España

Rebelión y Adaptación. (Por Sonia Ruiz, Les Pénélopes)

 

Subió a Conferencia el 7 de diciembre del 2004.

Fuente: Les Pénélopes

http://www.penelopes.org/Espagnol/xarticle.php3?id_article=1326

 

 

Las primeras vindicaciones feministas serán "hijas (i)legítimas" de la Ilustración. Se rebelarán contra ella resaltando las incoherencias y exclusiones que se plantean respecto a las mujeres. A inicios del siglo XX la teoría se convertirá en práctica colectiva y proliferan las asociaciones de mujeres : la Cruzada de Mujeres Españolas, el Consejo Supremo Feminista de España …y algunas de ellas incluso se convierten en partidos políticos. Las demandas de las mujeres impactan en el sistema político y social.

Desde 'mujer casada, la pierna quebrada', son innumerables los refranes españoles que limitan la actividad de la mujer al círculo de los quehaceres domésticos, y, en nuestra clase media, esta idea está profundamente arraigada (...) la preparación de la mujer para algo que no sea estrictamente el matrimonio, aparece todavía, a la mayoría de las gentes como una cosa insólita y que, no sólo no debe ser tomada en consideración, sino que debe ser severamente reprobada o –lo que es peor- ridiculizada (...)" [1]

Génesis del asociacionismo feminista liberal

Una de las características más importantes de las primeras manifestaciones colectivas del ideario feminista y que se compartirá con otros países, será su condición mayoritariamente burguesa.

 

La existencia de una clase burguesa importante, abierta a las nuevas tendencias culturales e ideológicas se percibe como uno de los elementos óptimos para la proliferación del modelo de feminismo que se había expandido en la mayoría de los países europeos y en EEUU. La emancipación, considerada como sinónimo de individuo autónomo, fue uno de los ejes de inspiración de la Ilustración - movimiento predominantemente burgués-. Una emancipación que se interrelacionó con el concepto de ciudadanía, es decir, de quién puede ostentar ese status en la configuración política de una sociedad, quién tiene derechos y deberes para con el Estado. Las primeras vindicaciones feministas serán "hijas (i)legítimas" de la Ilustración, se insertan en este sistema conceptual resaltando las incoherencias y exclusiones que se plantean respecto al sexo femenino (Sánchez, 2001 :20).

 

En el Estado español la burguesía era un grupo social y políticamente débil y esta carencia de fuerza se proyectó en el movimiento feminista que se tornó en un fenómeno, sobre todo, urbano, burgués y minoritario : la mayoría de asociaciones se constituyen en Madrid, Barcelona y Valencia ; sus militantes pertenecían a la clase media trabajadora, eran generalmente casadas y entre las feministas abundaban los apellidos extranjeros (Scanlon, 1990 :85 ; Cabrera, 1988 :33).

 

Principales organizaciones

Geraldine M. Scanlon presenta en su artículo "Participación política de las mujeres" una serie de elementos definitorios del primer movimiento feminista en el Estado español. Tal y como hemos visto, hasta la segunda década del siglo XX, las mujeres se habían centrado en trabajos culturales o en labores consideradas como políticamente subordinadas o asistenciales. La reivindicación político – social no terminaba de formarse como una acción colectiva. Pero el aislamiento tardaría poco en romperse y así, empezarán a surgir asociaciones de mujeres político – reivindicativas entre las que destacará la que se convertiría en la organización feminista más importante del Estado : la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), fundada en 1918 bajo la presidencia de María Espinosa de los Monteros, mujer de negocios.

 

Organización cuyo objetivo fundamental fue ir extendiendo el papel de la mujer en la sociedad de la época, la ANME se propuso admitir a mujeres de todas las tendencias políticas y espectros sociales (de clase media, maestras, escritoras, esposas de profesionales...) y entre sus militantes enseguida destacarán Benita Asas Manterola, Clara Campoamor, Elisa Soriano, María de Maeztu, Julia Peguero y Victoria Kent. Entre 1921 y 1936 publicaron la revista "Mundo Femenino". La ANME se coordinaba con grupo de mujeres de Barcelona y Valencia a través del Consejo Supremo Feminista de España, que también presidió inicialmente María Espinosa. En 1934 la AMNE se convierte en partido político.

 

Según algunos análisis, su programa era conservador y moderado (González, 1988 :57 ; Moreno, 2002), se mostraban a favor del sufragio femenino si bien no fue estandarte de lucha y el divorcio estaba lejos de ser una de sus reivindicaciones. Aunque era una organización firmemente católica, la ANME trató de mantener una postura independiente y evitó toda colaboración con aquellas organizaciones que, pretendiendo defender los derechos de la mujer, en realidad intentaban defender intereses religiosos. Mantendrán un discurso aconfesional – sin llegar a tendencias anticatólicas- e intentarán salvaguardar su independencia frente a los partidos políticos, aglutinando así a mujeres de diferentes corrientes ideológicas. Una de las primeras campañas de la organización fue la reivindicación en 1921 de un cambio de la situación jurídica de la mujer con una propuesta presentada en la Comisión de Reforma de Códigos que nunca llegó a aplicarse (Moreno, 2002 :4).

 

En 1924 se publicó el programa de la organización Unión del Feminismo Español, elaborado por Consuelo Ramos directora de La Voz de la Mujer (1917-1931) y que tenía por objeto la unión de todos los grupos feministas, desde un "feminismo económico y apolítico".

 

Algunas tesis historiográficas han reivindicado el "rescatar como feminismo actuaciones, experiencias e iniciativas encaminadas al cambio social de las relaciones de género sin la implicación necesaria del cuestionamiento abierto y global de una sociedad patriarcal" (Nash,1994 :158). En el caso de la doctrina de la ANME, su primera presidenta se denominaría como "mujer de centro" (Moreno,2002 :2), que solicitando reformas políticas y civiles, entiende que "la maternidad, la beneficencia y el control moral deben seguir siendo funciones básicas de la mujer" (Moreno, 2002 :4).

 

La lucha por la consecución del sufragio universal femenino generó un tímido clima de reivindicación política durante el decenio de 1920 hasta que se alcanzó en 1931. No será hasta la II República, con la importante discusión sobre el sufragio femenino, cuando cristaliza definitivamente en la sociedad española el asociacionismo feminista. A pesar del trabajo de muchas feministas el sufragismo español no llegó a adoptar nunca las fórmulas de acción directa que se emplearía en otros países (González, 1988 :56).

 

La primera manifestación pública en favor del sufragio femenino en España vendría de la mano de la Cruzada de Mujeres Españolas, donde destacaba la periodista Carmen de Burgos que ya en 1903 en "Diario Universal" había planteado en su columna el tema del divorcio a través de una encuesta. La entidad tomó las principales calles madrileñas en mayo de 1921 distribuyendo un manifiesto firmado por un heterogéneo abanico de mujeres, entre otras las Federaciones de Obreras de Alicante. El manifiesto también fue entregado en las Cortes como petición.

 

La Dictadura de Primo de Rivera (1923 – 1931) presentó un interés paternalista por los derechos de las mujeres. Su situación permaneció inalterable, a pesar de ofrecer ciertas concesiones, tales como las leyes de protección al trabajo, posibilidad de cursar estudios universitarios, la integración de algunas mujeres en la Asamblea Consultiva (Duby y Perot, 2000 :227) o la concesión del voto para las mujeres en las elecciones municipales (1924, Estatuto Municipal), con fuertes restricciones y basado en el ejemplo de Mussolini. [2]

 

Resulta complicado hacer un balance de las consecuciones de estas organizaciones ya que, de forma clara, no se identificarán reformas o políticas que fueran encaminadas a la transformación de la vida de las mujeres hasta los gobiernos de la II República española. Lo más significativo del periodo es la eclosión de organizaciones de mujeres de diferentes signos en todo el Estado, como por ejemplo la organización de mujeres universitarias, Juventud Universitaria Feminista, integrada en la International Federation of University Women (IFUW) y amparada en la ANME, que celebró su XII Congreso en España en 1928, el mismo año en el que se constituye la Asociación de Médicas españolas.

 

Las actividades de los colectivos de feministas liberales se dirigieron a la promoción de la mujer en las estructuras existentes : reivindican reformas legales y derechos civiles, muy a la par del feminismo burgués liberal internacional.

Y no en vano, entre estas reivindicaciones destacan aquellas relacionadas con la demanda de la patria potestad de los/as hijos/as o la supresión del adulterio : el Código Penal de 1870 establecía que la desobediencia o el insulto de palabra eran suficientes para que la mujer fuera encarcelada (Nash y Tavera, 1995).

 

También aquellas mujeres católicas y conservadoras de clase alta se habían lanzado a la tarea de difundir su propia experiencia. En 1906 la Junta de Damas de la Unión Ibero-Americana de Madrid creó el Centro Ibero Americano de Cultura Popular Femenina. Contaban con la edición de una revista trimestral, en la que se mostraban en contra del sufragio femenino y la consecución de otros derechos políticos, si bien abogaban por ciertas reformas sociales y por la supresión de la trata de blancas. La Acción Católica de la Mujer se fundó en 1919 y llegó a contar con más de 100.000 afiliadas durante la Dictadura de Primo de Rivera (Alamán, 2003).

 

A pesar de la aparición de las primeras organizaciones autónomas de mujeres en el Estado español, la acción colectiva de los grupos de mujeres liberales quedaría enmarcada dentro de los límites que dictaba el sistema dictatorial y patriarcal. Estas mujeres precursoras luchaban básicamente por la consecución de los derechos liberales. El acceso a la educación y la defensa de una progresiva inclusión en el espacio público mediante la entrada de las mujeres en el mercado laboral no contemplaba los obstáculos de subordinación económica a la que debían hacer frente las mujeres, en gran medida dependientes de los ingresos de los varones [3], por lo que algunas autoras han opinado que se apuesta, por tanto, por una emancipación individual y no colectiva como movimiento (Sánchez, 2001 :55).

 

Estos grupos de mujeres tampoco tenían presente que, el terminar con las trabas legales que imposibilitaban la plena incorporación de las mujeres a la vida laboral productiva, no iba a conllevar más que la permanencia de una división sexual de tareas, una amplificación o asimilación de la discriminación de género a aquellos ámbitos que todavía les eran vetados y que iban a continuar en una situación de infravaloración de algunas profesiones. Destacamos, no obstante, la autonomía que gran parte de estas organizaciones mantienen frente a los partidos políticos y los sindicatos de clase.

 

Estrategia de acción colectiva :

Participación en el mundo cultural, social y mediático

Elaboración de publicaciones propias

Expansión del discurso feminista a partir de la creación de nuevas asociaciones de mujeres. Muchas de ellas sectoriales o profesionales

Primeras manifestaciones públicas

Crecientes alianzas entre las feministas

Interacción con las instituciones

 

Temáticas de reivindicación dominante y Alternativas, propuestas, objetivos :

Ciudadanías : Solicitud de reformas de los códigos civil y penal. Se busca un "apoliticismo" del feminismo. Débil y controvertida reivindicación del sufragio femenino.

 

Estructuras :

Autonomía e independencia en lo referido a su vinculación con partidos políticos

Se adoptan estructuras de partidos

 

Estructura de oportunidad política : Puntos de acceso al sistema :

Primeras interacciones con las instituciones : demandas directas como peticiones dirigidas a las Cortes

Tiempo mundial : importancia creciente del sufragismo y de las acciones del movimiento en otros países

Denuncia y acción pública (prensa, literatura, conferencias, publicaciones propias, manifestaciones...) sobre diversos ámbitos de la dominación y la subordinación patriarcal

Estatuto Municipal de 1924 : sufragio femenino restringido por marcados criterios patriarcales. Carácter paternalista

Sonia Ruiz, Les Pénélopes

Noviembre de 2004

[1] Nelken, Margarita, "La condición social de la mujer", (1919), Madrid, 1975

[2] Moliné, Miguel, "El voto femenino en España, primeros pasos (1900-1931) enero 2004. Podían votar las mujeres mayores de 23 años emancipadas. Las prostitutas y las casadas – porque podían ejercer el derecho en contra de la voluntad del cabeza de familia - quedaban excluídas

[3] La ley tampoco reconocía a las trabajadoras casadas la capacidad necesaria para controlar su propio salario y establecía que éste debía ser administrado por el marido en Nash y Tavera (1995)