado de indefensión y resistencia pasiva, llegando
así a una fase de afrontamiento, donde asume el modelo mental de su esposo y
busca vías de protección de su integridad psicológica, tratando de manejar la
situación traumática. En la última fase de adaptación, la mujer proyecta parte
de la culpa al exterior, hacia otros, y el Síndrome de Estocolmo Doméstico se
consolida a través de un proceso de identificación y alrededor del modelo
mental explicativo del esposo acerca de la situación vivida en el hogar y sobre
las relaciones causales que la han originado.
El SIES-d, como un tipo de trastorno de adaptación, sería el responsable del
efecto paradójico encontrado en muchas mujeres que sufren maltrato en sus
hogares, según el cual las víctimas defenderían a sus agresores como si la
conducta agresiva que exhiben hacia ellas fuera el producto de una sociedad
injusta, y estos mismos esposos fueran víctimas de un entorno que los empujara
irremediablemente a ser violentos. Las mujeres maltratadas afectadas por el
SIES-d, sobre la base de la asunción de las explicaciones esgrimidas por sus
esposos o compañeros, retardarían indefinidamente la denuncia de la situación a
las autoridades, observándose una gran proporción de casos de agresión en este
ámbito que no salen del entorno donde se producen por la incapacidad de la
víctima de denunciar los hechos. Incluso en numerosas de estas ocasiones, las
denuncias por vía penal presentadas ante la autoridad judicial o policial son
retiradas por las propias víctimas antes de que se traduzcan en sanciones
efectivas para los agresores, creándose un círculo vicioso que mantiene las
agresiones y sume a la víctima en un progresivo estado de deterioro personal.
El adjetivo ‘doméstico’
Montserrat Boix, coordinadora de Mujeres en Red, ha llamado
acertadamente mi atención sobre los condicionantes semánticos que podrían
derivarse de la utilización del término ‘doméstico’ para calificar la
manifestación del síndrome en el entorno que estamos analizando. En realidad el
modificador ‘doméstico’ ha sido elegido por dos razones: una de precisión
conceptual y otra de economía, mitad clínica, mitad cognitiva. Nos explicamos.
Si entendemos doméstico como referido únicamente al recinto
limitado por el domicilio, es cierto que las mujeres no son únicamente
maltratadas en el entorno doméstico y, además, no sólo por sus maridos, sino
también por parejas con las que no conviven. El uso del término no niega esta
realidad y tampoco deseamos que la categoría se aplique a elementos dentro del
fenómeno de la violencia contra la mujer que no incluyan exactamente las
características de un síndrome de Estocolmo. Si presuponemos, en cambio, que es
en el ambiente doméstico donde más probabilidades tiene de gestarse en SIES-d,
asumiendo implícitamente que se puede dar en otras configuraciones ambientales.
Pero es que ‘doméstico’ no se utiliza en sentido restrictivo, sino aceptando
que la acepción no se circunscribe de modo reductivo al espacio físico de la
vivienda, sino que se amplía a un espacio más amplio de experiencias
vivenciales que ejercen de elementos autorreferenciales. ¿Es posible negar que
en la mayoría de los casos que se observen, de modo simbólico, la pareja
afectiva pasa a formar parte del entorno doméstico entendido como anillo
referencial primario para la identidad de la persona?.
Por último, desde una perspectiva clínica, la denominación
apunta exactamente hacia lo que quiere definir, igual que desde un punto de
vista de comprensión rápida por cualquiera que reciba el concepto SIES-d y sepa
qué es el síndrome de Estocolmo clásico: la asociación entre doméstico, SIES y
violencia contra la mujer es automática.
Andrés Montero
Sociedad Española de Psicología de
REFERENCIAS
-Dutton, DG; Painter, SL (1981).
Traumatic bonding: the development of emotional attachments in battered women
and other relationships of intermittent abuse. Victimology: an International
Journal, 6: 139-155.
-Graham, DL; Rawling, EL (1991).
Bonding with abusive dating partners: dynamics of Stockholm syndrome. In B.
Levy (ed) Dating Violence, Women in Danger.
-Graham, DL; Rawlings, EL; Ihms, K;
Latimer, D; Foliano, J; Thomson, A; Suttman, K; Farrington,
M; Hacker, R (1995).
A scale for identifying Stockholm syndrome reactions in young dating women:
factor structure, reliability and validity. Violence and Victims 10 (1): 3-22.
-Montero, A (1999). Shaping the
etiology of the Stockholm Syndrome: hypothesis of the Induced Mental Model.
IberPsicología, 5 (1):4
-Montero, A (2000).
Featuring Domestic Stockholm Syndrome: a cognitive bond of protection in
battered women. Proceedings of the XIV World Meeting of the International
Society for Research on Aggression.