Hombres
y sexualidad. Penes ambulantes o
seres pensantes. (Por Gary Barker/Letra S)
Subió a Conferencia el 21 de
septiembre de 2004
Fuente: Suplemento LETRA S. México
D.F. a Septiembre 2 de 2004
http://www.jornada.unam.mx/2004/sep04/040902/ls-opinion.html
Muchas mujeres identifican a la sexualidad con la cercanía afectiva, mientras que para la mayoría de los hombres se trata de un acto de conquista y afirmación de la identidad. La información sobre los riesgos de infecciones sexuales entre jóvenes la reciben de modo distinto las mujeres y los hombres, al punto que para estos últimos tener un padecimineto sexual puede ser incluso una prueba de afirmación viril. Estas diferencias deben ser tomadas en cuenta a la hora de definir las políticas de salud sexual y reproductiva, concluye el autor del siguiente texto.
¿Qué
sabemos acerca de la sexualidad de los jóvenes y adolescentes? Primeramente,
que está relacionada con la salud sexual y reproductiva de las mujeres. Esto
parece obvio, pero no lo es tanto, o al menos no se le percibe así al examinar
algunas políticas y programas de salud destinados a los adolescentes. En
ocasiones pareciera incluso que la mujer adolescente se embaraza sola, sin
intervención de nadie. Se sabe también que algunas investigaciones sobre el
hombre adolescente afirman lo evidente. Una investigación de Sao Paulo, Brasil,
con 200 jóvenes entrevistadas señala, por ejemplo, que dos tercios de las
mujeres declaran que sus parejas las abandonaron en cuanto supieron que estaban
embarazadas.
Otras
investigaciones muestran que los hombres no desarrollan sintomatología de
algunas infecciones de transmisión sexual. Se habla mucho acerca del sida, pero
se olvida toda una serie de agentes patógenos con un costo enorme para el
cuerpo de la mujer. El virus del papiloma humano, por ejemplo, no muestra
síntomas en la mayoría de los hombres, pero el cáncer cérvico-uterino tiene un
costo gigantesco para la salud femenina. Las investigaciones revelan también
que un joven tiende a buscar menos atención para una infección sexual, y elige
la automedicación con mayor frecuencia que las mujeres. Hay incluso hombres
para quienes el episodio de una infección adquirida por la vía sexual es
confirmación de su virilidad.
En
materia de VIH/sida los jóvenes están en primera línea. El Onusida calcula que
25 por ciento de los casos nuevos de VIH corresponden a hombres menores de 25
años. Son ellos los que se están infectando y, consecuentemente, infectando a
sus parejas, femeninas y/o masculinas. Se sabe de modo general que los hombres
tienen su primera relación sexual más temprano, o por lo menos relatan tener
más parejas, que las mujeres. Y cuando se examinan los relatos de un hombre y
de una mujer sobre un mismo acto sexual, la mujer habla de una aproximación, de
un momento de intimidad, mientras el joven ve el acto sexual como una forma de
conquistar estatus, de afirmar la identidad, y menos como una forma de
intimidad. Esto debe considerarse al pensar en políticas públicas que tengan
que ver con o procuren cambiar las conductas en una actividad que los hombres
consideran parte de su identidad.
Riesgo
e identidad masculina
En
otras investigaciones se observa que los jóvenes disponen apenas de un poco más
de información sobre los temas de salud reproductiva y VIH/sida que las
adolescentes. También se percibe que en algunos casos ellos procuran esconder
más que ellas esa falta de información. Hay en esto cierto mito masculino según
el cual los hombres jóvenes saben de todo y no precisan de más información. Esto
es un obstáculo que también debe ser cuestionado. Se sabe, por ejemplo, que los
adolescentes varones utilizan los preservativos con más frecuencia, pero que
también lo hacen de manera inconsistente. Otras investigaciones muestran que el
comportamiento sexual, tanto de mujeres como de hombres jóvenes, no siempre
corresponde a una identidad sexual. Según algunos testimonios femeninos, muchas
veces los hombres recurren a la coerción, la presión o la violencia para poder
tener relaciones sexuales. Algunos testimonios masculinos afirman que el sexo
inseguro es más interesante, lo que quiere decir que masculinidad equivale a
riesgo y aventura. De ser así, ese sería otro problema a tomar en cuenta.
No
todos los hombres jóvenes son iguales, y como ya se ha dicho, esto es un asunto
de diversidad. Existen hombres casados y otros que no lo son. Algunos sólo
tienen parejas masculinas, otros tienen parejas masculinas y femeninas, y otros
más sólo parejas femeninas. Hay quienes están en el ejército, otros en las áreas
rurales, otros en las urbanas; unos trabajan, otros no; unos asisten a una
escuela, otros no; en otras palabras, esta categoría de "hombre
joven" es muy compleja por esta misma diversidad. En mi opinión, también
es importante ver cómo se relacionan esos jóvenes con las mujeres a partir de
esa diversidad.
Sabemos
que si un grupo de hombres actúa con sus mujeres de manera opresiva, también
existen quienes lo hacen "de manera correcta". Se informan, negocian,
cuidan a sus hijos o se ocupan de hijos que sus parejas tuvieron con otros
hombres. En América Latina, en los últimos diez años, la participación
masculina en la escuela, después de los doce años, es más baja que la femenina.
Los hombres salen de la escuela más pronto que las mujeres. En las clases populares
esto se explica por el hecho de que los hombres necesitan trabajar fuera de
casa. Las jóvenes, por su lado, trabajan en casa y, en ocasiones, es más fácil
combinar estas tareas con la participación escolar. Sea como fuere, esto
también tiene implicaciones, en cuestión de género, para la sexualidad, y es
algo poco estudiado hasta el momento.
Resulta
interesante explorar la manera en que los jóvenes definen la identidad. Al
interrogárseles al respecto en los estudios cualitativos, por lo general surgen
dos líneas que definen a la identidad masculina: una es el hecho de
manifestarse sexualmente activos. Para muchos jóvenes, esto no representa
dificultad alguna. La otra, a menudo más importante, tiene que ver con el hecho
de ser un sostén familiar, lo que a su vez se relaciona con la cuestión del
empleo. Esto también se ha estudiado muy poco. Es aún escasa la reflexión sobre
la cuestión de una identidad relacionada con el trabajo, con la sexualidad
masculina y con lo que el género significa para un hombre.
Género
y situación laboral
En
un estudio de la Organización Mundial de la Salud, se preguntó: ¿cuáles son las
cinco primeras necesidades de los hombres jóvenes?, y la lista, por orden de
importancia, fue sorprendente. Apareció, en primer lugar, el empleo, es decir,
algún tipo de situación vocacional. En segundo, la asesoría o alguna forma de
atención psicológica. Muchos aludían a la falta de espacios para hablar. En
tercer lugar surgió la sexualidad. En cuarto, los cuidados en general, pero en
particular los cuidados del cuerpo y la higiene, temas que por lo general
olvidamos al hablar del hombre adolescente. Por último surgió el soporte
educativo, mismo que contribuye a que los jóvenes permanezcan en la escuela.
Observemos,
pues, los desafío y paradojas citados al inicio. ¿Cómo llamar la atención de un
joven sin caer en el nuevo discurso del victimismo? Sin hacer comparaciones
para saber si son los hombres o las mujeres quienes sufren más con el sida. Es
preciso descubrir la manera más adecuada de incluir a los jóvenes en los
servicios de atención de los centros de salud, sin mermar con ello los avances
alcanzados en el área de la salud femenina. El desafío es entonces, ¿cómo
incluir al hombre y afianzar de paso los avances en la salud de la mujer?
Existe
algo más también importante: recordar que cuando se trabaja con los
adolescentes, todo se encamina a promover la igualdad de género. Cuando se
trabaja con ellos es necesario tomar en cuenta algunas particularidades de ese
grupo. Existen cuestiones que pertenecen al campo de la biología, y la mayoría
se relacionan con la construcción social de la masculinidad. ¿Cómo guardar en
mente esa particularidad y al mismo tiempo hacer énfasis en la cuestión de
género?
Es
necesario también verificar cuidadosamente si al promover el ingreso de los
jóvenes a las clínicas no se están desviando recursos destinados a las
adolescentes. Uno de los avances más significativos en salud femenina ha sido
que las mujeres son vistas como seres humanos y no ya como aparatos
reproductores ambulantes. De vez en cuando, leyendo algunos artículos,
escuchando algún discurso sobre el hombre joven, parecería que seguimos
hablando de un pene ambulante. ¿Cómo instalar todo un nuevo cuerpo, toda una
subjetividad nueva para esos jóvenes que ya no son sólo un asunto genital?
El
autor pertenece a la institución Promundo de Brasil.
Artículo
tomado de Sexualidade & política na América Latina. ABIA, Rio de Janeiro,
2003. Traducción: Carlos Bonfil.