El pene y la vagina. La Lucha por los derechos de las mujeres gira alrededor del control no sólo de la reproducción, sino también de la sexualidad (Roberto Blancarte)

Fuente: Demysex

Subió a conferencia el 22 de marzo del 2005

El pene y la vagina

Contrariamente al pensamiento común, la verdadera diferencia entre hombres y mujeres no radica en que unos tenemos pene y otras tienen vagina. La verdadera diferencia es que las mujeres tienen aparato reproductor y nosotros no. La Lucha por los derechos de las mujeres gira alrededor del control no sólo de la reproducción, sino también de la sexualidad.

Escribe

Roberto Blancarte

¿Por qué las mujeres deben tener derechos ,específicos, según las Naciones Unidas? ¿Por qué se tienen que hacer reuniones mundiales para discutir sobre ciertos derechos, llamados sexuales y reproductivos? ¿Qué sentido tiene que más de 170 países estén engarzados en un profundo debate sobre si las mujeres tienen derecho a decidir cuando se embarazan, cada cuándo hacerlo o eventualmente interrumpir dicho proceso?

Existe una enorme paradoja en el hecho de que más de la mitad de la población en el mundo está compuesta por mujeres y, sin embargo, todavía hoy se esté discutiendo cuáles son sus derechos. ¿Por qué no sucede lo mismo con los hombres? Por una razón muy sencilla: porque nosotros no tenemos aparato reproductor. Pero eso cambia todo. La diferencia entre los hombres y las mujeres no son, entonces, solamente el pene y' la vagina. La verdadera distinción radica en que los hombres no poseemos un aparato que nos permita reproducirnos, mientras que las mujeres sí. Toda la discusión gira alrededor de quién controla este proceso.

En otras palabras: la supervivencia de la especie -que, dados los riesgos ecológicos, puede radicar no sólo en la reproducción al infinito de los seres humanos, sino más bien en el control de la natalidad- no está en manos de los hombres. Y, sin embarga, en mayoría los hombres son quienes diseñan las leyes y establecen las políticas públicas que terminan condicionando el accionar de las mujeres. Es por ello que los derechos sexuales y reproductivos están íntimamente ligados a los derechos de las mujeres; porque son ellas las que durante milenios han sido condicionadas y forzadas a desempeñar el papel de reproductoras de la especie, sin tener derecho a opinar o decidir sobre lo que sucede en sus propios cuerpos.

Por si lo anterior fuera poco, en la medida que el aparato reproductor está conectado con el aparato sexual, el hombre, al mismo tiempo que ha controlado la vida reproductiva de las mujeres, también ha tendido a reglamentar su vida sexual. Lo que estamos viendo en las últimas décadas es un lento proceso mediante el cual las mujeres han reivindicado sus derechos reproductivos y sexuales como parte intrínseca de una lucha basada en los principios de dignidad e igualdad del ser humano, independientemente del género. Es decir, la lucha por los derechos reproductivos es central en la lucha por los derechos de las mujeres. Es la reivindicación, dentro de cada

país y en cada uno de los foros internacionales, del derecho de las mujeres a decidir libre y responsablemente si desean o no tener hijos, el número de nacimientos y el espaciamiento de los mismos, además de acceder a los servicios de salud reproductiva en todas las etapas de la vida. Significa también el derecho de las mujeres a obtener la información y los medios para regular y Controlar la fertilidad, incluyendo la anticoncepción de emergencia y el derecho de obtener un aborto seguro, en los casos admitidos por la ley. Es igualmente el derecho que tienen las mujeres de acceder a tratamientos y métodos para atender problemas de infertilidad y esterilidad, así como el de obtener atención sanitaria de calidad durante el embarazo, y el parto y después del alumbramiento.

Además de estos derechos reproductivos, las mujeres tienen el derecho a disfrutar plenamente de su sexualidad y de hacerlo en condiciones de salubridad y seguridad. Fue en la Conferencia sobre la Mujer de Beijing, realizada en 1995, que los gobiernos de cada país refrendaron su compromiso con los derechos reproductivos y se introdujo la noción de "salud sexual", reconociendo que la reproducción no es el único fin de la sexualidad humana.

Apenas hace11 años, la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, realizada en El Cairo, definió por primera vez el concepto de derechos reproductivos como parte de los derechos humanos y señaló que éstos "se basan en el reconocimiento del derecho básico de todas las parejas e individuos a decidir libre y responsablemente el número de hijos, el espaciamiento de los nacimientos (...) y a disponer de la información y de los medios para ello y el derecho a alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva".

Por supuesto, ello supone que todos los seres humanos, hombres y mujeres, niñas y niños por igual, tienen derecho a recibir la información apropiada para tener una vida saludable y, por ejemplo, evitar embarazos adolescentes o no deseados. Al mismo tiempo, sabiendo que muchas mujeres, ante la existencia de embarazos no planeados, recurren al aborto en condiciones insalubres, arriesgando su salud y sus vidas, las conferencias de El Cairo (1994) y Beijing (1995)'reconocieron que éste se ha convertido en un problema de salud pública. Establecieron, por lo mismo,,que los gobiernos debían "ocuparse de los efectos que en la salud tienen los abortos realizados en condiciones no . adecuadas( ...y) reducir el recurso al aborto mediante la prestación de más amplios y mejores servicios de planificación de la familia".

En otras palabras: es falso que las conferencias de El Cairo y Beijing promuevan el aborto cómo método de planificación. Simple y sencillamente; en la medida que se constata la existencia de abortos ilegales, se buscan tres objetivos: 1. Que éstos se reduzcan mediante la difusión de información amplia sobre métodos de control de fecundidad. 2. Si de todas maneras los abortos tienen lugar, que se realicen en las mejores condiciones de salubridad para evitar la muerte de las mujeres que lo practican. Y 3. Considerar la eliminación de las leyes que castigan a las mujeres que han practicado abortos ilegales.

Si el aborto, bajo las condiciones específicas que lo permite cada país, debía permanecer como parte de los derechos sexuales y reproductivos o si se elimina como parte de éstos es punto central en la batalla que se está librando actualmente en Nueva York, en el seno dé la Conferencia de revisión del Plan de Acción de Beijing. Estados Unidos, con apoyo de la Santa Sede y de algunos países con gobiernos conservadores, había propuesto una enmienda para que en el texto se dejara claro la oposición al aborto.

No obstante, más de 130 países de todo el mundo, que consideran esencial el derecho de las mujeres a abortar bajo ciertas circunstancias, se opusieron.

Al final, la delegación estadunidense se vio obligada a retirar la propuesta de enmienda y ese derecho quedó resguardado, aun si en la práctica eso no significa que siempre sea respetado.

Beijing + 10 quedará inscrito como un paso más en la construcción de los derechos de la mujer y,, en particular, de la defensa de la salud sexual y reproductiva. No ha sido un camino sencillo, en la medida que hasta hace unas dos décadas la mayoría de los gobiernos enfocaban el asunto de la planificación familiar únicamente desde una perspectiva demográfica. Se ha tenido que recorrer un camino sinuoso y complejo para que las sociedades y sus gobiernos entiendan que una verdadera política de población pasa por el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, y que éstos se basan, a su vez, en el reconocimiento de los principios de dignidad e igualdad de la mujer.

Visto desde el largo plazo, parecería increíble que han tenido que pasar miles de años para que la humanidad reconozca estos derechos. Observados desde el corto plazo, es también asombroso que en unas cuantas décadas las mujeres hayan logrado finalmente el reconocimiento internacional de sus derechos. Eso debe llenar de orgullo y satisfacción a todos aquellos, hombres y mujeres, que han luchado por esos derechos. Y de ánimo para seguir luchando por su real y efectiva aplicación, pues como hemos visto todavía hay grandes poderes, en el mundo y en nuestro país en particular, que se oponen a esos derechos y harán lo imposible para que sean puestos en práctica.