Mujeres indígenas y feminismo. Hablar de la existencia de un feminismo indígena en México
hubiera resultado impensable hace unos diez años, sin embargo a partir del
levantamiento zapatista, hemos visto surgir un movimiento de mujeres indígenas
que esta luchando en diversos frentes. (Aída Hernández Castillo Salgado)
Fuente:
http://www.womenandlife.org/WLOE-sp/informaci%F3n/globalizaci%F3n/indigena.html#not
Subió
a conferencia el 24 de Mayo de 2005
Mujeres indígenas y feminismo
Aída Hernández Castillo Salgado analiza en su artículo "Distintas maneras de ser mujer:
¿Ante la construcción de un nuevo feminismo indígena?" la evolución del feminismo en las comunidades indígenas mexicanas.
La autora se centra en las transformaciones que se han sucedido desde el levantamiento
zapatista de 1994 y el promulgamiento de
Distintas
maneras de ser mujer: ¿Ante la construcción de un nuevo feminismo indígena?
por
Aída Hernández Castillo Salgado
Hablar
de la existencia de un feminismo indígena en México hubiera resultado
impensable hace unos diez años, sin embargo a partir del levantamiento
zapatista, iniciado el 1 de enero de 1994, hemos visto surgir en el ámbito
nacional un movimiento de mujeres indígenas que esta luchando en diversos
frentes. Por un lado, las mujeres indígenas organizadas han unido sus voces al
movimiento indígena nacional para denunciar la opresión económica y el racismo
que marca la inserción de los pueblos indios en el proyecto nacional. A la vez
estas mujeres están luchando al interior de sus organizaciones y comunidades
por cambiar aquellos elementos de la "tradición" que las excluyen y
las oprimen. Un análisis de las demandas de estas mujeres y de sus estrategias
de lucha apunta hacia el surgimiento de un nuevo tipo de feminismo indígena,
que aunque coincide en algunos puntos con las demandas de sectores del
feminismo nacional, tiene a la vez diferencias substanciales.
El
contexto económico y cultural en el que las mujeres indígenas han construido
sus identidades de género, marca las formas específicas que toman sus luchas,
sus concepciones sobre la "dignidad de la mujer" y sus maneras de plantear
alianzas políticas. Las identidades étnicas, clasistas y de género, han
determinado las estrategias de lucha de estas mujeres, que han optado por
incorporarse a las luchas más amplias de sus pueblos, pero a la vez han creado
espacios específicos de reflexión sobre sus experiencias de exclusión como
mujeres y como indígenas.
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Antecedentes
de las luchas actuales:
Aunque
el zapatismo jugó un papel catalizador en la creación de espacios de reflexión
y organización para las mujeres indígenas, volviendo más visibles sus demandas,
no es posible entender la fuerza actual de los movimientos de mujeres indígenas
sin considerar sus experiencias en las luchas indígenas y campesinas de las
últimas dos décadas. Sobre todo a partir los años setenta, vemos surgir en
México un movimiento indígena importante que empieza a cuestionar el discurso
oficial sobre la existencia de una Nación homogénea y mestiza. A la par de las
demandas de tierra, aparecen demandas culturales y políticas, que perfilan lo
que posteriormente sería la lucha por la autonomía de los pueblos indígenas.
Es
también en esta época que se dan cambios importantes en la economía doméstica y
surgen nuevos espacios de reflexión colectiva a los que se incorporan las
mujeres indígenas. En el caso de Chiapas, el llamado Congreso Indígena de 1974
es considerado como un parteaguas en la historia de los pueblos indígenas. A
partir de este encuentro, en el que participaron indígenas tzotziles,
tzeltales, choles y tojolabales, las demandas culturales se empiezan a añadir a
las demandas campesinas de una distribución agraria más justa. Aunque los
trabajos sobre el movimiento indígena de esta época no mencionan la
participación de las mujeres(1),
sabemos por testimonios de participantes que ellas fueron las encargadas de la
"logística" de muchas de las marchas, plantones y encuentros que
documentan esos trabajos. Este papel de "acompañamiento" las seguía
excluyendo de la toma de decisiones y de la participación activa en sus
organizaciones, sin embargo les permitió reunirse y compartir experiencias con
mujeres indígenas de distintas regiones del estado.
A
la vez que las mujeres participaban activamente en las movilizaciones
campesinas, se empezaban a dar algunos cambios en la economía doméstica que
influyeron en que un mayor número de ellas se incorporara al comercio informal
de productos agrícolas o artesanales en mercados locales. No es posible
entender los movimientos políticos más amplios si no consideramos las dinámicas
locales por las que estaban pasando las familias indígenas. El "boom
petrolero" de la década de los setenta, aunado a la escasez de tierras
cultivables, influyó en que muchos hombres indígenas de Chiapas migraran a las
zonas petroleras, dejando a sus mujeres al frente de la economía familiar(2). Estos procesos de
monetarización de la economía indígena han sido analizados como factores que le
restaron poder a las mujeres al interior de la familia, al influir en que su
trabajo doméstico cada vez fuera menos indispensable para la reproducción de la
fuerza de trabajo(3).
Sin embargo, para muchas mujeres se trató de un proceso contradictorio, pues a
la vez que se reestructuró su posición al interior de la unidad doméstica, al
incorporarse al comercio informal entraron en contacto con otras mujeres
indígenas y mestizas y se iniciaron procesos organizativos a través de
cooperativas, que con el tiempo se convirtieron en espacios de reflexión
colectiva.(4)
La
migración, la experiencia organizativa, los grupos religiosos, las
Organizaciones No Gubernamentales e inclusive los programas de desarrollo
oficiales han influido en la manera en que los hombres y las mujeres indígenas
han reestructurado sus relaciones al interior de la unidad doméstica y han
replanteado sus estrategias de lucha.
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Del
"feminismo" a los feminismos:
Aunque
la construcción de relaciones más equitativas entre hombres y mujeres se ha
convertido en un punto medular en la lucha de las mujeres indígenas
organizadas, el concepto de feminismo no ha sido reivindicado dentro de sus
discursos políticos. Este concepto sigue estando identificado con el feminismo
liberal urbano, que para muchas de ellas tiene connotaciones separatistas que
se alejan de sus concepciones de la necesidad de una lucha conjunta con sus
compañeros indígenas. Quienes llegamos al feminismo tras una experiencia de
militancia en organizaciones de izquierda, sabemos la fuerza ideológica que han
tenido los discursos que representan al feminismo como una "ideología
burguesa, divisionista e individualista" que separa a las mujeres de las
luchas de sus pueblos. Las experiencias del feminismo liberal anglosajón, que
de hecho si partieron de una visión muy individualista de los "derechos
ciudadanos", han sido utilizadas para crear una representación
homogeneizadora del "feminismo".
Apropiarnos
de este concepto y darle nuevos sentidos ha sido parte de la lucha de los
múltiples feminismos mexicanos que se han venido gestando en las últimas
décadas. La reivindicación de un "feminismo indígena" sólo será
posible en la medida en que las mujeres indígenas le den un contenido propio al
concepto de "feminismo" y lo sientan útil para crear alianzas con
otras mujeres organizadas. De momento, muchas de sus demandas, tanto las
dirigidas al Estado como a sus organizaciones y comunidades, se centran en
reivindicar "la dignidad de la mujer" y la construcción de una vida
más justa para todos y todas.
La
citada ley consta de diez puntos entre los que se encuentra el derecho de las
mujeres indígenas a la participación política y a los puestos de dirección, el
derecho a una vida libre de violencia sexual y doméstica, el derecho a decidir
cuantos hijos tener y cuidar, el derecho a un salario justo, el derecho a
elegir con quien casarse, a buenos servicios de salud y de educación, entre
otros. Aunque esta Ley no es conocida en detalle por todas las mujeres
indígenas, su existencia se ha convertido en un símbolo de las posibilidades de
una vida mejor para las mujeres. Estas nuevas demandas de género se han
expresado de distintas formas en Foros, Congresos y Talleres, que se han
organizado a partir de 1994, y han venido a cuestionar tanto las perspectivas
esencialistas del movimiento indígena, que ha presentando a las culturas
mesoamericanas como armónicas y homogéneas, como los discursos generalizadores
del feminismo que enfatizan el derecho a la igualdad sin considerar la manera
en que la clase y la etnicidad marcan las identidades de las mujeres indígenas.
De
frente al movimiento indígena, estas nuevas voces han cuestionado las
perspectivas idílicas de las culturas de origen prehispánico, discutiendo las
desigualdades que caracterizan las relaciones entre los géneros. A la vez, han
puesto en tela de juicio la dicotomía entre tradición y modernidad que ha
reproducido el indigenismo oficial, y que en cierta medida comparte el
movimiento indígena independiente, según la cual sólo hay dos opciones:
permanecer mediante la tradición o cambiar a través de la modernidad. Las
mujeres indígenas reivindican su derecho a la diferencia cultural y, a la vez,
demandan el derecho a cambiar aquellas tradiciones que las oprimen o excluyen:
"También tenemos que pensar qué se tiene que hacer nuevo en nuestras
costumbres, la ley sólo debiera proteger y promover los usos y costumbres que
las mujeres, comunidades y organizaciones analicen si son buenas. Las
costumbres que tengamos no deben hacer daño a nadie"(8).
Paralelamente,
las mujeres indígenas están cuestionando las generalizaciones sobre "
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La
brecha cultural entre mestizas e indígenas:
Considero
que las feministas urbanas hemos tenido en muchas ocasiones una falta de
sensibilidad cultural de frente a la realidad de las mujeres indígenas,
asumiendo que nos une a ellas una experiencia común frente al patriarcado. La
formación de un movimiento amplio de mujeres indígenas y mestizas se ha
dificultado por esta falta de reconocimiento a las diferencias culturales. Uno
de los intentos frustrados de formación de un movimiento amplio fue
Esta
pendiente la tarea de realizar una reconstrucción histórica de este movimiento
amplio, que analice críticamente las estrategias del feminismo urbano para
crear puentes de comunicación con las mujeres indígenas. Llama la atención, sin
embargo, que las mujeres mestizas, a pesar de haber sido minoría, fueron
quienes asumieron los puestos de liderazgo en una jerarquía interna no
reconocida. Muchas de las mujeres integrantes de
Sólo
acercándonos a estas experiencias podremos entender la especificidad de sus
demandas y sus luchas. Después de estas experiencias, no es de sorprender que
cuando se realizó el Primer Congreso Nacional de Mujeres Indígenas en octubre
de 1997, las participantes decidieran que las asistentes mestizas sólo podían
participar en calidad de observadoras. Esta decisión fue calificada de
"separatista" y hasta de "racista" por parte de algunas
feministas, que por primera vez fueron silenciadas por las mujeres indígenas.
Argumentos similares a los que se utilizan contra las mujeres cuando demandamos
un espacio propio al interior de las organizaciones políticas. Es importante
reconocer que las desigualdades étnicas y de clase influyen en que, aunque sea
de manera no intencionada, las mujeres mestizas, con un mejor manejo del
español y de la lecto-escritura, tendamos a hegemonizar la discusión cuando se
trata de espacios conjuntos. Por ello, resulta fundamental respetar la creación
de espacios propios y esperar el momento propicio para la formación de
alianzas. Las mujeres purépechas, totonacas, tzotziles, tzeltales, tojolabales,
mazatecas, cucatecas, otomíes, triquis, nahuas, zapotecas, zoques, choles,
tlapanecas, mames, chatinas, popolucas, amuzgas y mazahuas, que se reunieron en
Oaxaca en este primer encuentro nacional de mujeres indígenas, están viviendo
sus propios procesos, que no siempre confluyen con los tiempos y agendas del
feminismo urbano.
Un
ejemplo de esta brecha cultural existente entre mestizas urbanas e indígenas
fue las fuertes críticas que algunas feministas hicieron a
Lo
mismo sucede en lo que respecta a la legislación en torno de la violencia
doméstica. Las feministas urbanas de Chiapas lucharon durante varios años para
lograr que se aumentara la penalización para los esposos golpeadores, logrando
finalmente que en 1998 se modificara el artículo 122 del Código Penal
aumentando la penalización en casos de violencia doméstica. Ahora las mujeres
indígenas que carecen de independencia económica son directamente afectadas por
el castigo que la ley impone a sus maridos, al quedar sin su apoyo económico
durante el tiempo en que éste es encarcelado. Algo similar sucede en lo que
respecta al derecho al patrimonio y a la pensión alimenticia para las mujeres
indígenas. De poco sirve la lucha legislativa, cuando sus esposos carecen de
tierra y de un trabajo fijo.
En
el trabajo en contra de la violencia doméstica en contextos multiculturales,
valdría la pena retomar la propuesta de Chandra Monhanty quien señala que
"La violencia masculina debe ser teorizada e interpretada dentro de
sociedades específicas, para así poder entenderla mejor y poder organizarnos
más efectivamente para combatirla" (Monhanty 1991:67). Si el reconocimiento
de las similitudes entre las mujeres nos permite crear alianzas políticas, el
reconocimiento de las diferencias es requisito indispensable para la
construcción de un diálogo respetuoso y para la búsqueda de estrategias de
lucha más acordes a las distintas realidades culturales. Quizá la construcción
de este diálogo intercultural, respetuoso y tolerante, entre mujeres indígenas
y mestizas, contribuya a la formación de un nuevo feminismo indígena basado en
el respeto a la diferencia y el rechazo a la desigualdad.
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Notas:
1.
Sobre el movimiento indígena y campesino en el ámbito nacional, ver Sergio
Sarmiento, La lucha indígena. Un reto a
la ortodoxia, Siglo XXI, México, 1987. Sobre el Congreso Indígena de 1974,
ver Jesús Morales Bermúdez, "El Congreso Indígena de Chiapas: Un
testimonio", en Anuario 1991, Instituto Chiapaneco de Cultura, Tuxtla
Gutiérrez, pp. 241-371.
2.
Para el análisis del impacto de estos cambios en la economía campesina, ver
George Collier, Basta! Land and the
Zapatista Rebellion in Chiapas. Food First Books, Oakland California, 1994,
y Diana Rus, "La crisis económica y la mujer indígena, El caso de San Juan
Chamula, Chiapas", INAREMAC, San Cristóbal de las Casas, 1990.
3. Ver Collier, op. cit., y Merielle
Flood, "Changing Gender Relations in Zinacantán, México", en Research
in Economic Anthropology, vol. 15, 1994.
4. Ver June Nash, "Maya
Household Production in the Modern World", en The Impact of Global
Exchange on Middle American Artisans, June Nash (ed.), State University of New
York Press, Albany, 1993.
5.
Ver R. Aída Hernández, "Indígenas y religiosas en Chiapas: Una nueva
Teología India desde las mujeres?", en Cristianismo y Sociedad, vol. XXXV,
núm.137, Guayaquil, 1998, pp. 32-55.
6.
Esta participación en los espacios públicos ha encontrado como respuesta la
represión tanto por parte del Estado como de sus propios compañeros y
comunidades. Para un análisis de la violencia que han tenido que enfrentar las
mujeres organizadas, ver R. Aída Hernández, "Construyendo la utopía.
Esperanzas y desafíos de las mujeres chiapanecas de frente al siglo XXI",
en La otra palabra. Mujeres y violencia en Chiapas, antes y después de Acteal,
R. Aída Hernández (ed.), CIESAS/COLEM/CIAM, México, 1998.
7.
Esta Ley se dio a conocer a través del órgano informativo del EZLN
"Despertador Mexicano", distribuido en distintos lugares de Chiapas
el 1 de enero de 1994, y ha sido reproducida por la prensa nacional e
internacional. Para una descripción y análisis detallado de
8.
Memorias del Encuentro Taller "Los Derechos de las Mujeres en Nuestras
Costumbres y Tradiciones", San Cristóbal de las Casas, Mayo 1994.
9.
Este feminismo eurocentrista se puede encontrar en los trabajos de Mary Daly,
Gyn/Ecology: The Methaphysics of Radical
Feminism, Peacon, Press, Boston, 1978, y Rosa María Cutrufelly, Women of Africa: Roots of Opression, Zed
Press, Londres, 1983, entre muchos otros.
10. Para una crítica al feminismo
occidental, ver los trabajos de Trinh Min-ha, Woman, Native, Other: Writing Postcoloniality and Feminism,
Indiana University Press, Indiana, 1988; Norma Alarcón, "The
Theoretical Subjects of This Bridge Called My Back and Anglo-American
Feminism", en Gloria Anzaldúa (ed.), Making
Faces/Making Soul: Haciendo caras, Editorial Aunt Lute, San Francisco,
1990. Y Chandra Mohanty, "Under Western Eyes: Feminist Scholarship and
Colonial Discourses", en Chandra Mohanty, Ann Russo, Lourdes Torres
(eds.), Third World Women and the
Politics of Feminism, Indiana University Press, Broomington, 1991.
Artículo
tomado de CEMHAL
Centro de Estudios de la Mujer en la Historia de América Latina
©
Agosto, 2002. Aída Hernández Castillo Salgado